FÁTIMA NABIL ES LA PRIMERA PRESENTADORA VELADA DE LA TELEVISIÓN ESTATAL EGIPCIA

La mujer que puso un velo ante las cámaras

Durante más de diez años Fátima ha luchado por mostrarse en su trabajo tal como es. Recién acabados sus estudios de filología inglesa, en 1999 se

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La mujer que puso un velo ante las cámaras
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    Durante más de diez años Fátima ha luchado por mostrarse en su trabajo tal como es. Recién acabados sus estudios de filología inglesa, en 1999 se incorporó a uno de los canales públicos de la televisión egipcia. Desde hacía algún tiempo ya cubría su pelo con el hiyab, el tradicional pañuelo islámico, que esconde la cabeza de la mujer. Superó las pruebas de acceso, pero una ley que prohibía aparecer en las ondas públicas con esta indumentaria típicamente religiosa apartó a Fátima de las cámaras y la relegó a un secundario puesto de redacción.

    “Pese a haber demostrado mi valía, desde que entré en la televisión pública he intentado sin éxito presentar con el hiyab”, relata la periodista a El Confidencial. Otros canales privados egipcios y multitud de cadenas extranjeras que emiten en el país árabe vía satélite iban, mientras tanto, inundando las pantallas de periodistas vestidas con esta recatada prenda.

    Tras el triunfo de la revolución del pasado año, Fátima vio una nueva oportunidad, pero pese a aprobar la oposición para presentadora, siguió dándose de bruces contra las normas. Entonces, el canal Misr 25, controlado por los Hermanos Musulmanes, llamó a sus puertas. “Acepté la oferta porque fueron los únicos en todo este tiempo que me dieron la oportunidad de trabajar como yo quería”, asegura la reportera. Sólo fueron diez meses, poco más de lo que tardó el candidato de la Hermandad, Mohamed Morsi, en llegar a la presidencia del país.

    La Justicia ya le había dado la razón a otra periodista que demandó a la televisión pública por prohibirle aparecer en cámara con el pelo cubierto. Fátima explica que el triunfo de los islamistas le dio nuevas esperanzas. Se reincorporó a su puesto en la cadena estatal, emitió una petición al Ministerio de Información y pocos días más tarde, el titular de esta cartera, afín a los Hermanos Musulmanes, eliminó la norma que se había mantenido vigente durante décadas de Gobiernos militares.

    El pasado domingo, Fátima presentó uno de los boletines del mediodía en traje de chaqueta y con un pañuelo blanco que cubría su cabeza. Un periodista copto completaba la histórica escenificación. “Pienso que es una demostración de libertad y un logro de la revolución. A partir de ahora, los directores de los medios tendrán que elegir a sus profesionales por sus aptitudes y no por su apariencia”, sostiene, feliz, la periodista.

    En una entrevista con un periódico egipcio, el ministro de Información se preguntaba por qué tanto revuelo cuando “el 70% de las egipcias lleva velo”. “Yo no soy nadie especial, soy una mujer real que ha elegido vestir así, como millones de señoras en este país. Creo que se nos ha tratado como ciudadanas de segunda clase cuando somos una mayoría. Llevo el hiyab por una decisión personal. Ningún hombre, nadie, me ha impuesto que vista como lo hago desde hace años”, afirma la primera periodista en trasladar esta imagen a la televisión pública.

    ¿Libertad o islamización?

    Fátima sólo ha abierto el camino para más mujeres veladas que, según el titular de Información, aparecerán en las cadenas estatales en los próximos días. Esta decisión se produce poco después de que la Cámara Alta egipcia, dominada por los islamistas, eligiera a los nuevos editores de los periódicos estatales, sustituyendo a los tradicionales voceros de los gobiernos militares por periodistas mucho más cercanos a sus posiciones.

    El Ejército se mantiene anclado en sus privilegios, pero los islamistas van afianzando su poder a pasos agigantados. Y la presencia en la primera línea política de quienes fueron proscritos durante décadas también ha tenido reflejo en otros sectores de la población. Profesionales como los policías han reivindicado su derecho a lucir sus barbas, mientras que algunas azafatas de la aerolínea estatal Egyptair también piden poder trabajar con hiyab, prácticas hasta ahora prohibidas.

    La periodista Rawya Rageh celebró en su cuenta de Twitter el levantamiento del veto del atuendo islámico en la televisión pública, aunque mostró su preocupación porque “las reformas en los medios estatales no los perpetúe como portavoces oficiales del Estado”. Desde otras organizaciones han criticado la medida temerosos de que el objetivo último sea una islamización de la sociedad.

    Apenas unas pocas asociaciones defensoras de los derechos de las mujeres han proliferado en las décadas en las que los militares marginaban a los islamistas desde el poder. Algunas de ellas subsistían gracias a las ayudas del Estado y sus portavoces todavía rememoran la figura de Suzanne Mubarak, la sofisticada esposa del presidente, que intentó trasladar una imagen femenina muy alejada de la realidad.

    El niqab -la prenda que cubre todo el cuerpo de la mujer salvo los ojos- está completamente asentado en el paisaje urbano dominado, sin embargo, por los tradicionales pañuelos, en versión moderna para las jóvenes y austero para las ancianas. Durante la revuelta que acabó con el régimen de Mubarak, mujeres de ambientes liberales salieron a la calle, con hiyab o sin él.

    La revolución tampoco consiguió sedimentar nuevas agrupaciones femeninas, aunque sí que ha colocado en la luz pública a decenas de activistas. Algunas de las más prominentes lucen orgullosas el velo islámico. Como Asma Mahfouz, una de las incitadoras de las primeras protestas. O como Samira Ibrahim, otra joven que se enfrentó con los militares después de haber sido arrestada y sometida a pruebas vejatorias para comprobar su virginidad. Ambas denuncian ahora el aumento de abusos sexuales a las mujeres o la escasa presencia femenina en la vida pública. Con su cabeza cubierta, como las pocas diputadas que los islamistas colocaron en el Parlamento, como la inmensa mayoría de las mujeres egipcias.    

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