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El hombre que robó el oro egipcio y lo invirtió en el ladrillo español
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EL EMPRESARIO HUSEIN SALEM PERMANECE EN ESPAÑA, PENDIENTE DE SU EXTRADITACIÓN A EGIPTO

El hombre que robó el oro egipcio y lo invirtió en el ladrillo español

Durante años fue un hombre intocable. Ahora es un títere al que se rifa la Justicia. Al empresario hispano-egipcio Husein Salem se le acumulan los cargos

Foto: El hombre que robó el oro egipcio y lo invirtió en el ladrillo español
El hombre que robó el oro egipcio y lo invirtió en el ladrillo español

Durante años fue un hombre intocable. Ahora es un títere al que se rifa la Justicia. Al empresario hispano-egipcio Husein Salem se le acumulan los cargos derivados de los negocios millonarios conseguidos al amparo del depuesto presidente Hosni Mubarak. España y Egipto se disputan asestar el golpe definitivo a uno de los tentáculos más poderosos del corrupto engranaje económico del pasado régimen norteafricano.

El último gran contrato de Salem fue la concesión para exportar gas natural gas a Israel. La compañía estatal egipcia East Mediterranean Gas (EMG), controlada por el magnate, consiguió la exclusividad de esta operación que permitía al Estado hebreo abastecerse de esta materia prima a un precio cercano al 70% del que se negociaba en el mercado. La firma se rubricó en 2005, aunque el suministro no comenzó hasta pasados tres años. Los juristas que denunciaron el caso estiman que en este periodo de tiempo el Estado egipcio ha perdido más de 700 millones de dólares.

Egipto anunció hace unos días que cancela este vínculo comercial con Israel, inscrito en los acuerdos de paz de Camp David de 1979. La decisión ahonda en las ya degradadas relaciones que mantienen ambos países desde la caída del aliado Mubarak y el imparable ascenso de los islamistas. El Cairo se mostró dispuesto a revisar los contratos energéticos, aunque siempre a un precio superior al que se venía negociando. Las autoridades egipcias reclaman al responsable del desfalco, pero la decisión está en manos de los tribunales españoles.

Refugiado en La Moraleja

El 3 de febrero del pasado año, cuando la revolución egipcia cabalgaba hacia la victoria, Husein Salem utilizó su pasaporte español para refugiarse en una de sus segundas residencias. La Interpol emitió una orden de captura y en junio del año pasado la policía española lo detuvo en su chalé de lujo de La Moraleja, junto a su hijo y un testaferro turco. La Audiencia Nacional ordenó congelar 33 millones de euros en cuentas españolas y le prohibió disponer de cinco coches de alta gama y siete residencias repartidas entre Madrid y Marbella, por valor de 10 millones de euros.

La Justicia egipcia solicitó de inmediato su extradición, aunque los jueces Eloy Velasco y Pablo Ruz abrieron también una investigación en España por un presunto delito de blanqueo de capitales. En una vista para debatir sobre su futuro, el empresario aseguró que no huyó de Egipto, sino que quiso “volver a casa” mientras su país de origen vivía una situación “muy peligrosa”. “Soy español, mis hijos son españoles, mis nietos son españoles. Llevamos mucho tiempo aquí y ellos han hecho amigos y negocios. Las acusaciones que vienen desde Egipto tienen únicamente una motivación política”, aseguró Salem, quien consiguió la nacionalidad española en 1996.

Hace un par de meses la Audiencia Nacional aceptó finalmente entregar a Salem a Egipto, aunque el empresario recurrió la sentencia, por lo que el proceso continúa a la espera del dictamen de los jueces. “Esperemos que venga cuanto antes”, señala a El Confidencial, Farid Kadry, abogado de la acusación en el caso contra Hosni Mubarak. “Salem tiene a su vez dos causas abiertas en Egipto, por las que está siendo juzgado en rebeldía: una junto al ex ministro de Petróleo por el caso del gas con Israel y otra junto al propio Mubarak y sus dos hijos por haberles entregado mansiones a cambio de adjudicaciones de terrenos”, insiste el letrado.

Como su antiguo compañero de viaje, Salem alega un delicado estado de salud, que ya le jugó una mala pasada días después de su arresto. A sus 78 años, tuvo que ser ingresado en un hospital de Madrid, aquejado de problemas cardíacos, antes de dar con sus huesos en la cárcel. Ahora, sin embargo, se encuentra en libertad provisional, después de haber abonado una fianza de más de seis millones de euros.

Una fortuna bien custodiada

Su riqueza fue abonada durante décadas. Hijo de una familia modesta, Salem fue escalando desde un simple puesto en la mastodóntica Administración pública impulsada por el coronel Gamal Abdel Nasser hasta la camarilla más cercana al ex presidente Mubarak. En los años ochenta, se encargó de las relaciones comerciales con Estados Unidos desde la embajada egipcia en Washington. Allí se rodeó de militares de alto rango y de familiares de la esposa del dictador, Suzanne Mubarak.

Ya entonces tuvo problemas con la Justicia debido a un turbio negocio de armas entre ambos países, por el que tuvo que hacer frente a una multa millonaria. Pero su fortuna, siempre mantenida en secreto, ya se había desbocado. El empresario enviaba dinero a distintas cuentas en España, Suiza y Reino Unido, entre otros países. Salem representaba en Egipto el paradigma del famoso ‘capitalismo de camaradería’.

El magnate fue uno de los beneficiados por la expansión turística en la Península del Sinaí. Consiguió licencias para construir varios hoteles, aunque la joya de la corona fue el complejo de cinco estrellas Jolie Ville, en la ciudad costera de Sharm el Sheij, donde dio rienda suelta a su pasión por el cine de Hollywood y la decoración victoriana. Mientras en sus lujosas habitaciones se alojaban estrellas del cine, a las afueras crecía el enojo de las tribus beduinas a las que se les había despojado de su tierra.

Sus negocios en el Sinaí concluyeron con la explotación de las reservas de gas desde el desierto egipcio a Israel. Como ya había hecho con anteriores negocios, Salem vendió la mayoría de sus acciones justo antes de que los oleoductos comenzaran a operar. En una de las sesiones del juicio que se celebra contra él, Mubarak negó haber negociado la venta de gas a un precio inferior al del mercado, descargando toda la responsabilidad en su antiguo hombre de confianza. La incógnita está en el paradero de ese dinero.

Secreto de estado 

El pasado octubre un tribunal egipcio condenó en ausencia a siete años de prisión a Husein Salem y a sus dos hijos Khaled y Magda por un delito de blanqueo de capitales y enriquecimiento ilícito. La corte entendió que el padre facilitaba el dinero, procedente del negocio del gas, para que sus hijos lo repartieran en cuentas de distintos países. A esta pena se suma otra sentencia que dictamina 15 años de cárcel para el empresario por otro caso de corrupción vinculado a antiguos miembros del Gobierno de Mubarak.

Nadie sabe dónde está toda su fortuna, pero es evidente que parte de ella está en España”, sostiene el abogado Farid Kadry. “Los jueces españoles investigan un caso de lavado de dinero muy similar al que ya se refirió la Justicia egipcia. Además, sus propiedades en España no dejan dudas”, añade.

Husein Salem nunca quiso dejar huella. Apenas se dejó ver en los medios de comunicación y tampoco aparece en ninguna lista de los hombres más opulentos del planeta, pese a que su ignota riqueza probablemente supere a muchas de las cacareadas fortunas. Su carrera es la del hombre a la sombra del presidente. El mismo oscuro lugar que amenaza con acoger el futuro de los dos viejos amigos.

Durante años fue un hombre intocable. Ahora es un títere al que se rifa la Justicia. Al empresario hispano-egipcio Husein Salem se le acumulan los cargos derivados de los negocios millonarios conseguidos al amparo del depuesto presidente Hosni Mubarak. España y Egipto se disputan asestar el golpe definitivo a uno de los tentáculos más poderosos del corrupto engranaje económico del pasado régimen norteafricano.