Merkel quiere introducir el salario mínimo para atajar los sueldos basura
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ALEMANIA, UN PAÍS RICO CON SALARIOS DE HAMBRE

Merkel quiere introducir el salario mínimo para atajar los sueldos basura

Cajeras de supermercado con media jornada que cobran 2,5 euros/hora; peluqueras que se tienen que conformar con algo más de tres euros/hora (las más afortunadas con

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Merkel quiere introducir el salario mínimo para atajar los sueldos basura

Cajeras de supermercado con media jornada que cobran 2,5 euros/hora; peluqueras que se tienen que conformar con algo más de tres euros/hora (las más afortunadas con cinco); trabajadores con poca formación que aspirarían a conseguir, en el mejor de los casos, siete euros por cada sesenta minutos de trabajo… Desde que los socialdemócratas, con el canciller (todo menos socialdemócrata) Gerhard Schröder pusieron en marcha la Agenda 2010 que cambió las condiciones de empleo y el subsidio del paro, los trabajos con sueldos de miseria no han hecho más que crecer.

Los working poor (los pobres que trabajan) son una realidad cotidiana en esta República Federal -y muy especialmente en Berlín-. Este es un país en el que conviven cada vez más separadas la riqueza extrema y la precariedad. Según las cifras que ha dado a conocer la Oficina Federal de Estadística esta misma semana, el 15,6% de la población, 12,6 millones de personas, son oficialmente pobres.

La República Federal nunca ha tenido un salario mínimo establecido por ley. No lo quisieron los partidos políticos, argumentando que destruiría puestos de trabajo. Tampoco la patronal y ni siquiera los sindicatos. Sólo en algunos sectores se han introducido unos límites orientativos que cada empresa ha ajustado a sus propias necesidades o capacidades. Y así se han creado aberraciones como que alguien con trabajo gane menos que un parado de larga duración. Al no existir ese salario mínimo legal, se produce la paradoja de que un trabajador, con un sueldo de siete euros por hora, recibe al cabo del mes 1.233 euros brutos, pero no es nada extraño entre extranjeros o personas con nula formación ganar menos de mil euros brutos mensuales. Así que ojo a los jóvenes que se preparan para emigrar aquí.

Hasta ahora la teoría económica vigente decía que, mal o peor pagados, eran personas que no figuraban en las listas del paro. Esto explica, por otra parte, las cifras constantes de descenso del desempleo en este país: sólo un 6,5 por ciento, la mejor cifra de los últimos 20 años. Una cifra que oculta la realidad de trabajadores pagados míseramente o de otros pseudoparados que se preparan para cambiar de profesión en cursos pagados por el Estado.

Otro bandazo social de la canciller Merkel

En medio de la crisis, de las manifestaciones de ciudadanos en la calle pidiendo justicia social y del creciente desencanto de los europeos por la pobreza intelectual de su clase política, a la canciller Merkel se le ha encendido una nueva luz en su cabeza llena de preocupaciones. En el congreso que su partido va a celebrar dentro de una semana en Leipzig, la CDU va a introducir la propuesta de introducir el salario mínimo en Alemania. Se trata de un cambio histórico en esta democracia cristiana merkeliana que se ha despedido ya de la energía nuclear y del servicio militar obligatorio.

Junto con Alemania, son otros seis países de la Unión Europea los que carecen del salario mínimo fijado por ley: Dinamarca, Suecia, Finlandia, Austria, Italia y Malta. El cambio ideológico en la CDU no tiene que ver con que súbitamente se haya hecho más ‘social’ o más ‘cristiana’, como lo fue en los años cincuenta, sesenta y setenta. Se trata, simplemente, de mantenerse en el poder robándole un elemento importante a los socialdemócratas, quienes mes a mes suben en las encuestas de intención de voto. Y, por supuesto, en el Congreso de Leipzig lo venderán afirmando que una sociedad no debe tolerar  que una persona que trabaje ocho horas diarias no pueda mantenerse dignamente a sí mismo o a su familia.

Y es que uno de cada cinco trabajadores de este país pertenece a ese grupo. Muchos de ellos se tienen que conformar con salarios en los que la hora se paga a menos de 8,95 euros. Muchas de esas personas, según estudios de los sindicatos, sólo podrían aspirar a tener una pensión mínima tras cuarenta años de trabajo si su hora de trabajo se viera pagada a partir de los diez euros.

Las elecciones en Alemania tendrán lugar, si no hay novedades de última hora, en septiembre del 2013. Pero Merkel, que está cogiéndole el gusto a gobernar con la colaboración leal de los dos principales partidos de la oposición, socialdemócratas y verdes, ya está dando pasos para seguir siendo no sólo la política más fuerte de Europa, sino la canciller eterna de Alemania. De una Alemania que va rompiendo tabúes uno tras otro bajo la inspiración de una mujer que hace ocho años quería imitar a Margaret Thatcher y que ahora parece encaminarse hacia el modelo escandinavo de la justicia social. Hay cambios que hasta podrían ser bienvenidos.

Angela Merkel