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La corrupción que germina en la miseria
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LAS INSTITUCIONES POCO DESARROLLADAS ESTÁN ENTRE LOS PROBLEMAS

La corrupción que germina en la miseria

Thuli Madonsela es una mujer, sudafricana, convertida en la última semana en icono contra la corrupción. A la defensora del pueblo de Sudáfrica no le ha

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La corrupción que germina en la miseria

Thuli Madonsela es una mujer, sudafricana, convertida en la última semana en icono contra la corrupción. A la defensora del pueblo de Sudáfrica no le ha temblado la mano denunciando un turbio asunto de malversación de fondos protagonizado, según su informe, por el jefe de la Policía, el General Bheki Cele, y la ministra de Obras Públicas, Gwen Mahlangu Nbakinde. La denuncia presentada al presidente del Gobierno Jacob Zuma, dice que se han malgastado 170 millones de euros en el alquiler de edificios públicos en la ciudad de Durban, los cuales o no son útiles o el precio de su arrendamiento está muy por encima del precio de mercado. Un escándalo más en un lugar donde se coleccionan en los últimos años escándalos constantes de corruptelas que acaban en una maraña burocrática que los hace inservibles. La valiente Mandosela se enfrenta al poder establecido. “Mandosela contra el mundo”, titulaba un importante periódico sudafricano.

África, según el informe de Transparencia Internacional de 2010, tiene el dudoso honor de tener a seis países entre los más corruptos del planeta. Somalia ocupa la primea posición mundial, pero en el top ten están también Sudán, Chad, Burundi, Angola y Guinea Ecuatorial. Una lacra que acorrala a las poblaciones envueltas en una pinza entre la falta de recursos y oportunidades y una clase política que no necesita ni esconder sus desmanes. Una situación que se combina en la actualidad con un crecimiento económico continuado en la mayoría de los países, que ante la debilidad de la situación financiera internacional, han encontrado en sus ricos recursos naturales un maná con el que enriquecerse. Hay mejoras, y países modelos como Botsuana, pero sigue habiendo importantes bolsas de corrupción campante que condenan a la población que la sufre.

El caso de Angola es significativo. Un país envuelto en una cruenta guerra civil hasta hace 20 años y que cuenta con una de las reservas de petróleo más importantes del continente, junto con Nigeria. Un informe de la organización Human Watch Rights señala que se han desviado hasta 5.000 millones de dólares de su comercio de crudo hasta mediados de la pasada década. Luganda, capital del país, es considerada la ciudad más cara del mundo; una ironía en una país donde sigue habiendo cientos de miles de personas viviendo miserablemente. “La riqueza del país no se ha traducido en una mejora de las condiciones sociales”, dice un estudio que incide en que “el Gobierno no hace lo suficiente para parar los altos niveles de corrupción”.

Un caso parecido es el de la otra colonia portuguesa en el sur de África. Mozambique también pasó por una dura guerra civil y tiene un partido gobernante, Frelimo, que controla un país con bajos niveles educativos. Ellos hicieron la revolución independentista y como en gran parte de los países de la zona se han consolidado en un poder irrevocable. “Ganan en las urnas, pero sin que haya un juego democrático realmente limpio ni realmente sucio”, reconoce un alto diplomático español del país. Ahora buscan desesperadamente unas bolsas de petróleo que podrían hacerlos ricos.

“Esperemos que no las haya o esto se convertirá en la nueva Angola”, dice la misma fuente diplomática. En la actualidad, basta decir que el presidente del Gobierno es uno de los empresarios más ricos de Mozambique y que se ha constatado que el país crece un 7% anual y la pobreza ha aumentado en la población en el último año. Casi el 50% del PIB viene por la cooperación internacional.

En general, el cóctel de la corrupción africana viene marcado por una mezcla de recursos naturales importantes, como ocurre en Angola, Guinea Ecuatorial o Chad, por ejemplo, y unas instituciones poco desarrolladas en las que es difícil hacer una separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. El caso de Somalia, sin embargo, es más perverso. No es que haya corrupción estatal, es que prácticamente no hay Estado y el Gobierno controla sólo una parte del país. En este momento, el éxodo de somalíes que huyen de la hambruna reinante por una terrible sequía al norte de Kenia es considerado el mayor drama humano de África.

Thuli Madonsela es una mujer, sudafricana, convertida en la última semana en icono contra la corrupción. A la defensora del pueblo de Sudáfrica no le ha temblado la mano denunciando un turbio asunto de malversación de fondos protagonizado, según su informe, por el jefe de la Policía, el General Bheki Cele, y la ministra de Obras Públicas, Gwen Mahlangu Nbakinde. La denuncia presentada al presidente del Gobierno Jacob Zuma, dice que se han malgastado 170 millones de euros en el alquiler de edificios públicos en la ciudad de Durban, los cuales o no son útiles o el precio de su arrendamiento está muy por encima del precio de mercado. Un escándalo más en un lugar donde se coleccionan en los últimos años escándalos constantes de corruptelas que acaban en una maraña burocrática que los hace inservibles. La valiente Mandosela se enfrenta al poder establecido. “Mandosela contra el mundo”, titulaba un importante periódico sudafricano.

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