NUEVA CRISIS POR EL ARCHIPIÉLAGO

El petróleo resucita el conflicto de las Malvinas

El conflicto de las Malvinas no sólo toca el corazón a los argentinos, también las tripas. Es como la letra desgarrada y triste de un tango

Foto: El petróleo resucita el conflicto de las Malvinas
El petróleo resucita el conflicto de las Malvinas

El conflicto de las Malvinas no sólo toca el corazón a los argentinos, también las tripas. Es como la letra desgarrada y triste de un tango para un pueblo que siente que siempre ha perdido ante el Imperio Británico. Sólo el fútbol le ha dado algún aliento y por eso los goles de la mano de Dios y del siglo de Maradona en el Mundial de México de 1986 que dieron una histórica victoria a la albiceleste frente a Inglaterra en cuartos de final son un orgulloso icono para este país.

En este doloroso y dispar contexto, el reciente traslado de la plataforma de exploración británica Ocean Guardian para que firmas compatriotas exploten el yacimiento al Norte de este archipiélago de 200 islas constituye el enésimo capítulo en una historia de confrontación que tuvo uno de sus peores capítulos en la guerra de 1982. Emprendida por la Junta Militar que presidía el dictador Leopoldo Galtieri, culminó con la muerte de 635 argentinos y 255 británicos y la rendición de Buenos Aires.

Entonces Galtieri recuperó la “espina” de las Malvinas, ocupadas por Gran Bretaña desde 1833, para intentar remontar su falta de apoyo popular. Su estrepitosa derrota desembocó en una transición democrática que llevó al poder a Raúl Alfonsín. Hoy, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que desde las elecciones legislativas del pasado junio carece de mayoría en el Congreso y el Senado, se enfrenta además a una crisis económica que paliarían en parte los 60.000 millones de barriles de petróleo que podrían yacer en el área. La mayor reserva de petróleo del mundo, localizada en Ghawar (Arabia Saudí) contiene unos 80.000 millones de barriles.

Pero la concesión de licencias de explotación petrolera y de pesca en esas aguas territoriales, también en disputa y situadas a 1.800 kilómetros de Buenos Aires y 12.000 de Londres, es potestad del Gobierno de las islas, que ejerce sobre unos 3.000 kelpers; en su mayoría son ciudadanos de origen británico que hablan inglés y deben su gentilicio a las algas que proliferan en sus costas. Pese a dedicarse casi en exclusividad a la cría de ovejas, tienen una de las rentas per cápita más altas del mundo gracias, entre otras cosas, a las licencias pesqueras. Ya a finales de la década de los 90 se extrajo petróleo en la zona, pero la caída del precio del barril a 15 dólares y lo costoso de los trabajos en un mar muy bravío les hizo desistir. Los kelpers, al igual que los llanitos de Gibraltar, son fieles a la Corona inglesa.

Descartado el conflicto bélico por ambas partes en la actualidad -aunque Gran Bretaña ha incrementado su presencia militar en lo que para ellos son las Falklands-, Argentina ha emprendido un nuevo reclamo sobre la soberanía de las Malvinas que si bien parece que no tendrá efectos prácticos en la descolonización, sí podría aportarle un beneficio económico. La principal queja de Kirchner, que ha mandatado que todos los barcos que transiten por esas aguas deben pedir permiso a su Gobierno, es que los británicos no tienen derecho a explotar unilateralmente los recursos en unas aguas en disputa. Según manifestó a El Confidencial el ex diplomático y experto en Derecho Internacional Ricardo Valero, una “cooperación en usufructo” de la explotación petrolera sería “un camino adecuado para Argentina, aunque no parece que haya disposición de Gran Bretaña”.

Sería un consuelo para Argentina, que tiene escasas posibilidades de recuperar la soberanía de un archipiélago –además de Georgias del Sur y Sandwich del Sur, ambas deshabitadas- “a corto y medio plazo”, según Valero. Y eso que, en su opinión, la evolución del Derecho Marítimo ha inclinado la balanza a favor de Argentina frente a un “reducto del colonialismo del siglo XIX”. El archipiélago de las Malvinas, al igual que otros 15 territorios no autónomos del mundo, está incluido entre los objetivos del Segundo Decenio Internacional para la Eliminación del Colonialismo (2001-2010) aprobado por la Asamblea General de la ONU, que favorece con poco éxito la autodeterminación. En el mismo saco se incluyen casos como el de Gibraltar o el Sáhara Occidental.

El papel de Naciones Unidas en este asunto, como en tantos otros, es cuestionado. Ricardo Valero recuerda que la ONU “no se ha pronunciado a favor de ninguna de las dos partes”, a las que insta a buscar un acuerdo negociado para la situación de las Malvinas. El Gobierno argentino logró en 1965 una resolución por la que cada año el Comité de la Descolonización -creado en 1961- reclama a Gran Bretaña que negocie una solución al conflicto de la soberanía, pero ésta no parece dispuesta al diálogo.

Una postura “coherente, aunque naïf

El ex diplomático argentino y figura fundamental en la reivindicación de las Malvinas, Lucio García del Solar, recuerda en un artículo en La Nación, que Gran Bretaña acordó con Estados Unidos en 1967 la cesión en préstamo por 50 años de la isla para que los estadounidenses construyeran la base “más importante del Pentágono fuera de EEUU”, que sirvió de plataforma de los B-52 que bombardearon Irak y Afganistán.

“Son Malvinas, no Falklands”, reivindica en declaraciones a El Confidencial el director de cine argentino Bruno Musso, quien considera “coherente, aunque naïf” la actual reclamación de su país sobre las islas. “Jamás hubo una acción verdadera soportada en un Estado de Derecho y por un plan que dijera que Argentina tiene un derecho sobre las Malvinas y va a acceder a él”.

Este cineasta, que conoce por la dirección de un documental la “dolorosa” venta de la próspera compañía argentina Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) a Repsol en 1999, confía en que ahora su país aspire a obtener royalties de la explotación de hidrocarburos al Norte de las Malvinas, aunque lo considera “poco factible en el terreno práctico”. La actual Repsol-YPF ha anunciado su intención de explorar yacimientos en la zona, aunque en aguas declaradas oficialmente argentinas.

El cine argentino ha abordado la cuestión siempre desde la tristeza de la muerte de los soldados y sólo en una ocasión, en un documental de ficción, el futuro de las Malvinas. En este trabajo, recuerda Musso, se planteaba como única solución para recuperar el archipiélago que los argentinos embaracen a las malvinenses para crear un “vínculo de amor” inexistente hasta el momento.

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