Rafael Correa apunta a radicalizar la revolución socialista en Ecuador

Con sus 46 años, Rafael Correa ha hecho historia en el Ecuador. Es el primer presidente reelecto en 30 años y el único que ha terminado

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Rafael Correa apunta a radicalizar la revolución socialista en Ecuador

Con sus 46 años, Rafael Correa ha hecho historia en el Ecuador. Es el primer presidente reelecto en 30 años y el único que ha terminado su mandato en la ultima década en el inestable país andino. Como un huracán, pasó de ser ministro de Economía en 2005 a ser el presidente con mayor poder y apoyo popular desde que el primer exportador mundial de banana volvió a la democracia a finales de la década de los 70. Carismático y apasionado, ha cumplido su promesa de llevar adelante lo que califica de "hermosa revolución ciudadana" con la que piensa poner fin a la "larga noche neoliberal", como repite sin cesar en cada escenario, micrófono o balcón.

Y ahora va por más, de la mano del control de los otros poderes del Estado y de su gran capital: el apoyo del pueblo que le demuestra el cariño en las urnas, en la calle y en todos los rincones del país, donde cuatro de cada 10 personas viven en la pobreza.

A fuerza de furiosos discursos, cantos y bailes en tarima, confrontación con rivales políticos y un gran ingenio para poner apodos a opositores, Correa ha conseguido sumar apoyo y encolerizar a sus detractores, especialmente a la oxidada clase política que administró el poder en las ultimas tres décadas. Correa sabe que, por ahora, tiene el control de la situación, por lo que centrará su atención obtener dinero con la minería y la actividad petrolera, así como con la disminución de la carga de la deuda pública.

Eso sí, si las petroleras no acatan la decisión de Quito de elevar la producción, sus campos pasarán a ser controlados por el Estado. Y si las comunidades se oponen a la puesta en vigor de la ley minera, se toparán con un Gobierno que ha demostrado que tiene un plan para sostener su revolución.

Socialismo a la ecuatoriana

Correa, que se educó en Europa y Estados Unidos, ha aplicado en Ecuador el socialismo del siglo XXI, sin tener los dolores de cabeza del presidente boliviano, Evo Morales, ni el protagonismo del venezolano, Hugo Chávez. Pese a que hay muchos que le acusan de estar a la sombra de Caracas y La Paz, Correa ha dado señales de que marca su propio paso.

Con mecanismos puros de mercado, recompró el 91 por ciento de la deuda por 3.200 millones de dólares en bonos, y, aunque no sabe a ciencia cierta el impacto en el pasivo total del país, consiguió alivio para financiar las arcas fiscales y los proyectos sociales. En su primer mandato priorizó el gasto social y en 2008 destinó 2.500 millones de dólares para los sistemas públicos de salud, educación y la entrega de subsidios a la gente de menores recursos.

Aumentó en dos oportunidades el "bono de desarrollo humano" y amplió su entrega a más de un millón de personas, pero con la condición de que los beneficiarios presenten certificados de que sus hijos reciben atención de salud pública y acuden a las escuelas fiscales.

La atención a los pobres, que representan el 40 por ciento de los 14 millones de habitantes, y la crítica a los que más tienen le mantiene con grandes niveles de popularidad y aceptación.

Correa es tan popular y tan bien recibido en el país que el anuncio de que cantaría a dúo con el cubano Silvio Rodríguez hizo que cientos de quiteños organizasen viajes a la ciudad de Guayaquil para ver el espectáculo. Algo inédito en un país que en 1997 sacó de la presidencia a Abdalá Bucaram por "incapacidad mental para gobernar", siendo uno de los agravantes el haber compartido escenario con el grupo uruguayo Los Iracundos.

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