Gordon Brown, el cadáver político que nunca acaba de morir
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Gordon Brown, el cadáver político que nunca acaba de morir

Gordon Brown ha vuelto a resurgir de sus cenizas. El premier británico lleva meses como cadáver político, pero lo cierto es que nadie se atreve/puede darle

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Gordon Brown, el cadáver político que nunca acaba de morir

Gordon Brown ha vuelto a resurgir de sus cenizas. El premier británico lleva meses como cadáver político, pero lo cierto es que nadie se atreve/puede darle la puntilla definitiva. Su supervivencia contra todo pronóstico se ha convertido ya en objeto de análisis porque en esta última ocasión tenía muy pocas posibilidades de salir a flote.

Todo jugaba en su contra. Tras una semana marcada por la dimisión de hasta ocho miembros de su Gobierno -el último hace apenas unas horas-, se hicieron públicos los resultados de las elecciones europeas. La realidad superó los augurios más pesimistas. El laborismo consiguió los peores datos de los últimos cien años. La formación quedó como tercera fuerza política con menos del 16% de los votos perdiendo además en Gales unos comicios por primera vez desde 1918.

El futuro del premier estaba a expensas de su grupo parlamentario, pero para sorpresa de todos Brown ha salido airoso del fatídico encuentro. ¿Qué pasó en esas dos horas a puerta cerrada? ¿Por qué fracasó el plan de los rebeldes para votar su continuidad en Downing Street?

Desde que llegó al poder hace justo ahora dos años, los enemigos del primer ministro han elaborado diferentes complots para quitarle del medio. La falta de organización siempre había sido su Talón de Aquiles. Sin embargo, en esta ocasión habían limado todo hasta último detalle elaborando un minucioso calendario que recogía desde el 4 de junio hasta el 21 de julio todos los acontecimientos necesarios para promover un cambio de líder. La propuesta la habían hecho circular a través de un correo electrónico y antes de la reunión del grupo parlamentario se dijo que habían recaudado más de 50 firmas.

Con 70 nombres -el 20% de los 350 parlamentarios del laborismo- habrían conseguido activar la maquinaria para la transición. A lo largo de la semana pasada hicieron saber a la prensa que no les resultaba difícil recabar hasta 80 apoyos, pero a la hora de la verdad tan sólo unos pocos -como Charles Clarke, Fiona McTaggart y Stephen Byers- se atrevieron a manifestar su descontento.

Todo apunta a que Peter Mandelson ha sido el responsable de placar sus ánimos. El actual responsable de la cartera de Negocios siempre había sido uno de los declarados detractores del premier desde que en 1995 se decantó por apoyar a Tony Blair como líder del partido. El pasado fin de semana sin ir más lejos salieron a la luz unos correos electrónicos escritos por él hace 18 meses en los que describía a Brown como una persona “cohibida que no estaba cómoda con su propia piel” y estaba falto de “éxito y aprobación”. Sin embargo, desde que fue rescatado el año pasado para formar parte del gabinete se ha convertido en mano derecha del primer ministro.

En los círculos más íntimos, Mandelson es conocido como “príncipe de las tinieblas” debido a su habilidad para configurar complots en la sombra. En el pasado, sus tácticas sirvieron para hundir la popularidad del “premier”, pero ahora, éstas son las que han hecho posible que goce de una nueva oportunidad.

La amenaza a los rebeldes fue muy clara. Si promovían un cambio de líder, forzarían un adelanto de las elecciones generales condenando al Laborismo a los peores resultados de su historia. Todos son conscientes que en los próximos comicios estaban abocados al fracaso, pero no es lo mismo perder 10 escaños que 20 y muchos en la reunión prefirieron esconder la cabeza antes de arriesgarse a abandonar su sillón en Westminster.

Sin embargo, el ultimátum de Mandelson es tan sólo una verdad a medias. No hay nada en el aparto constitucional británico que obligue a llamar a la urnas cuando una formación de Gobierno decide cambiar de líder. No hizo falta cuando Alec Douglas-Home remplazó a Harold Wilson, cuando Jim Callaghan sustituyó a Harold Wilson, cuando John Major desalojó del número 10 a Margater Thatcher o cuando el mismo Gordon Brown consiguió después de tanto tiempo que Tony Blair cumpliera su promesa.

Pero sí que es cierto, que si los laboristas deciden cambiar de dirigente, sería el tercero que presentarían en una legislatura al electorado y el segundo que se mudaría a Downing Street sin pasar por unas elecciones generales. Así pues, aunque las normas no obligan, lo haría la presión popular y esto es algo que Brown sabe que juega a su favor.

Otro de los motivos que, por el momento, le permiten seguir a flote es el hecho de que los rebeldes no cuentan con candidato firme para sustituirle. Además de las 70 firmas, si sus enemigos quisieran forzar un cambio de líder deberían presentar ante el Parlamento un nombre que estuviera dispuesto a empezar la batalla. Es “vox pópuli” que todos apostaban por Alan Johnson, pero éste no ha dejado de mostrar hasta el último minuto su lealtad hacia el primer ministro.

Para seguir ganándose su apoyo, Brown decidió promocionarle en su última reforma de Gobierno situándole al frente del Ministerio del Interior. Cuando aceptó el cargo de buen agrado, los rebeldes se dieron cuenta que no tenían nada que hacer.

Hace tan sólo un año, lo intentaron también con David Miliband. El joven y ambicioso ministro de Exteriores jugó al despiste con artículos de opinión en la Prensa, pero finalmente no se atrevió a dar el gran paso y el primer ministro se ha asegurado su fidelidad garantizándole un año más su cargo.

Aunque, por ahora, el “premier” parece que tiene el puesto asegurado, los opositores no han descartado volver al ataque después del verano y todo indica que será el próximo mes de octubre, coincidiendo con el congreso anual del Laborismo, cuando volverán a plantear un cambio de líder.

En caso de que esta vez consigan su propósito y fuercen unas elecciones generales toda Europa estará pendiente de los resultados. El conservador David Cameron tiene todas las papeletas para mudarse al número 10, pero la promesa que lleva bajo el brazo podría provocar caos en Bruselas. El tory se ha propuesto llevar el Tratado de Lisboa a referéndum si para entonces no está aprobado por los 27. El documento fue ratificado por vía parlamentaria en Reino Unido el año pasado ante el euroescepticismo del ciudadano, por lo que una consulta popular podría revocar la situación.

El Tratado ha de pasar por una segunda consulta en Irlanda en otoño. Todo parece indicar que esta vez ganará el “sí” y el texto entrará en vigor en diciembre o enero. Sin embargo, si a los rebeldes vuelven a la carga antes de que finalice el año el futuro del malogrado tratado se podría de nuevo en duda. Por el momento, se presume difícil, ya que Brown, poco a poco, va consiguiendo oxígeno.

Gordon Brown