A sus 100 años, Diego puede presumir de ser todo un héroe. "Gracias a él, hemos podido sacar adelante una especie que estaba al borde de la extinción", cuenta Freddy Villalba, guardabosques del Parque Nacional Galápagos.

Gracias a él y a otras 14 tortugas gigantes. Hace más de medio siglo abandonaron el hogar con una sola misión: multiplicarse. Y vaya si lo han conseguido. "Este programa pudo reproducir en cautiverio alrededor de 2.000 descendientes", afirma Danny Rueda, director del Parque. Y de esos 2.000, Diego es padre de nada más y nada menos que 800 tortugas.

Con el objetivo cumplido, las 15 originales vuelven a la isla que las vio nacer. Y allí las vigilan de cerca. "Con un sistema de monitoreo satelital que nos va a permitir mantener un monitoreo remoto durante todo el período de adaptación que serán aproximadamente unos seis meses", explica Rueda. 

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