Coja número, pero no para la compra. En una terraza de Bilbao los vecinos tienen que esperar su turno para poder sentarse.

Los clientes lo agradecen porque así está mejor organizado, aunque no a todo el mundo le gusta la idea. Además, si hay mucha gente esperando solo se podrá estar una hora sentado.

En otra terraza en Sevilla, han diseñado un sistema para controlar el tiempo que está sentado cada cliente. Cuando el cliente pide la primera consumición, salta un reloj y automáticamente se pone a contar. Hasta una hora y media para comer.

En Valencia recurren a la clásica reserva por teléfono. Hay algunos restaurantes a pie de playa que han sacado a todos sus trabajadores del ERTE porque no dan abasto. Y con las terrazas llenas, hay que armarse de paciencia para coger una mesa.

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