Armados con mazas y con una tranquilidad que sorprende, despejan el camino de sillas para la posterior huida. Ahora sí, entran en la gasolinera y comienza el espectáculo. Objetivo la máquina tragaperras. Sin piedad la golpean repetidamente. Es la forma más violenta, pero más rápida de hacerse con el cajetín de las monedas. El panel de hierro cede, pero no lo suficiente. Mientras otro ladrón corre con un ordenador. La velocidad de los golpes aumenta. Su compañero vuelca la otra máquina y con una palanca trata de forzarla. En menos de 2 minutos, huyen como si nada. A la semana, nuevo robo de la misma banda. Todo se repite, aunque algo más violento. Golpe a la cámara exterior. Y movimientos sincronizados en el interior de la gasolinera. Hartos de esta oleada de robos, los propietarios del negocio han tomado medidas. 3000 euros para el que de pistas para localizar a los ladrones. Por ahora no han sufrido más robos, pero tampoco hay detenciones.

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