Eduardo Albornoz y su loro, Picasso, recorren las calles de Caracas subidos en su bicicleta. El ciclista adoptó al ave hace unos años después de que una familia lo abandonara por la inestabilidad económica. El guacamayo no puede volar así que la bicicleta de Eduardo le da la libertar que el animal necesita. El objetivo del ciclista es concienciar de que estos animales pueden convivir en perfecta sintonía en la ciudad venezolana y de la necesidad de protegerlos.

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