Imagine que, por necesidades económicas, tiene que desprenderse de un objeto con un grandísimo valor sentimental. Lo más probable es que las lágrimas corrieran por sus ojos pero, si no le quedara más remedio, terminaría por deshacerse de él. Esto es lo que intentó hacer una madre de Dallas –en Estados Unidos– que necesitaba dinero para alimentar a sus hijas: acudió a una joyería para vender un anillo que le había regalado su madre.

El encargado del establecimiento, un refugiado sirio que consiguió huir del horror de la guerra afincándose en la ciudad norteamericana hace muchos años, se conmovió tanto al conocer la historia que no pudo quedarse con la alhaja. Después de tasarla, le dio a la clienta el dinero correspondiente al valor de la joya a la vez que le devolvía el anillo. La mujer no podía salir de su asombro y, agradecida, lo único que pudo hacer para expresar su alegría fue abrazar al hombre por encima del escaparate.

Sin duda, una muestra en imágenes de la bondad que puede llegar a desarrollar el ser humano. Conmovedor, ¿verdad?

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