Mirar al cielo es viajar al pasado. Algunas estrellas de nuestra galaxia son, en realidad, fósiles astronómicos. Nacieron en los primeros instantes del Universo y guardan la respuesta a múltiples enigmas. De cómo utilizar la Vía Láctea como 'piedra de Rosetta' ha hablado en Madrid Amina Helmi, catedrática en el Instituto Astronómico Kapteyn de la Universidad de Groninga, en los Países Bajos. Ha sido en el ciclo de conferencias 'La Ciencia del Cosmos, la Ciencia en el Cosmos' de la Fundación BBVA. Allí ha contado en qué consiste la misión espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea, que mide con precisión la distribución espacial, la velocidad y las propiedades de mil millones de estrellas en la Vía Láctea. Uno de sus objetivos es arrojar luz sobre la intrigante materia oscura: sabemos que existe pero no la podemos ver. Cómo se forman las galaxias, qué es la materia oscura… La Astrofísica plantea enigmas profundos. Resolverlas implica crear numerosos instrumentos, que terminan por impulsar el desarrollo tecnológico. Así nacieron, por ejemplo, las conexiones wifi. Porque mirar al cielo también ayuda a mejorar el presente.

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