Hay un pez que se ha vuelto imprescindible en la isla de el Hierro. Nos referimos a los tiburones ballenas, que suelen ser ejemplares jóvenes, con la parte superior de la aleta caudal, todavía mucho más grande que la parte inferior.

Los tiburones ballenas nunca llegan solos, porque siempre traen alguna rémora que se arrimó a su sombra, y su cohorte de peces piloto, ejemplo de comensalismo, que aprovechan lo que deja.

Suele ser a partir de verano cuando el tiburón ballena se acerca buscando la riqueza de plancton en estas aguas para luego marcharse, llevando consigo los peces piloto y el dibujo de su piel con las motas luminosas de la luz del sol bajo la superficie del océano.

Descubre más en la web de la Fundación Aquae.

 

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