El árbol de las bellotas de Zeus, de esta forma denominaron a los castaños en algunas regiones de la antigua Grecia. Natural de Asia Menor, esta especie de la familia de las fagáceas fue introducida por griegos y romanos en el sur de Europa, donde se expandió por climas templados y húmedos.

En España es particularmente abundante en Galicia y parte de León, aunque también se puede encontrar en las islas de Gran Canaria, Tenerife o La Palma. Se desarrolla mejor en suelos frescos y preferiblemente ácidos en emplazamientos soleados o con ligera sombra.

Como nos muestra este vídeo de la Fundación Aquae, el castaño es un árbol longevo de crecimiento rápido que puede alcanzar los 30 metros de altura. Su tronco es fuerte y crece durante siglos mientras se ahueca, alcanzando los cuatro metros de diámetro. Algunas tradiciones hablan de enormes troncos que han llegado a albergar a pastores con sus rebaños.

También destaca su corteza, parda y oscura, que se agrieta longitudinalmente con la edad, adquiriendo un característico estriado oblicuo. Su copa frondosa, amplia y casi esférica alberga hojas grandes y caducas, y sus flores aparecen en verano. Las masculinas se agrupan en largos y estrechos filamentos amarillos, mientras que las femeninas, tras la fecundación, encierran las semillas de las castañas en una cubierta espinosa llamada ‘erizo’.

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