Nunca dejará de fascinarnos la capacidad de las aves para avistar a sus presas. Un ejemplo perfecto de esto es el águila perdicera. Es capaz de ver a su presa más allá de los 500 metros de distancia, sin fallar nunca. Y lo que es más alucinante: también consigue no ser vista desde abajo. Como podemos ver en este vídeo, ofrecido por la Fundación Aquae, el águila perdicera tiene las líneas del pecho estriadas y eso permite que sea confundida con las nubes. 

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