La población de corzos se ha multiplicado como si se mirara en un espejo. Se suelen ver en solitario, o en collera, como en este vídeo, ofrecido por la Fundación Aquae, en el que a estas dos hembras se las distingue de los machos no solo por la ausencia de cuernas, sino también por el escudo anal con forma de corazón blanco al que se le dio la vuelta.

Señala José Ramón Delibes Senna-Cheribo que la expansión de este cérvido hay que atribuirla a su capacidad de adaptación, a su inteligencia y a que, frente al gamo y el ciervo, suele tener dos crías, incluso tres, en cada parto. Corcinos que nacen sincronizados con los pastos de primavera.

Los corzos dejan en la nieve unas huellas que recuerdan a las de una oveja, donde la inocencia se suma a la inocencia. Y da infinito.

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