Ya se han visto las primeras grullas en la laguna aragonesa de Gallocanta.

Suele ser por el Pilar cuando se empieza a oír su gruir a kilómetros de distancia, gracias a su tráquea retorcida, que actúa de caja de resonancia.

Por san José es cuando se marchan, pero antes se les nota la inminencia del cortejo, como en estas imágenes grabadas en enero, cuando Gallocanta tenía esa agua que espera la laguna que vaya cayendo con las grullas del cielo en las próximas semanas. Ahí se ve uno de los bailes de cortejo de la grulla, moviendo el cuello y las patas hacia adelante y hacia atrás.

En este vídeo, ofrecido por la Fundación Aquae, llama la atención en los adultos ese píleo rojo que no tiene plumas, sino la piel coloreada como la de un indio.

Al llegar se alimentan de las semillas caídas en los rastrojos de cereal, y luego van a las siembras y a las dehesas extremeñas. Algunas se quedan en Francia, donde las llaman grullas encenizadas, damas grises entre la ceniza de la niebla.

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