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Una batalla de pintura de más de cinco siglos que quiere ser Patrimonio de la Humanidad

El olor a pólvora que cada 9 de septiembre marca que se acercan las seis de la tarde en Guadix (Granada), el sonido del tambor y el bullicio han servido para escribir las primeras letras de una historia que celebra la derrota, una tradición centenaria que quiere ser Patrimonio de la Humanidad. El color ocre que tiñe los cerros que rodean Guadix y su omnipresente catedral ha dibujado también el camino de Emilio Delgado, el encargo este año de representar al Cascamorras y dar vida a esta fiesta declarada de Interés Turístico Internacional. Como pasa desde hace 527 años, el Cascamorras ha regresado a Guadix tras fracasar el pasado miércoles en su intento de arrebatarle a los vecinos de Baza la imagen de la Virgen de la Piedad, una derrota que da vida a una fiesta que es más fácil vivirla que contarla.

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