En las zonas sencillas, las hormigas pueden guiarse por su olfato para saber dónde están. Sin embargo, cuando atraviesan zonas áridas, como los desiertos, suelen contar sus pasos para saber cuándo y cómo volver.

No hay que ser un animal de grandes dimensiones para dejar una huella sobre la Tierra. Las hormigas Messor Capitatus van y vienen del nido a las zonas donde forrajean, y no siempre vuelven con alguna semilla. Según el profesor y mirmecólogo Espadaler, “a menudo regresan de vacío. No es grave: el sistema acepta perfectamente los errores e ineficacias”.

En este vídeo, ofrecido por la Fundación Aquae, podemos ver a la hormiga Messor Capitatus en secarrales de altitudes superiores a 500 metros. Más concretamente, en las tierras de Ávila.

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