A todos nos dan miedo los tiburones, y es lógico. Sin embargo, hay situaciones en las que, por suerte, podemos relajarnos un poco más. Este es uno de esos casos: te presentamos al tiburón solrayo. Su aspecto feroz, con esos dientes desordenados, es solo aparente, porque es la docilidad lo que llama la atención de los que han buceado cerca de un solrayo, de una sarda preñada.

El mar de las Calmas de El Hierro es uno de los pocos lugares del mundo en donde se le puede ver. Las que ascienden son hembras preñadas que suben con las aletas desflecadas y llenas de heridas tras el apareamiento. Precisamente su ingravidez, estar preñadas, es lo que hace que tiendan a subir, lo cual nos permite ver algo extraordinario: una especie abisal, en superficie.

En este vídeo, ofrecido por la Fundación Aquae, puedes verlo buscar un lugar donde parir para luego regresar con su cría a esa desconocida oscuridad de los tiempos y del mar.

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