En la madrugada del 3 de enero de 2026, Estados Unidos lanzó en Venezuela la operación Absolute Resolve. El objetivo: capturar a Nicolás Maduro. En total, duró 2 horas, 28 minutos. Ningún efectivo estadounidense resultó muerto o herido. Mientras, el chavismo cifró en 100 las bajas militares y civiles en la ofensiva. El Confidencial, con ayuda de un equipo de analistas OSINT, medios y fuentes abiertas, ha podido confirmar la muerte de al menos 40 militares y cuatro civiles venezolanos, así como de otros 32 nacionales cubanos.

Las distintas esquelas de militares caídos publicadas en los días posteriores por el propio Ejército venezolano, cruzadas con informaciones de prensa local y publicaciones verificadas en redes sociales permiten establecer un recuento mínimo y contrastado de los caídos más allá de los datos oficiales. A ese trabajo de identificación se suman las imágenes difundidas durante los ataques y en las jornadas posteriores: vídeos, fotografías y material satelital que muestran con claridad el grado de destrucción en varias instalaciones militares y zonas residenciales, reforzando la magnitud real de la operación y sus consecuencias sobre el terreno.

El recuento de los fallecidos verificados permite realizar una nueva reconstrucción del ataque a Venezuela y comprender la estrategia militar en el asalto al búnker de Maduro, donde fue arrestado con su esposa, Cilia Flores, y trasladado a Nueva York para pasar a disposición judicial. La operación constó de tres fases. 1) Un bombardeo quirúrgico para neutralizar medios de defensa aérea, radares y centros de comunicaciones, mando y control. 2) Un asalto aerotransportado al centro neurálgico del poder militar venezolano (Fuerte Tiuna) para capturar al mandatario (y donde se concentraron) el grueso de las bajas. 3) La extracción del autócrata en helicóptero, barco y avión hasta su destino final: un centro de detención en Nueva York.

El análisis de la maniobra permite concluir que la operación fue diseñada para neutralizar defensas estratégicas del régimen y no para eliminar de forma masiva a sus efectivos, como muestran los ataques de precisión. Pero sí para dar un golpe rápido y fácil, con poca resistencia, que deja un claro aviso a los herederos de Maduro: si no obedecen, pueden volver a hacerlo.