Desde hace años se viene librando una batalla geoestratégica por el control de los recursos naturales que se esconden bajo el hielo del Ártico. Sin embargo, el cambio climático está derritiendo el hielo y despejando una ruta comercial que puede revolucionar el comercio mundial. Y ninguna superpotencia quiere llegar tarde a la fiesta en el sombrero del mundo.

La Ruta Marítima del Norte, una vía marítima que está despejada entre los meses de julio y noviembre, conecta Europa y Asia en menos tiempo que a través del Canal de Suez. De hecho, un barco que saliera de Yokohama tardaría 13 días menos en llegar hasta Rotterdam, lo que implicaría un ahorro de cientos de miles de dólares por viaje.

Esta oportunidad desvela las ambiciones de las superpotencias mundiales. Rusia ya cuenta con una flota de cuarenta rompehielos para controlar el Ártico, mientras que Estados Unidos ha movilizado "urgentemente" 700 millones de dólares para financiar un rompehielos pesado, ya que el único que tiene cuenta con más de 40 años.

Sin embargo, si estamos hablando de la Ruta del Ártico no es por el control de los rusos ni por el nerviosismo estadounidense. Sino porque han llegado los chinos. "Aún me acuerdo cuando hace 20 años la gente estaba hablando de la NSR [ruta del Ártico] y diciendo que era imposible. Pero cuando escucho el término Ruta de la Seda Polar y veo que los chinos están interesados, veo que esto va en serio", decía un embajador europeo en Moscú recientemente al FT.

Y es cierto. China ha invertido ingentes cantidades de dinero para poder navegar la Ruta del Ártico y se ha calificado a sí misma como un "estado casi Ártico". Al mismo tiempo, el transporte de mercancías ha aumentado de forma considerable y se prevé que en los próximos cinco años se cuadruplique hasta los 80 millones de toneladas de cargo.

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