Tras la investigación del asesinato del periodista saudita, Jamal Khashoggi, supuestamente perpetrado a petición del propio gobierno de Arabia Saudí en tierras turcas, varios países se apresuraron a anunciar que tomarían severas medidas políticas y económicas contra el reino, incluído el gobierno de España.

Sin embargo, apenas un puñado de líderes han sido capaces de poner en marcha esas decisiones, mientras el resto han dado marcha atrás por sus importante lazos económicos con el  mayor exportador de petróleo del mundo y gigantesco inversor transnacional.

Así de complicado es presionar a un país del peso geopolítico y financiero como es Arabia Saudí.

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