A Emmanuel Macron no lo van a ver "buscando a Nemo" porque está siempre detrás de él, moviendo la cola, feliz. Desde que la pareja presidencial lo adoptó hace unos meses, no se separa del presidente. De hecho, dicen que lo pasa mal cuando se va de viaje. Así que el otro día, durante una reunión con tres secretarios de Estado, Nemo decidió -posiblemente para llamar su atención- orinar en la lujosa chimenea. ¿Lo hace habitualmente?, pregunta entre risas un secretario. Qué va, dice Macron, "has desencadenado en mi perro un comportamiento totalmente inusual". Lógico. Debía de estar triste el animal por tanta reunión y tanto viaje... Porque seguro que Macron ya se ha dado cuenta de una cosa. El día que pierda su tirón, cuando la popularidad caiga, Nemo seguirá ahí. Detrás de él, moviendo la cola, leal hasta el final...

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