La red de distribución eléctrica española se encuentra en un estado de casi colapso, con más del 80% de sus accesos aturados, según informes de las empresas gestoras (Iberdrola, Endesa y Naturgy). Esta saturación, que representa un embudo en el último segmento de transporte de energía hacia los usuarios finales, pone en riesgo nuevas conexiones renovables e inversiones millonarias. La situación se agrava por el boom de las energías renovables, que ha incrementado de forma exponencial las demandas de conexión (con 43.000 MW adicionales aprobados en proyectos), y por el inminente cierre de las centrales nucleares entre 2027 y 2035. La fragilidad del sistema se evidenció recientemente con el "gran apagón" que dejó sin luz a la península ibérica.

La incapacidad de la red para absorber nueva energía está impidiendo la conexión de una demanda de 60 GW de centros de datos, promociones urbanísticas e industria, lo que pone en entredicho el objetivo de España de ser un nodo estratégico para grandes inversiones tecnológicas. Las eléctricas están presionando a la CNMC para que autorice un incremento en su retribución que les permita invertir en la ampliación de las redes. El sector pide una subida del 7,5%, pero la CNMC está orientada a fijar una tasa de retribución del 6,5%.

Todo esto ocurre en un contexto que ha demostrado la fragilidad del sistema eléctrico en el apagón que dejó a la península ibérica sin luz durante casi 24 horas. Un sistema diseñado en una época en la que los combustibles fósiles eran el centro de la producción energética. Esta concepción obsoleta revela su dificultad para asimilar el aumento exponencial de la demanda eléctrica actual y el crecimiento acelerado de la generación renovable, lo que subraya la urgencia de modernizar la infraestructura para adaptarse al nuevo paradigma energético. A todo esto se suman las contradicciones de un sistema donde las renovables alcanzan ya el 59% de toda la producción eléctrica peninsular: en muchas horas del día hay más oferta que demanda de electricidad, lo que obliga a parar la generación de muchas centrales.