González, antes de la pandemia, seguía viajando. Y mucho. No en vano, su gran pasión ha sido siempre la política internacional. No es extraño si se tiene en cuenta que durante su mandato le tocó vivir el auge de la revolución conservadora de Reagan y Thatcher, la guerra fría y el colapso de la Unión Soviética. Ahora su inquietud está en Venezuela, donde nunca ha escondido su animadversión por el régimen de Maduro. “En lo único en que me he vuelto radical es en la lucha contra los tiranos”, aclara con firmeza. No comprende la posición de Zapatero, a quien le dedica un mensaje.