El árbol de Navidad de la plaza principal de Entrín Bajo, un municipio pacense de algo más de medio millar de vecinos, no tiene espumillón, ni guirnaldas; por no tener, no tiene ni hojas ni tronco... pero sí centenares de botellas de plástico y miles de horas de sensibilidad y respeto con la naturaleza. Sus cerca de nueve metros de alto lo convierten en "la joya de la corona" del reciclaje "navideño", al menos para sus residentes, quienes durante todo el año guardan como "oro en paño" esas botellas y envases que, tras su uso, podrían haber terminado en una bolsa de basura o en un contenedor cualquiera. En este pueblo de gente comprometida con el medioambiente tampoco hay estructuras metálicas con luces dispuestas en sus calles, pero mucho color, merced también a los envases. Si otros municipios similares en tamaño y población se gastan, de media, entre 1.500 y 2.000 euros en adornos navideños, incluidas las luces, Entrín Bajo destina unos 200 euros, ha explicado a EFE su alcalde, Eduardo Jiménez. Ese ahorro se destina a numerosas actividades, muchas de ellas destinadas a los niños, o en invitar "a unos churros con chocolate" a quienes acuden al encendido navideño. Hasta el tradicional "muñeco de nieve" está elaborado con plásticos reciclados, ha recordado.

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