La principal hipótesis es que fue ella misma la que se ató de pies y manos con bridas de plástico, se amordazó con cinta americana y se arrojó por este talud de Irún, Guipúzcoa. Lo que parecía un caso más de violencia de género ha virado a un asunto de autolesiones. Fueron dos ciclistas los que encontraron a la joven, de 24 años, en esta zona de vegetación, de zarzas y arbustos, de muy difícil acceso. La chica les dijo varias veces que le habían pinchado algo. Luego perdió el conocimiento. Al parecer la propia afectada habría descartado, al salir del coma, que hubiese sido agredida por nadie. La presión de la madre y de la hermana ha sido clave, según la cadena ser, para que la chica confesase. Su estado de inconsciencia se debía a la ingesta de numerosos fármacos. Ahora la Ertzaintza le imputa un delito de simulación de delito.

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