La cárcel asturiana de Villabona acogió el pasado año un peculiar suceso que tuvo como protagonista a Gonzalo Montoya, un recluso al que los funcionarios de prisiones dieron por muerto hasta que empezó a gruñir dentro de la bolsa donde se encontraba a la espera de una autopsia. Tres médicos habían certificado su muerte. 

"Pasó varios días recuperándose en la UCI de un hospital" y llevó el caso a los tribunales, cuenta Carlos Prieto, periodista de El Confidencial: "Sus abogados piden ahora 50.000 euros por daños y perejuicios" teniendo en cuenta que "Instituciones Penitenciarias reconoció indirectamente su error". 

Lo hizo al cambiar la normativa tras el fallecimiento que no fue: desde entonces todas las cárceles españolas están obligadas a hacer electrocardiogramas para certificar las muertes. Gonzalo Montoya salió por fin de la cárcel, pero hace unos días fue detenido otra vez, acusado de robar ruedas de coche. "Como si fuera más fácil escapar de una bolsa de para cadáveres que de los círculos de la marginalidad", ironiza Prieto. 

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios