Así imaginaron la tecnología del siglo XXI en el año 1900 (y acertaron poco)

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Un granjero muy ocupado (Jean-Marc Côté)
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Un granjero muy ocupado (Jean-Marc Côté)

La automatización del trabajo agrícola no va tan desencaminada en esta ilustración, aunque más de un granjero resoplaría ante la idea de que, llegadas las máquinas, su trabajo puede realizarse cómodamente sentado.
Un sastre a la última moda (Villemard)
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Un sastre a la última moda (Villemard)

De nuevo, los ilustradores franceses que dibujaron estas postales no estaban tan lejos de dar en el clavo: con las medidas adecuadas, una máquina toma las telas y confecciona automáticamente las prendas.
Una orquesta bien entrenada (Jean Marc Côté)
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Una orquesta bien entrenada (Jean Marc Côté)

Una orquesta de instrumentos mecánicos manejada por el director desde un panel de control.
En construcción (Villemard)
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En construcción (Villemard)

La burbuja inmobiliaria habría tenido otro aspecto si las previsiones del siglo XIX se hubiesen cumplido.
En el colegio (Jean Marc Côté)
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En el colegio (Jean Marc Côté)

El sueño de cualquier estudiante: las materias van de los libros a tu cabeza sin esfuerzo, con solo darle a una manivela. Matrix imaginó algo parecido, casi cien años más tarde.
El aseo de una dama (Villemard)
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El aseo de una dama (Villemard)

Peinado, empolvado y masaje de pies con solo apretar unos botones y palancas. La tecnología al servicio del narcisismo, no iban tan desencaminados...
Cocina francesa (Jean-Marc Côté)
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Cocina francesa (Jean-Marc Côté)

Una cocina que es en parte cocina tradicional y en parte laboratorio.
Criadero intensivo (Jean-Marc Côté)
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Criadero intensivo (Jean-Marc Côté)

Una máquina en la que entran los huevos y salen los polluelos.
A la caza de los microbios (Jean Marc Côté)
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A la caza de los microbios (Jean Marc Côté)

Tan divertida resulta la técnica de proyección de los microbios en la pared que tratan de conseguir estos avezados científicos como el aspecto que les imaginaba, como feos renacuajos llenos de dientes.
Una noche en la ópera (Albert Robida, Wikimedia Commons)
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Una noche en la ópera (Albert Robida, Wikimedia Commons)

La alta sociedad parisina sale de la ópera en un enjambre de naves voladoras. En una época en que la mayoría se movían en carros de caballos y solo unos pocos coches habían empezar a aparecer, la idea de los vehículos voladores ya captaba la imaginación de todos.
Una batalla aérea (Juan-Marc Côté)
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Una batalla aérea (Juan-Marc Côté)

¿Quién necesita aviones de combate cuando puede batallar a bordo de un enorme zeppelin?
Estación de taxis aéreos (Jean-Marc Côté)
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Estación de taxis aéreos (Jean-Marc Côté)

Parece obvio que la idea de volar atraía a nuestros antepasados en el siglo XIX, hasta el punto de imaginar que en el siglo XX sería algo cotidiano desplazarse en taxis voladores. Qué decepción se llevarían si supiesen que en el año 2015 aún los estamos esperando...
Una copita en el aire (Villemard)
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Una copita en el aire (Villemard)

Tan cómodos nos imaginaban en el aire durante el siglo XIX que suponían que el aperitivo nos lo tomaríamos sin bajar a tierra.
Un explorador (Jean-Marc Côté)
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Un explorador (Jean-Marc Côté)

Aunque intentaban imaginar cómo sería el futuro, los autores de estas postales escribían desde una época y con una mirada que hoy nos parece anticuada y superada. En esta estampa, un explorador aparece sobre una nave voladora, pero la imagen de los nativos sigue siendo la que se tenía en la época.
Bomberos aéreos (Villemard)
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Bomberos aéreos (Villemard)

Al parecer, los bomberos del año 2000 se parecerían mucho a Batman.
Cazadores en el aire (Jean-Marc Côté)
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Cazadores en el aire (Jean-Marc Côté)

En el año 2000 apenas pondríamos los pies en el suelo para nada.
A la caza del ladrón (Jean-Marc Côté)
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A la caza del ladrón (Jean-Marc Côté)

Una trepidante persecución policial con alas de murciélago.
El cartero rural (Jean-Marc Côté)
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El cartero rural (Jean-Marc Côté)

Incapaces de predecir el nacimiento de internet y con ello del correo electrónico, los artistas que dibujaron estas postales imaginaban a un cartero (oh, sorpresa) volador que llevaría la correspondencia a los lugares más remotos.
Al rescate (Villemard)
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Al rescate (Villemard)

¿Cómo iba una endeble aeronave que recuerda al avión de los hermanos Wright a sobrevivir en medio de una tempestad que ha hecho naufragar a un barco? Claro que si cambiamos el avioncito por un helicóptero, no iban tan desencaminados...
Zapatos con ruedas (Villemard)
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Zapatos con ruedas (Villemard)

Si no fuese por el sombrero de plumas de la dama dibujada en primer plano, la escena se parece bastante a cualquier parque una mañana soleada.
Un nuevo barbero (Villemard)
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Un nuevo barbero (Villemard)

En el año 2000 los peluqueros habrían desaparecido y todos nos pondríamos confiadamente en manos de robots armados con tijeras y cuchillas de afeitar...
Calentándose con radio (Villemard)
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Calentándose con radio (Villemard)

Otra ocurrencia que, vista con el tiempo no parece muy buena idea: radio para calentar las casas.
Videollamada (Villemard)
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Videollamada (Villemard)

Cuando se dibujaron estas postales, los medios para comunicarse a distancia eran limitados. Aún así, predijeron las videollamadas... o casi. Porque imaginaron que podríamos vernos, sí, pero habría que seguir yendo a establecimientos determinados para hacer las llamadas.
Dictadora automática (Villemard)
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Dictadora automática (Villemard)

Sin necesidad de levantar un bolígrafo ni recurrir a un mecanógrafo: los hombres importantes en sus imponentes despachos tendrían un aparato para dictar su correspondencia que la convertirían automáticamente en texto escrito.
Buceadores a lomos de sus caballos (Jean-Marc Côté)
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Buceadores a lomos de sus caballos (Jean-Marc Côté)

Sobre esta idea no sabemos muy bien qué opinar. ¿De dónde creían que sacaríamos caballitos de mar de tamaño cabalgable?
Barredora eléctrica (Jean-Marc Côté)
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Barredora eléctrica (Jean-Marc Côté)

Si creías que los robots aspiradora eran la idea moderna definitiva, estabas equivocado.
Tren eléctrico París-Pekín (Villemard)
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Tren eléctrico París-Pekín (Villemard)

Un tren eléctrico uniría las ciudades de París y Pekín, nada menos. El Hyperloop de Elon Musk palidece al lado de este ambicioso proyecto.

En el año 2000 es una serie de postales ilustradas por varios artistas franceses en el cambio de siglo que trataron de imaginar para la exposición universal del año 1900 cómo sería la tecnología cotidiana en el siglo XXI.

Verlas hoy resulta divertido e interesante por aquello en lo que acertaron y aquello en lo que no. Solo hace falta echar un vistazo rápido para darse cuenta de que nuestros antepasados nos imaginaban volando constantemente: carteros voladores, bomberos voladores, policías voladores. Seguramente les decepcionaría saber que, aunque sí hemos conseguido elevarnos en el aire, no se trata de algo tan cotidiano como ellos esperaban.

La cocina, la industria de la moda, los cuidados personales o el funcionamiento de las escuelas son otros conceptos que trataron de imaginar, algunos con más acierto que otros. 

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