He probado una Montesa Impala Sport 250 de 1965, pero con la gasolina renovable de Repsol
El gran reto de la movilidad presente y futura es la descarbonización, tarea en la que Repsol trabaja desde hace dos décadas, lo que le permite disponer ya de combustibles que reducen la huella de carbono. Y hemos probado uno en una moto de 60 años
Funcionamiento impecable de la Montesa Impala de 1965 con la gasolina renovable.
Por
Juan Pedro de la Torre
Es importante que todos los actores implicados en la movilidad sean conscientes de que es fundamental reducir la huella de carbono para asegurar la sostenibilidad de los medios de locomoción. Desde hace años, los fabricantes de vehículos trabajan en lograr motores más eficientes y menos contaminantes, y cada año que pasa consiguen mejorar la eficiencia de sus mecánicas y reducir su impacto medioambiental, pero su esfuerzo serviría de poco si otros sujetos importantes, como son las petroleras, no desarrollaran combustibles que ayudan a reducir la huella de carbono.
Desde hace más de 20 años, Repsol trabaja en nuevos combustibles en su laboratorio tecnológico de Móstoles, en Madrid, ahora rebautizado Repsol Technology Lab por aquello de la dimensión internacional de la compañía, y ya dispone de los denominados combustibles renovables, que tienen una menor huella de carbono que cualquier otra clase de combustibles existentes.
Las motos clásicas con las que probamos la nueva gasolina, frente al Museo de la Moto Española de Alcalá de Henares.
Bajo la premisa “la gasolina del futuro en las motos del pasado”, Repsol nos invitó a realizar una ruta y probar esta nueva gasolina sobre unas motos históricas, propiedad del Museo de la Moto Española de Alcalá de Henares, demostrando la eficiencia de este combustible en vehículos tan delicados. Bultaco, Ossa, Vespa... En mi caso, tuve el placer de rodar a lomos de una Montesa Impala Sport 250 de 1965, y el rendimiento del motor con este combustible fue impecable.
¿Qué es un combustible renovable?
Repsol considera que la descarbonización de la movilidad no depende de una única opción, sino de la combinación de soluciones que ayuden a reducir las emisiones contaminantes. La electrificación es fundamental, como también, todavía a más largo plazo porque sigue siendo una tecnología en desarrollo, el empleo del hidrógeno. Pero, en la actualidad, el eje en el que debe apoyarse la reducción de emisiones es el empleo de combustibles renovables.
Entre las motos empleadas figuraban Bultaco, Montesa, Ossa y Vespa con varias décadas a sus espaldas.
Podemos dividir este tipo de combustibles en tres clases. Los biocombustibles, como la gasolina con la que tuvimos oportunidad de rodar, producida a partir de residuos orgánicos, aceites de cocina y otros lípidos, biomasa agroforestal, desechos de la industria agroalimentaria y residuos urbanos. Permiten emplearse en cualquier clase de vehículo sin necesidad de realizar transformación alguna, ni modificar las infraestructuras de distribución y repostaje; y pueden reducir hasta en un 90% las emisiones netas de CO2 gracias a su origen orgánico.
Otro tipo son los combustibles sintéticos, o e-fuels, combustibles renovables que se obtienen a partir de hidrógeno renovable y CO2 capturado de la atmósfera. Se trata de una tecnología que aún se encuentra en desarrollo para su producción a escala industrial.
La gasolina con que se repostaron las motos clásicas procede de residuos orgánicos, aceites de cocina...
Finalmente, y como tercer tipo de estos nuevos carburantes, Repsol dispone del Diésel Nexa 100% renovable, que es el combustible de más alta gama del mercado español: optimiza las prestaciones, alarga la vida del motor y se puede emplear en cualquier motor diésel. Y, de hecho, el diésel renovable cuenta con un nivel de emisiones inferior al del diésel convencional.
Con un precio similar al de un combustible prémium, Repsol dispone ya de este carburante en 998 estaciones de servicio en España y 63 en Portugal, y la compañía confía en alcanzar las 1.500 estaciones de servicio este año.
Estos combustibles se producen en la planta de Repsol en Cartagena (Murcia), y se iniciará su producción en una segunda planta, la de Puertollano (Ciudad Real), en 2026. El combustible producido en Cartagena permite ahorrar un millón de kilos de CO2 al año, y se trabaja en una unidad de producción de combustible diésel que pueda suministrar 200.000 toneladas anuales de combustible 100% renovable para la movilidad por carretera y marítima.
También está en marcha un proyecto de planta de demostración industrial de e-fuel en las inmediaciones de su refinería de Petronor, en Bilbao, que estará operativa en 2026.
Alternativas
Lógicamente, como cualquier industria relacionada con los combustibles, Repsol defiende su actividad y la considera compatible con la sostenibilidad, de ahí su firme apuesta por este sector. Pero también encuentra razones geoestratégicas para mantener su apuesta. El empleo de biocombustibles ayuda a descentralizar la energía, reduciendo la dependencia de los crudos procedentes de Rusia, Venezuela o los emiratos árabes.
Nuestra Montesa Impala Sport 250, matriculada en Vizcaya hace 60 años, en plena acción.
La ventaja de los biocombustibles frente a la energía eléctrica y el hidrógeno es que carece del reto de la infraestructura que este tipo de energías necesitan, y además su producción es creciente y suficiente para abastecer la demanda. Según el Royal College of London, en 2050 será posible cubrir el 50% de la demanda con biocombustible.
Evidentemente, aunque la descarbonización es el objetivo final, hay sectores en los que resultará difícil alcanzarla, por no decir imposible, como la aviación. La baja densidad energética de la electricidad y el hidrógeno frente a los biocombustibles hacen de ellos una solución ineficiente para estos sectores.
Desde Repsol entienden y apoyan la descarbonización, pero reclaman a la Unión Europea una legislación que no obligue a seguir una sola vía, porque defienden que hay más formas de conseguirlo, y necesitan una definición más clara de lo que se requiere y una mayor apertura de opciones para alcanzarlo. De momento, los combustibles renovables son una realidad. Funcionan, son eficientes y cumplen con el progresivo objetivo de la descarbonización.
Es importante que todos los actores implicados en la movilidad sean conscientes de que es fundamental reducir la huella de carbono para asegurar la sostenibilidad de los medios de locomoción. Desde hace años, los fabricantes de vehículos trabajan en lograr motores más eficientes y menos contaminantes, y cada año que pasa consiguen mejorar la eficiencia de sus mecánicas y reducir su impacto medioambiental, pero su esfuerzo serviría de poco si otros sujetos importantes, como son las petroleras, no desarrollaran combustibles que ayudan a reducir la huella de carbono.