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El futuro incierto del A8: Audi no sabe qué hacer con su buque insignia
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El futuro incierto del A8: Audi no sabe qué hacer con su buque insignia

Durante décadas, el A8 ha sido el estandarte tecnológico de la marca alemana. Hoy, por primera vez desde su lanzamiento en 1994, su continuidad no está garantizada

Foto: Audi A8.
Audi A8.
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El Audi A8 que hoy se vende llegó en 2017 y recibió una actualización profunda hace tres años. Sigue siendo una berlina exquisita en calidad, confort y seguridad, con motorizaciones potentes de gasolina, diésel e híbridas enchufables y un interior que continúa dando la talla en el segmento. Pero hay un dato clave: la plataforma sobre la que está construido, la MLB evo, ha llegado a su límite técnico. Audi no puede seguir estirando su vida útil, ni adaptarla de forma económicamente viable a las normativas europeas de emisiones que llegan en los próximos años. Y un nuevo restyling -tal y como reconoce la propia marca- no es una opción.

La producción del modelo actual está programada para finalizar a mediados o finales de esta década y, de momento, no existe un plan aprobado para su sucesor.

Durante los últimos años, el A8 ha estado rodeado de incertidumbre. Audi trabajó en un plan extremadamente ambicioso: no uno, sino dos sustitutos eléctricos que debían llegar en 2027.

Lo que se proyectaba era, o bien un crossover eléctrico de altísimo lujo (con el nombre interno Landjet) o una gran berlina de representación inspirada en el prototipo Audi Grandsphere, también 100% eléctrica. Ambos modelos compartirían una plataforma eléctrica de nueva generación desarrollada junto con Porsche. Sin embargo, hoy, ese plan está congelado. Las previsiones de ventas de coches eléctricos de lujo se han enfriado y el proyecto se ha desplazado al fondo de prioridades.

El resultado es un escenario inédito: Audi no dispone actualmente de una base técnica -ni eléctrica ni de combustión- sobre la que construir un nuevo A8.

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De hecho, en la propia compañía reconocen que están “evaluando cuál es la tecnología adecuada y cuándo sería el momento ideal” para lanzar un sustituto. La frase, que suena diplomática, oculta una realidad más cruda: no hay un consenso interno sobre si debe existir un nuevo Audi A8.

Del A8 térmico a la desaparición del modelo

Con todo sobre la mesa, Audi estudia tres escenarios posibles. Ninguno está decidido, pero todos tienen implicaciones profundas. El primero es un A8 de combustión basado en la nueva plataforma PPC. Audi ha desarrollado recientemente una arquitectura moderna para motores térmicos -la PPC (Premium Platform Combustion)- que servirá para los futuros Audi Q7 y Q9. Una versión alargada de esa plataforma permitiría crear un A8 renovado pero conservador, con motores de combustión e híbridos enchufables, que podría mantenerse durante buena parte de la década de 2030.

Es cierto que se trata de la opción menos arriesgada y más rápida de implementar, y que mantiene viva la berlina, pero sería percibido como un paso atrás en electrificación y podría situar a Audi en desventaja frente a rivales que avanzan con berlinas eléctricas de nueva generación.

La segunda opción es apostar por un A8 eléctrico de nueva plataforma. Crear una gran berlina eléctrica de alto lujo y tecnología punta, lo que requeriría relanzar el desarrollo de una plataforma eléctrica tope de gama, invertir miles de millones en tecnologías de batería, software y arquitectura interna y esperar al menos hasta mediados de la próxima década para verlo en la calle. El problema: el mercado eléctrico de lujo está estancado. Es la alternativa más cara y también la más lenta.

Por último, queda el escenario más radical y el más debatido internamente, que sería abandonar el segmento F. La clientela tradicional de grandes berlinas se ha reducido y se ha desplazado hacia SUV grandes, de mayor rentabilidad y demanda global. Esto supondría un enorme ahorro de costes, en línea con la tendencia del mercado, pero Audi perdería el modelo que durante décadas ha sido su escaparate tecnológico.

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Y mientras Audi duda, sus dos grandes rivales alemanes han tomado ya su camino. BMW y Mercedes no solo se mantienen firmes en el segmento F, sino que han reforzado su apuesta con productos de nueva generación. El BMW Serie 7 convive con su variante eléctrica BMW i7. Mercedes, por su parte, ha blindado la continuidad de la Clase S mientras ofrece en paralelo el Mercedes EQS.

La decisión que la marca alemana tome con el A8 marcará el rumbo de la compañía para los próximos 10 o 15 años. Si lo mantiene como un modelo térmico renovado, priorizará la rentabilidad y la estabilidad frente al impulso eléctrico. Si apuesta por un eléctrico, se colocará en competencia directa con los futuros grandes eléctricos del segmento, pero asumiendo un riesgo financiero elevado. Si lo suprime, dejará de competir en uno de los segmentos que más prestigio otorgan y enviará un mensaje claro sobre el nuevo rumbo estratégico de la marca. En cualquier caso, está ante una encrucijada.

El Audi A8 que hoy se vende llegó en 2017 y recibió una actualización profunda hace tres años. Sigue siendo una berlina exquisita en calidad, confort y seguridad, con motorizaciones potentes de gasolina, diésel e híbridas enchufables y un interior que continúa dando la talla en el segmento. Pero hay un dato clave: la plataforma sobre la que está construido, la MLB evo, ha llegado a su límite técnico. Audi no puede seguir estirando su vida útil, ni adaptarla de forma económicamente viable a las normativas europeas de emisiones que llegan en los próximos años. Y un nuevo restyling -tal y como reconoce la propia marca- no es una opción.

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