Con la llegada del otoño, bajan las temperaturas, los días se acortan y las hojas de los árboles caducifolios comienzan a cubrir el asfalto. Este escenario, aparentemente inofensivo, puede convertirse en un riesgo real para la seguridad vial. Las hojas húmedas crean una capa resbaladiza que reduce la tracción de los neumáticos y aumenta la posibilidad de sufrir un accidente. Este peligro, poco conocido, se acentúa con las primeras lluvias y la disminución de la luz diurna.
Un estudio elaborado por ingenieros de Ford demostró que circular sobre hojas secas tiene efectos similares a hacerlo sobre carreteras nevadas. Las pruebas se llevaron a cabo en una pista de la marca en Bélgica, donde se distribuyeron hojas en la calzada para analizar el nivel de fricción. Los resultados mostraron valores de entre 0,3 y 0,4 en la escala de rozamiento, idénticos a los obtenidos sobre nieve, lo que confirma que las hojas pueden reducir notablemente la adherencia del vehículo y poner en peligro la estabilidad durante la conducción.
Ante este riesgo, los especialistas recomiendan ajustar la velocidad a las condiciones del terreno y evitar maniobras bruscas. También aconsejan consultar la previsión meteorológica antes de emprender el viaje, sobre todo si la ruta atraviesa zonas arboladas. En caso de encontrarse con tramos cubiertos de hojas, es fundamental mantener una conducción suave, sin acelerones ni frenadas repentinas, para evitar que el vehículo pierda estabilidad o derrape en plena curva o frenada.
Además, los expertos sugieren hacer uso del freno motor y entrar en las curvas con máxima precaución, reduciendo la velocidad antes del giro. Las hojas húmedas pueden comportarse igual que una capa de hielo y hacer que el coche se deslice sin control. Por ello, los conductores deben extremar la atención durante el otoño, una estación en la que hojas secas, lluvia y falta de luz se combinan para convertir las carreteras en un terreno peligroso si no se conduce con prudencia.
Con la llegada del otoño, bajan las temperaturas, los días se acortan y las hojas de los árboles caducifolios comienzan a cubrir el asfalto. Este escenario, aparentemente inofensivo, puede convertirse en un riesgo real para la seguridad vial. Las hojas húmedas crean una capa resbaladiza que reduce la tracción de los neumáticos y aumenta la posibilidad de sufrir un accidente. Este peligro, poco conocido, se acentúa con las primeras lluvias y la disminución de la luz diurna.