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10 años del engaño que hundió al diésel y encendió la era de los eléctricos
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10 años del engaño que hundió al diésel y encendió la era de los eléctricos

El 'dieselgate' sacudió los cimientos de Volkswagen y de la industria del motor. Si antes del escándalo más de la mitad de los coches de Europa repostaban gasóleo, ahora su cuota está por los suelos

Foto:  Directivos de Volkswagen, posando junto a uno de los modelos diésel de la marca alemana.
Directivos de Volkswagen, posando junto a uno de los modelos diésel de la marca alemana.

El 18 de septiembre de 2015, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) destapó uno de los mayores escándalos de la historia del automóvil. Descubrió que los motores diésel de Volkswagen escondían un software que manipulaba las pruebas de emisiones, provocando que sus modelos parecieran menos contaminantes de lo que en realidad eran. La cifra estremeció al mundo: 11 millones de vehículos afectados a nivel global.

El llamado dieselgate fue un terremoto que sacudió los cimientos de la industria automotriz. No solo derrumbó el mito del diésel “limpio”, sino que puso contra las cuerdas a la marca más poderosa de Alemania y simbolizó el comienzo del fin de una era dominada por los combustibles fósiles.

Volkswagen había hecho del diésel su estandarte de eficiencia y tecnología europea. Sin embargo, los motores EA189 montados tanto en sus propios coches como en los de sus principales marcas (Audi, SEAT, Skoda y Porsche), contaban con un defeat device: un algoritmo que detectaba cuándo el vehículo era sometido a pruebas de laboratorio y alteraba su rendimiento para reducir emisiones de óxidos de nitrógeno. En condiciones reales, estos coches contaminaban hasta 40 veces más de lo permitido. En pocos días, el escándalo se extendió como el fuego. Dimisiones, investigaciones, juicios y multas millonarias golpearon al cuartel general de Wolfsburgo. El entonces CEO, Martin Winterkorn, presentó su renuncia apenas cinco días después de destaparse el caso. Las pérdidas en bolsa fueron instantáneas: el valor de las acciones cayó más de un 30 % en apenas dos jornadas.

placeholder El exdirector de Audi, Rupert Stadler, acusado de fraude por el escándalo de las emisiones del 'dieselgate'.
El exdirector de Audi, Rupert Stadler, acusado de fraude por el escándalo de las emisiones del 'dieselgate'.

El precio de esta treta fue astronómico. Hasta hoy, Volkswagen ha desembolsado más de 30.000 millones de euros entre multas, compensaciones y costes legales. En Estados Unidos pactó una cuantía que ascendió a los 14.700 millones de dólares entre compensaciones a propietarios y el cobro de las pertinentes autoridades, cifra a la que posteriormente sumó otros miles de millones en sanciones civiles y penales. En Europa, el grupo tuvo que actualizar millones de motores, enfrentándose a demandas colectivas que a día de hoy todavía siguen abiertas y en proceso judicial. Según la Comisión Europea, la marca sigue negándose a indemnizar a los clientes afectados fuera del mercado alemán e incluso durante este año cuatro exdirectivos de Volkswagen han sido sentenciados a prisión por fraude y manipulación de datos.

Lavado de imagen y apuesta por lo eléctrico

Las consecuencias, diez años después, son bastante claras. Previo al escándalo, más de la mitad de los coches que se comercializaban en Europa repostaban gasóleo. Una década después sin embargo, su cuota está por los suelos, con una caída en el viejo continente estrepitosa y una cuota que no supera el 15%, mientras que en España solo representa el 5% de las ventas de coches nuevos.

El golpe fue especialmente duro para Alemania, cuya ingeniería se basaba en la supremacía del motor térmico. Las políticas ambientales se endurecieron y el discurso cambió: el futuro ya no estaba en el diésel, sino que tenía que ser a la fuerza eléctrico. De esta forma, el viejo lema “Think Blue” cobró un nuevo sentido. En Wolfsburgo comprendieron que reconstruir la reputación exigía algo más que pedir perdón: había que reinventarse. Así nació “Strategy 2025”, el plan que abriría su era eléctrica.

Volkswagen invirtió la friolera de 60.000 millones de euros en el desarrollo de vehículos eléctricos, baterías y nuevas instalaciones. La gama ID., formada por los ID.3, ID.4, ID.5, ID.7 y el monovolumen ID. Buzz, junto a los próximos ID. Polo e ID. Cross, es un claro ejemplo de la obsesión del fabricante alemán por olvidar tiempos pasados.

placeholder Angela Merkel, durante una presentación de Volkswagen.
Angela Merkel, durante una presentación de Volkswagen.

Y los números parecen estar respondiendo a esta ofensiva. Entre 2020 y septiembre de 2025, Volkswagen vendió más de 1,5 millones de coches de la familia ID. Solo en los primeros nueve meses de 2025, el grupo entregó 717.500 eléctricos puros, un incremento del 41,7% respecto al año pasado. En Europa, el crecimiento ha sido especialmente fuerte: las ventas en el continente casi se han duplicado respecto a 2020. ​

No hay duda de que una década después de estallido, el dieselgate sigue siendo un espejo incómodo para el fabricante alemán en el que mirarse. Pero también un ejemplo de cómo un cambio de estrategia pudo hacer olvidar el engaño a los consumidores más reticentes. Hoy, casi nadie se acuerda de este fraude. Los coches eléctricos, por su parte, no paran de crecer en el mercado de la automoción. El número de eléctricos vendidos a nivel mundial en el primer trimestre de 2024 fue casi equivalente al vendido en todo el año 2020. Y siguen creciendo.

El 18 de septiembre de 2015, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) destapó uno de los mayores escándalos de la historia del automóvil. Descubrió que los motores diésel de Volkswagen escondían un software que manipulaba las pruebas de emisiones, provocando que sus modelos parecieran menos contaminantes de lo que en realidad eran. La cifra estremeció al mundo: 11 millones de vehículos afectados a nivel global.

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