DISTRACCIONES, PRINCIPAL CAUSA DE ACCIDENTE

La mayor 'cazada' del Pegasus de la DGT: sin cinturón y revisando papeles en un camión

El helicóptero de la DGT es la principal arma contra las distracciones al volante: en la última campaña, casi 6.000 conductores han sido cazados por sus malas artes mientras conducen

Foto: El Pegasus de la DGT captó una de las mayores infracciones al volante. (EFE)
El Pegasus de la DGT captó una de las mayores infracciones al volante. (EFE)

Que en las carreteras españolas se puede ver de todo es una realidad que, cada vez, es más cierta. Desde hace unos años, la Dirección general de Tráfico (DGT) se ha empeñado en acabar con las distracciones al volante, principales responsables de los accidentes en nuestras vías. Pero, en muchas ocasiones, somos los propios conductores los que parece que nos empeñamos en querer ser multados. Como ejemplo, la mayor 'cazada' nunca antes hecha por el Pegasus.

Hace algunos años, posiblemente un conductor podía llevar a cabo ciertas actitudes dentro de un vehículo que eran muy difíciles de ser castigadas. Los radares solo podían medir la velocidad a la que circulábamos, por lo que solo una patrulla que se encontrara en el momento preciso en el que se cometía la infracción era capaz de multarnos. Pero, ahora, las carreteras se han convertido en una especie de 'gran hermano' que todo lo ve gracias a las últimas tecnologías.

Es ahí precisamente donde entra en juego el Pegasus, el helicóptero de la DGT. De hecho, las estadísticas confirman que utiliza más la cámara que incorpora que el radar para controlar la velocidad, porque el mayor número de sanciones que lleva a cabo no son las relacionadas con los límites de las carreteras, sino con aquellas en las que el conductor realiza alguna maniobra ilícita (adelantamiento en línea continua o un giro prohibido) o en la que conduce indebidamente (comiendo o con el móvil).

Pero lo que el Pegasus captó hace solo unos días puede ser considerado como una de las mayores aberraciones que nunca antes se ha visto al volante. El conductor de un camión, que se aprecia que circula por autopista, lleva el cinturón superpuesto en su pecho, pero sin ir fijado a su anclaje. Previamente se lo ha soltado para poder llegar cómodamente a los papeles que tiene junto a él que, sin ningún pudor, comienza a revisar mientras conduce.

No solo no prestaba atención a la carretera, sino que muy tranquilamente y durante un buen puñado de minutos, se encarga de revisar las facturas que tiene pendientes y los albaranes de entrega mientras está a los mandos un vehículo pesado. Es más, se llega a apreciar un bolígrafo en su mano derecha para, tras tener toda la documentación a su alcance, fijarse correctamente el cinturón de seguridad y continuar revisando el papeleo. Casi nada.

El peligro de las distracciones

De hecho, solo hay que echar un vistazo a los fríos datos para comprobar que la DGT se ha puesto seria con las distracciones al volante. En la campaña de control llevada a cabo en el mes de septiembre, el organismo dirigido por Pere Navarro castigó a 128 conductores por leer documentos mientras conducían, a 78 por buscar un objeto en el coche, a 33 por manipular el navegador con el vehículo en marcha y a 32 por distracciones con otros pasajeros.

Pero fue un paso más allá, pues también multó a conductores que comían o fumaban mientras conducían. Ambos actos no están prohibidos al volante ni son susceptibles de multa por sí solos, pero sí pueden ser sancionados económicamente si conllevan perder de vista la carretera. Así, en esa misma campaña hasta 32 conductores fueron multados por comer al volante y otros 6 por fumar, siendo buena parte de estos castigos llevados a cabo por el Pegasus.

Aquella campaña de septiembre, centrada en las distracciones al volante, acabó con 5.794 conductores sancionados por conducir sin prestar la atención necesaria a la carretera. Ahora, se confirma que una de las mayores 'cazadas' que ha hecho el Pegasus en su aún corta vida está íntimamente con esta situación: conduciendo un camión, en plana autovía y revisando los papeles del trabajo. Una distracción que puede salir muy cara, y no precisamente en lo económico.

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