Más de tres años de proceso

Dos mil bocetos y coches de arcilla: así se diseña un automóvil desde cero

Armonía interior, colores que se den la mano o formas que anticipen tendencias futuras. Crear un coche es un proceso que poco tiene de improvisado

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Abrir la puerta. Sentarse. Abrocharse el cinturón. Arrancar el motor. Un coche es más que la suma de sus elementos porque en la industria del automóvil un buen diseño puede ser casi tan importante para un conductor como la potencia o las prestaciones de un vehículo. Y, por ello, los fabricantes no dudan en darle a la fase de diseño el mimo que se merece.

Puede que, a simple vista, los cambios que presenta un nuevo vehículo parezcan meramente cosméticos pero detrás de cada vehículo que sale al mercado hay miles de horas de trabajo sólo en la fase del diseño. Un proceso que no se limita a imaginar sobre papel cómo será ese futuro utilitario sino que pasa por diferentes fases que van desde una centrada en sacar conceptos a base de bocetos hasta la creación de un modelo de arcilla para garantizar que el trabajo ha sido impecable. En total, hasta 200 personas participan en un largo camino que combina la última tecnología con técnicas tradicionales. “El proceso entero dura unos tres años y medio. Ahora estamos trabajando con los colores que saldrán en 2020-2021”, explica al respecto Jordi Font, responsable del departamento de Color & Trim de Seat.

Ese primer instante en el que se deciden las líneas maestras de lo que será el futuro vehículo es crucial para el fabricante. Los diseñadores tienen que ser capaces de anticipar las tendencias que van a predominar en los años venideros sin quedarse demasiado anclados en el presente, lo que podría resultar en un diseño anticuado a la hora de llegar a las calles, ni pasarse de modernos con un diseño que, por muy agresivo, pueda echar para atrás al potencial consumidor.

Antes de que un coche sea una realidad, el concepto surge de la mente de un artista. Y para ello no le queda otra que darle al carboncillo. Hasta dos mil bocetos se llegan a preparar cada vez que un fabricante se plantea un nuevo vehículo y sólo un trabajo será el que se haga con el reconocimiento final. En esta fase vale todo con tal de plasmar esa idea definitiva. ¿Un bolso? ¿Un edificio? ¿Unos zapatos? Todos ellos son válidos como fuentes de inspiración si el resultado final es el adecuado.

Es en esta primera etapa donde también se tienen en consideración aspectos tan importantes como el color o las texturas interiores y exteriores que tendrá el vehículo. En el primer punto se lleva a cabo un trabajo exhaustivo que pasa por experimentar con hasta cien formulaciones diferentes para dar con un tono adecuado. Si creías que esa decisión se remitía a un directivo escogiendo a dedo un pantone, piénsalo dos veces: cada uno de los tonos de un Seat León, por ejemplo, se ha desarrollado a lo largo de tres años.

Font explica que “la armonía” es uno de los aspectos fundamentales a la hora de diseñar un vehículo: “Trabajamos con el concepto de calidad percibida. Que no sólo la tengan los materiales, sino que el conductor los perciba. Todos los negros del interior de un coche son los mismos, por eso hablamos de el negro. Y eso transmite una calidad percibida continua”.

Un proceso similar se sigue a la hora de escoger los materiales y tejidos utilizados en el vehículo. Esos acabados se definen en un proceso en el que participan tanto expertos en bellas artes como diseñadores gráficos o de moda. ¿El objetivo? Tocar todos los palos de la baraja para que la propuesta sea coherente. Una vez decidido cuál va a ser el diseño, llega la hora de hacerlo realidad. Pero para que eso suceda, primero hay que dar forma a un coche, y visitarlo, en un entorno virtual.

Modelado 3D y realidad virtual

En estos primeros pasos es donde el uso de tecnologías avanzadas suponen un avance, ya que permiten ahorrar tiempo y acortar los pasos del proceso de diseño. En concreto, el uso de programas de modelado tridimensional así como de gafas de realidad virtual permiten que los ingenieros puedan tener una primera imagen real de cómo será el vehículo.

Seat, por ejemplo, implementa tecnología de modelado 3D en la que, gracias al uso de aplicaciones los ingenieros elaboran un modelo virtual del vehículo en el que se valida que el diseño del vehículo sea funcional.

Sin abandonar el plano de lo virtual, el siguiente paso implica el uso de visores de realidad virtual. Puede que su uso en el mercado de consumo esté enfocado a los videojuegos, pero las aplicaciones de estos visores se pueden llevar a ámbitos tan diversos como el que nos ocupa.

En un entorno virtual, el ingeniero de turno puede ver el vehículo en prácticamente cualquier posición. Puede sentarse en su interior para contemplar de cerca cómo serán los detalles en el salpicadero o la orientación que tendrán los controles en la consola central. En definitiva, simular con esa experiencia que toda la propuesta tenga sentido y que ningún elemento desentone. En las etapas finales entra en juego la artesanía de toda la vida.

Un coche de arcilla

Barro. Como si se tratara de una escena de Ghost pero con un coche en lugar de un jarrón. Una vez decidido el diseño, el siguiente paso se acerca más a la alfarería que al de una industria nacida en el siglo XX. Haciendo un modelo de arcilla, los diseñadores pueden jugar con varios elementos: el primero, que el material moldeable les permite hacer pequeños retoques si algún punto no funciona del todo bien.

En este proceso se suelen emplear dos tipos de vehículos, uno en miniatura (más manejable) y otro que puede pesar hasta 2.500 kilos y que permite mostrar el volumen, a escala real, del vehículo. No es la única técnica de este estilo utilizada en este proceso ya que también se pueden hacer réplicas en plástico para obtener una mayor sensación de realismo a la hora de juzgar el modelo.

“Es un barro moldeable que, una vez seco, se puede imprimar y pintar y también reutilizar. Los ejecutores de estos diseños son unos modelistas que ponen su sensibilidad a la hora de implementar el factor humano en las formas del coche. Son profesionales muy buscados, porque no hay muchos”, ilustra Font.

"El proceso de costura de un volante, por ejemplo, es artesano en cualquier coche del planeta"

Aunque si hay un trabajo artesano como pocos es el de la costura. El volante, el freno de mano o los asientos son algunas de las piezas en las que un equipo de costureros trabajan a mano con la sola ayuda de una aguja curva y hasta tres kilómetros de hilo por cada color empleado en los interiores. Font recuerda que el proceso de costura de un volante, por ejemplo, es artesano en cualquier coche del planeta: “No se puede coser con una máquina, ha de ser manual. La aguja no es recta, es curvada, y se tienen que utilizar las manos durante el proceso. No hay otra forma de hacerlo”.

Una prueba más de que lo minucioso no está reñido con la tradición. No en vano, antes de que un coche salga por el garaje se han invertido miles de horas para que su diseño sea lo primero que te entre por los ojos.

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