Ojito, la irregularidad se instala en el Banco de España

Les voy a decir una cosa. Estamos empezando a tomar como normales determinados modos de actuar de algunas instituciones de este país que rozan el tercermundismo y se sitúan

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    Les voy a decir una cosa. Estamos empezando a tomar como normales determinados modos de actuar de algunas instituciones de este país que rozan el tercermundismo y se sitúan en las antípodas de lo que de ellas cabría esperar atendiendo a la responsabilidad que tienen atribuida. No me estoy refiriendo, por una vez, a la Corona, aunque esta reflexión inicial le pudiera ser de plena aplicación. Hablo, en este caso, de la timorata actitud del Banco de España, que ha decidido sustituir el imperio de la Circular, marco al que hay que atenerse, por el despropósito de la comunicación más o menos informal a sus supervisados, sin respaldo adicional que dé a sus recomendaciones fuerza vinculante.

    Ya sucedió con el establecimiento de un límite a la rentabilidad de los depósitos bancarios, donde al supervisor sólo le faltó organizar, al más puro estilo escolar, una cadena entre las firmas afectadas para que se comunicaran la buena nueva las unas a las otras. Cuesta pensar ante tanto disparate que no se lo plantearan. Pues bien, no busquen documento alguno sobre este particular, sobre las penalizaciones en caso de incumplimiento o sobre ese 15% de libre remuneración para los mejores clientes del que tanto se ha hablado, pues no lo hay. Vayan a su sucursal y pídanlo. Verán. Se trató de una instrucción verbal ‘por el bien del conjunto de la industria’. Un modo de actuar que generó no poca estupefacción entre aquellos a quienes iba dirigida.

    Como en aquel momento nadie se alzó en armas dialécticas contra tamaña irregularidad, Linde y sus chicos se han crecido y lo han vuelto a hacer, amenazando en convertir en corriente, por la vía consuetudinaria, un modo anormal de desempeñar su tarea. Así ha ocurrido con la disposición que recoge el nuevo tratamiento, a nivel provisiones, de los 125.000 millones de euros en créditos refinanciados por la banca, cambio de criterio que amenaza con dañar aún más las magras cuentas de resultados de la misma en un momento de márgenes decrecientes y de requisitos de capital al alza. Frente a la idea inicial de una Circular, una mera comunicación edulcorada respecto al primer borrador. Y aquí paz y después gloria (Actualización a las 12.30 horas: me llama el Banco de España para decirme que se trata de una resolución aprobada por el Comité Ejecutivo de la entidad, de carácter público, que no modifica la Circular de provisiones 04/2004 pues se limita a fijar directrices comunes y que, además, tiene carácter imperativo. Dicho queda, lo que no quita para que el fondo de la cuestión siga vigente: si para unificar criterios ha transcurrido una década, alguien no está haciendo bien su trabajo).

    Una anomalía que cuenta con el silencio cómplice de las propias entidades financieras, que bastante tienen con lidiar con el oprobio social asociado a dudosas prácticas comerciales cometidas en su pasado reciente. Poco importa que se trate de decisiones que afectan, y mucho, al devenir de su actividad y que, por tanto, requerirían otro tipo de vestimenta normativa que garantice de algún modo su permanencia más allá de la urgencia derivada de la coyuntura puntual. Tampoco ha reaccionado un Gobierno que es, en el fondo, el que se halla detrás de todos estos movimientos y al que la independencia del Banco de España le importa literalmente un comino cuando de abordar los distintos aspectos de los decretos Guindos se trata. No es de extrañar entre quienes han hecho de la burla al Parlamento el eje central de su acción normativa.

    Esto que les cuento hoy parece una chorrada, pero no lo es. Cierto es que hay una mejora estadística en algunas variables macro innegable, que la reforma laboral ha traído unos frutos de competitividad y productividad evidentes, gracias en su mayor parte al descuelgue de los convenios, que la prima de riesgo ha caído dramáticamente ayudando a las cuentas públicas y a una financiación privada cada vez más extrabancaria (Financial Times, "Credit funds could become lenders", 05-05-2013). Pero hay algo con lo que se está jugando peligrosamente en España y es con la seguridad jurídica, a través de la norma de quita y pon en función de las circunstancias, si es que ve finalmente la luz escrita, algo que no siempre acontece. Y mientras este asunto se siga tratando con tanta ligereza, pensar que alguien puede venir a invertir productivamente a este país es una quimera. Llegarán los fondos buitre a la caza de gangas a precio de derribo, donde hay poco que perder y mucho que ganar. Pero poco más.

    Que el mismo Banco de España incurra en ese modo de gestionar a sus supervisados es síntoma de un mal mayor: el de la falta de confianza en las propias medidas y, por ende, el de la credibilidad de nuestra economía.

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