Es noticia
Otra crisis energética…y no aprendemos
  1. Mercados
  2. Tribuna Mercados
El Confidencial

Tribuna Mercados

Por

Otra crisis energética…y no aprendemos

El repunte del gas y la electricidad tras tensiones en Oriente Medio reaviva el riesgo europeo: sin acelerar renovables, bombas de calor y transporte eléctrico, la dependencia externa volverá a golpearnos

Foto: Parque eólico. (EP/Carlos Castro)
Parque eólico. (EP/Carlos Castro)

Cuando Rusia comenzó la invasión de Ucrania en febrero de 2022, Europa recordó una olvidada lección: los países dependientes energéticamente pueden sufrir mucho ante conflictos internacionales que implican a sus proveedores. Pasó en las crisis del petróleo de los 70, pero la memoria histórica es frágil y, dos generaciones después, nadie pensó que algo así podía volver a suceder. Era la confianza en el mundo basado en reglas, la prosperidad compartida y otros muchos de lugares comunes que hoy parecen disolverse como un azucarillo.Esta experiencia, con precios energéticos disparados que, de no haber mediado mecanismos excepcionales o haber durado más tiempo, hubiesen arrasado nuestra economía más allá del golpe inflacionario que se produjo, nos enseñó que debíamos desengancharnos de los combustibles fósiles rápidamente. De forma temporal cambiamos nuestra dependencia de Rusia por la de EE.UU., pero el objetivo era dejar la sustancia, no cambiar de vendedor. El Green Deal se convertía así en una necesidad geopolítica y económica.

Por increíble que parezca, esta lección fue convenientemente olvidada por algunos. A pesar de que teníamos a nuestro nuevo proveedor americano recordándonos con sus amenazas e intentos de chantaje que nuestra dependencia energética era una enorme fuente de debilidad, en los últimos meses hemos visto la suavización de muchas de las políticas del Green Deal en Europa. El caso más claro es la marcha atrás de la prohibición de ventas de vehículos de combustión para 2035, pero también hemos visto suavizar las normas de eliminación de las calderas de gas en Alemania o el reciente intento italiano de poner en cuarentena el mercado de derechos de emisión de CO2.

Todas estas veleidades revisionistas se han dado de bruces con la realidad este inicio de marzo, cuando el ataque a Irán por parte de EE.UU. e Israel ha desestabilizado a varios países exportadores energéticos y ha disparado los precios del petróleo y, sobre todo, del gas natural licuado, tan relevante para Europa en estos momentos. Inmediatamente, los precios eléctricos en España se han disparado también, y no lo han hecho todavía más gracias al importante aporte renovable que tiene ahora nuestro mix eléctrico.

Todavía no sabemos cuál será el alcance temporal de esta situación. En el mejor de los casos, si finalizase en pocos días de una forma que garantice estabilidad a medio plazo, la situación podría volver a la normalidad anterior en poco tiempo. Pero en el peor de los casos nos podemos encontrar de nuevo con una larga crisis energética similar a la que vivimos con la invasión de Ucrania, o incluso peor, ya que acumularíamos distintos frentes: el ruso, el de medio oriente, y la poca fiabilidad del proveedor americano. En todo caso, en un mundo en el que las normas internacionales se resquebrajan poco a poco y la competencia comercial ha sustituido a la cooperación, esto no es más que un nuevo aviso de lo que nos espera.

Foto: crisis-petroleo-cierre-estrecho-ormuz
TE PUEDE INTERESAR
Las crisis del petróleo ya no son lo que eran
Javier Jorrín

La descarbonización, la electrificación y la transición energética no son un capricho ni un antojo ecologista, ahora mismo es una estratégica básica de supervivencia como potencia relevante. La Unión Europea no tiene petróleo ni gas ni lo tendrá y, por tanto, debe transitar con toda la velocidad posible hacia tecnologías electrificadas alimentadas con electricidad producida por los recursos renovables del continente.

Afortunadamente, tenemos una buena noticia: Con solo tres tecnologías podríamos eliminar la mayoría del consumo de combustibles fósiles. Dos tercios del gas que consume la Unión Europea se usa para generación de electricidad y climatización. Con energías renovables y bombas de calor podríamos prácticamente eliminarlos. Además, podríamos eliminar también calor industrial de baja temperatura. Respecto al petróleo, casi la mitad lo usamos para transporte por carretera, que podemos electrificar, y un 10% en climatización y generación eléctrica. Con vehículos eléctricos, renovables y bombas de calor, eliminaríamos dos tercios de nuestra dependencia energética.

Foto: cumbre-seguridad-energetica-trump-1hms

Eso es lo que está haciendo China, que tampoco tiene ni gas ni petróleo en cantidades relevantes. China instala renovables masivamente y está electrificando el transporte a toda velocidad. La mitad de los coches que vende ya son enchufables, pero cuidado, también lo hace con los camiones: La mitad de los camiones vendidos en diciembre de 2025 fueron eléctricos de batería.

No hay un problema tecnológico ni económico para esta transición, el problema está en la resistencia al cambio, en las inercias y en la ausencia de las regulaciones adecuadas. Es un problema, fundamentalmente, de falta de convicción. Y Europa, en este momento, en este mundo, con estas experiencias recurrentes, lo único que no se puede permitir es falta de convicción y de visión estratégica. O nos desenganchamos de los combustibles fósiles o viviremos crisis energéticas recurrentes e iremos a una decadencia progresiva. Aprendamos la lección de una vez.

*Pedro Fresco, especialista en energía

Cuando Rusia comenzó la invasión de Ucrania en febrero de 2022, Europa recordó una olvidada lección: los países dependientes energéticamente pueden sufrir mucho ante conflictos internacionales que implican a sus proveedores. Pasó en las crisis del petróleo de los 70, pero la memoria histórica es frágil y, dos generaciones después, nadie pensó que algo así podía volver a suceder. Era la confianza en el mundo basado en reglas, la prosperidad compartida y otros muchos de lugares comunes que hoy parecen disolverse como un azucarillo.Esta experiencia, con precios energéticos disparados que, de no haber mediado mecanismos excepcionales o haber durado más tiempo, hubiesen arrasado nuestra economía más allá del golpe inflacionario que se produjo, nos enseñó que debíamos desengancharnos de los combustibles fósiles rápidamente. De forma temporal cambiamos nuestra dependencia de Rusia por la de EE.UU., pero el objetivo era dejar la sustancia, no cambiar de vendedor. El Green Deal se convertía así en una necesidad geopolítica y económica.

Unión Europea Energía Combustibles fósiles
El redactor recomienda