Días después del ataque de EEUU e Israel contra Irán, un vecino de Dallas, Anthony Reid, se preguntaba en su casa si una crisis energética apocalíptica para la economía mundial sería precisamente el momento de hacer una gran apuesta bursátil. Mientras miraba fijamente su móvil, en su cabeza estaba considerando invertir una parte de sus ahorros en acciones de Robinhood. Tenía motivos para esperar.
En primer lugar, sería mucho dinero para un repartidor de Amazon de 30 años sin experiencia en inversiones. En segundo lugar, una interrupción histórica del suministro de petróleo provocada por una guerra en Irán podría disparar la inflación y hundir las acciones. Reid, padre de dos niños, también había oído que el mejor momento para invertir era cuando los demás se echaban atrás. "A la mierda", recuerda haber pensado, e hizo clic en "comprar".
Hay momentos en los que las malas noticias son malas noticias para los mercados. Y hay momentos en los que las malas noticias son buenas noticias para los mercados. Luego hay momentos como este, en los que los inversores, incluido Reid, ignoran las malas noticias. Desde los 'day traders' hasta los fondos de cobertura, los inversores vuelven a lanzarse a toda velocidad hacia las acciones y a asumir riesgos. Un escéptico podría encontrar muchos motivos para el pesimismo, por ejemplo, el hecho de que los petroleros siguen sin poder atravesar libremente el estrecho de Ormuz. Además, las dos partes seguían intercambiando amenazas cuando se suspendió la siguiente ronda de conversaciones de paz entre EEUU e Irán. El presidente Trump dijo el martes que ampliaría el alto el fuego, pero que EEUU seguiría bloqueando los puertos iraníes.
Sin embargo, los tres principales índices bursátiles estadounidenses han vuelto a los niveles previos a la guerra e incluso los han superado. Los Siete Magníficos del sector tecnológico han ganado 2,5 billones de dólares en valor de mercado en un periodo reciente de ocho días, y vuelven las apuestas especulativas. Allbirds, la que fuera la marca de calzado favorita de los optimistas tecnológicos en la década de 2010, subió casi un 600% en un solo día la semana pasada tras dar un giro hacia —¿qué si no?— la IA. Los escépticos advierten de que los mercados se ven cada vez más impulsados por apuestas del tipo "solo se vive una vez" y algoritmos que persiguen el impulso, y, como resultado, se están desvinculando de la realidad —o, al menos, haciendo caso omiso de las malas noticias—. Una avalancha de información ha dejado incluso a los mayores operadores con dificultades para distinguir la realidad de la ficción. Al mismo tiempo, Wall Street confía en que los mercados actúen de límite para Trump. Es decir, confían en que el presidente de EEUU hará lo que sea necesario para revertir una caída, incluso si eso implica retractarse de una publicación en redes sociales del día anterior.
Los tres principales índices bursátiles estadounidenses han vuelto a los niveles previos a la guerra e incluso los han superado
Los inversores veteranos afirman que esta subida no hace más que confirmar la sabiduría ancestral de mantener el dinero en los mercados durante las turbulencias. Las amenazas a corto plazo palidecen en comparación con una economía estadounidense que ha capeado crisis tras crisis en los últimos años, a menudo con la ayuda de Washington. La enorme producción de petróleo y gas de Estados Unidos también protege a la economía estadounidense de las crisis que impulsaron la inflación y frenaron el crecimiento en la década de 1970. El actual salto del mercado hacia nuevos récords refleja el mismo impulso de comprar en las caídas que impulsó a las acciones durante la pandemia del covid-19 y la agitación arancelaria del año pasado. Cuatro de las cinco mayores subidas diarias del S&P 500 de este año se han producido durante la guerra.
Para muchos operadores, incluido Reid, cuando las acciones bajan, es el momento de comprar más acciones. Tras caer durante gran parte de marzo, las acciones de Robinhood de Reid se dispararon un 31% en una sola semana. Si las acciones volvieran a caer, dijo, "invertiría más dinero en el mercado". Se trata de un juego peligroso. Incluso después de que prevalezca la paz y se reanude el tráfico marítimo por el golfo Pérsico, muchos analistas creen que los precios de la energía serán más altos durante el resto del año, y que una nueva era de conflictos y nacionalismo económico podría afectar a los mercados más allá de eso. "No somos lo suficientemente inteligentes como para saber si eso va a suceder o no", señala Matthew McLennan, gestor de carteras de First Eagle Investments. "Pero para mí es evidente que los mercados no están preocupados por eso en este momento".
Guerra de palabras
Sean Lambert, director global de DV Commodities, una de las mayores empresas de negociación de derivados del petróleo del mundo, ha sido testigo de cómo se acumulaban los emojis de tacos —unos 100 en seis semanas— en un canal interno de Slack donde su equipo intenta mantenerse al día con el aluvión de noticias. Es un guiño a la dinámica que incluso los operadores más experimentados consideran la más importante: la idea de que Trump da marcha atrás en sus planes más duros, también conocida como "Trump Always Chickens Out" (Trump siempre se acobarda), la operación TACO. Después de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán a finales de febrero, las violentas oscilaciones de las acciones siguieron el ritmo del mercado petrolero. Los precios se convirtieron en una prolongación de la batalla entre una Casa Blanca que intenta contener los costes energéticos y un régimen iraní que intenta hacer lo contrario. Los funcionarios de ambos bandos libran una guerra de información con publicaciones contradictorias en las redes sociales.
En la oficina de DV Commodities en Manhattan, no muy lejos de los restaurantes del West Village, las largas jornadas de trabajo difuminan los límites entre los días para los operadores sentados ante sus escritorios, bañados por la luz de seis pantallas de ordenador. Millones de dólares pueden depender de las oscilaciones de los precios de los derivados vinculados a las cadenas de suministro mundiales de petróleo, combustible, gas natural y otros productos. Lambert puede ver el impacto en las ganancias y pérdidas de su equipo parpadeando en tiempo real en su teléfono. Una frenética subida del 31% en los precios del petróleo tras la apertura de los mercados de futuros un domingo por la noche supuso un movimiento mayor en cuestión de horas del que los operadores podrían ver en muchos años. Una publicación de Trump o noticias sobre un alto el fuego han provocado ocasionalmente que los precios se desplomen, lo que a veces ha brindado oportunidades de negociación fáciles para DV. "Incluso cuando las cosas te salen bien, te sigues sintiendo incómodo", comenta Lambert.
Al operar, "no importa si algo es real o falso", afirma. "Sea cual sea la evolución del precio, esa es tu principal referencia. ¿Quién sabe qué es real y qué es falso en términos de información?". Los operadores petroleros suelen prosperar en la volatilidad que trastoca los mercados y amenaza las economías de la noche a la mañana. Pero esa misma incertidumbre ha llevado incluso a inversores muy alejados del sector energético a analizar minuciosamente los datos sobre el tráfico de petroleros y los movimientos de tropas estadounidenses. Una empresa de investigación ha llegado incluso a enviar a un analista —armado con dinero en efectivo y puros cubanos— a ver el estrecho de Ormuz de cerca. "Probablemente hayamos asimilado más análisis cualitativos de terceros en las últimas seis semanas que en toda nuestra historia en conjunto", asegura Lambert. "Hay que entender lo que piensan los demás".
Esto ha contribuido a una dinámica en la que es difícil apostar en contra del impulso actual, a pesar de que el tráfico marítimo por el estrecho sigue siendo escaso y las reservas de petróleo en todo el mundo están disminuyendo rápidamente. A medida que los precios retrocedían la semana pasada durante el alto el fuego entre Washington y Teherán, Lambert señaló que la liquidez y los volúmenes de negociación también cayeron, lo que supone un aparente retroceso frente al riesgo y una señal de fatiga del mercado. "Al final de la semana pasada todo el mundo decidió que todo había vuelto a la normalidad a pesar de que estamos metiendo un montón de elementos altamente reactivos en una botella y agitándolos". Los futuros del petróleo de referencia mundial han subido un 9% esta semana, hasta los 98,48 dólares el barril, mientras las conversaciones de paz estaban en el limbo.
Una gran expectación
Los operadores de Wall Street aprendieron una lección importante cuando las políticas arancelarias de Trump sacudieron brevemente los mercados mundiales el año pasado, provocando pérdidas de dos dígitos en las acciones en cuestión de días. Algunos, como Alonso Munoz, director de inversiones de Hamilton Capital Partners, lo vieron como una liquidación y compraron acciones. Acertó de pleno cuando Trump dio marcha atrás en su postura arancelaria y los mercados se dispararon. Munoz ha visto cómo se desarrollaba la misma dinámica en la guerra con Irán. Un lunes a mediados de marzo, mientras contemplaba el horizonte de Manhattan desde su oficina en la planta 85, decidió que no quería perderse otra subida vertiginosa. "Esto parece el Día de la Liberación", dijo a sus clientes. Su empresa compró acciones por valor de decenas de millones de dólares, entre ellas de Tesla, Amazon y Oracle. "Esta administración está dispuesta a dar un giro cuando el mercado se tambalea", afirma Munoz. "No había forma de que dejaran que el mercado se metiera en problemas".
A medida que la retórica de Trump frenaba eficazmente las subidas a corto plazo del petróleo, los inversores se resignaron a la perspectiva de unos costes energéticos más altos durante más tiempo, incluso cuando las encuestas de consumo mostraban un desplome de las perspectivas económicas de los estadounidenses. Los grandes bancos anunciaron unos beneficios espectaculares este mes, y los altos ejecutivos de Wall Street dieron a entender que el espectáculo continuaría.
Los operadores de Wall Street aprendieron una lección importante cuando las políticas arancelarias de Trump sacudieron los mercados el año pasado
Después de que los tres principales índices estadounidenses cayeran más de un 7% desde el inicio de la guerra —lo que empujó al Dow y al Nasdaq a territorio de corrección—, han repuntado por encima de los niveles que tenían cuando empezaron a volar los drones y los misiles. Las acciones del sector del transporte, grandes consumidoras de combustible, se recuperaron, en una señal del aumento de la producción industrial. Las acciones de 'software', que estaban en apuros, y las empresas de crédito privado también repuntaron. Cuando el repunte se puso en marcha en los últimos días, los datos indicaban que se trataba más de estrategias de negociación técnicas que de confianza en que la guerra estuviera terminando. Los fondos de cobertura, que habían apostado en contra del mercado a medida que aumentaba la volatilidad, comenzaron a liquidar rápidamente esas posiciones cortas comprando acciones.
Hay un viejo dicho de Wall Street que dice que nada cambia el sentimiento como el precio, y pronto el repunte cobró impulso. Los inversores profesionales se mostraron más optimistas, animados por la proximidad de la temporada de resultados del primer trimestre: los analistas seguían pronosticando un crecimiento de los beneficios de dos dígitos, lo que hacía que las acciones más baratas parecieran una ganga. Los fondos de cobertura que siguen las tendencias se lanzaron a una oleada de compras, lo que contribuyó al impulso. "Las últimas seis semanas han sido una lección magistral sobre cómo las emociones y el comportamiento de las masas pueden provocar oscilaciones de mercado impresionantes", afirma Mark Hackett, estratega jefe de mercado de Nationwide. "Los repuntes técnicos tienen sus limitaciones, y es necesario que la atención de los inversores se desplace hacia los fundamentos para que el repunte se mantenga". Munoz afirma que sus inversores parecían menos preocupados por las oscilaciones que antes. Mientras las acciones caían a finales de marzo, su teléfono permaneció sorprendentemente en silencio. "Los clientes se han acostumbrado a estas caídas bruscas", asegura.
Algunos inversores las disfrutan. Cuando Danner Drake, de 54 años, vio aparecer la noticia de la corrección del Nasdaq en el ordenador de su oficina el 26 de marzo, abrió su aplicación de corretaje. Casi por reflejo, este ingeniero civil afincado en Alabama vendió aproximadamente el 10% de su participación en un fondo indexado convencional y la invirtió en ProShares UltraPro, un fondo cotizado apalancado que promete triplicar la rentabilidad —positiva o negativa— del Nasdaq-100. Tras pisar el freno en marzo, inversores particulares como Drake comenzaron a comprar de nuevo en abril, impulsando las ganancias de valores populares como Palantir, Microsoft y Robinhood. La actividad se hizo eco de "la dinámica del repunte de las 'acciones meme' del verano pasado", escribió Viraj Patel, estratega macro global de Vanda Research, en una nota a sus clientes.
Pero Drake intenta entrar pronto si puede, justo después de que los principales índices sufran una fuerte caída. Durante años, esa ha sido su estrategia: apalancarse un poco, esperar el rebote y recoger las ganancias cuando las acciones se recuperan. Drake, un inversor veterano que aguantó durante la crisis de las puntocom y la recesión de 2007-2009, señala que su experiencia le ha inculcado una especie de fe ciega en la capacidad del mercado de valores estadounidense para recuperarse de prácticamente cualquier crisis. "¿Por qué los mercados vuelven a batir récords? No tengo ni idea. No importa por qué baje —la guerra con Irán, el covid, lo que sea—. Todas estas veces que el mercado cae, ni siquiera me importa, compro más".
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
Días después del ataque de EEUU e Israel contra Irán, un vecino de Dallas, Anthony Reid, se preguntaba en su casa si una crisis energética apocalíptica para la economía mundial sería precisamente el momento de hacer una gran apuesta bursátil. Mientras miraba fijamente su móvil, en su cabeza estaba considerando invertir una parte de sus ahorros en acciones de Robinhood. Tenía motivos para esperar.