De vez en cuando, un activo concreto adquiere más peso de lo habitual a la hora de determinar las maquinaciones generales del mercado. En este momento, ese activo es el petróleo. A medida que la guerra contra Irán compromete el suministro de crudo, los operadores están ajustando las valoraciones de todas las clases de activos, prácticamente con cada movimiento de los futuros del Brent.
No obstante, según un equipo de estrategas de Morgan Stanley liderado por Serena Tang, la dinámica actual plantea un gran problema para los inversores. Esto se debe a que la última subida del precio del petróleo está cambiando las correlaciones en la cartera tradicional compuesta por un 60 % de acciones y un 40 % de bonos. La cartera 60/40 está diseñada para proporcionar crecimiento a partir de las acciones e ingresos a partir de los bonos. Se considera relativamente estable porque, si las acciones caen como resultado de una recesión económica, por ejemplo, eso normalmente impulsaría el precio de los bonos. Sin embargo, en una nota publicada el jueves, el equipo de Morgan Stanley observa que esta semana ha habido ocasiones en las que la subida de los precios del petróleo ha provocado la caída tanto de los precios de las acciones como de los bonos. Los precios de los bonos se mueven de forma inversa a los rendimientos.
Esa dinámica se ha producido porque los precios del petróleo han subido debido a que el riesgo geopolítico ha afectado al suministro y no porque se espere que un mayor crecimiento económico impulse la demanda. El aumento de los costes energéticos puede impulsar la inflación, lo que hace que los bonos sean menos atractivos. "La correlación negativa 'clásica' entre la rentabilidad de las acciones y los bonos se sustenta en la relación 'tradicional' entre el crecimiento y la inflación, que van en la misma dirección: las acciones compensan las pérdidas de los bonos cuando el crecimiento aumenta junto con la inflación, y viceversa", afirma Morgan Stanley.
La subida del precio del petróleo está cambiando las correlaciones en la cartera tradicional de un 60 % de acciones y un 40 % de bonos
La perspectiva de que el aumento de los precios del petróleo provoque que el crecimiento y la inflación se disparen en direcciones opuestas recuerda a Morgan Stanley lo que ocurrió con las carteras 60/40 al salir de la pandemia de COVID. "Entre 2021 y 2023, los mercados de bonos, preocupados por la inflación, no pudieron compensar las pérdidas de las acciones, que estaban preocupadas por el crecimiento. En ese escenario, todos pierden", afirman. En aquel entonces, las carteras 60/40 tuvieron el peor rendimiento anual en casi un siglo y el banco afirma que sigue manteniendo conversaciones con inversores marcados por la experiencia y que se preguntan si los bonos realmente funcionan como diversificadores. "Esas conversaciones casi siempre comienzan con la pregunta: ¿Se han roto las correlaciones? Es una incógnita que ha vuelto a surgir", señalan.
Entonces, ¿qué deben hacer los inversores para mitigar este cambio de correlación? Morgan Stanley apunta que la correlación de los bonos del Tesoro a corto plazo con las acciones sigue estando en territorio negativo tradicional. De hecho, la correlación móvil de 12 meses con los bonos a dos años y las acciones es "extremadamente negativa" en este momento en comparación con los últimos tres años. Sin embargo, las correlaciones negativas entre los bonos del Tesoro a 30 años y las acciones son mucho menos pronunciadas. Según Morgan Stanley, esto refleja en parte el cambio de los inversores, que han pasado de considerar los bonos estadounidenses de mayor duración como un refugio seguro a considerarlos más bien un activo de riesgo en medio de la incertidumbre política.
Esto significa que la brecha entre la correlación de los bonos del Tesoro a 2 años y a 30 años con las acciones estadounidenses se ha mantenido amplia durante un tiempo. El reto para los inversores en este momento, según el banco, es que el aumento de los precios del petróleo está impulsando al alza los rendimientos de los bonos a corto plazo más que los rendimientos a largo plazo. Esto "está provocando un aplanamiento bajista [de la curva de rendimientos], lo que refleja que los temores inflacionistas ocupan un primer plano, mientras que las preocupaciones en torno a la incertidumbre política en Estados Unidos pasan a un segundo plano", afirman. "Que los bonos a corto plazo o los bonos a largo plazo funcionen mejor como diversificadores a partir de este momento dependerá de cuál de estas preocupaciones prevalezca a medio plazo", concluye Morgan Stanley.
*Contenido con licencia de MarketWatch. Traducido por Federico Caraballo
De vez en cuando, un activo concreto adquiere más peso de lo habitual a la hora de determinar las maquinaciones generales del mercado. En este momento, ese activo es el petróleo. A medida que la guerra contra Irán compromete el suministro de crudo, los operadores están ajustando las valoraciones de todas las clases de activos, prácticamente con cada movimiento de los futuros del Brent.