El ataque de EEUU e Israel contra Irán podría salir mal por innumerables razones. De hecho, los analistas parecen haberse centrado casi exclusivamente en ello. En cambio, analicemos todo lo que podría salir bien, aunque solo sea porque eso cambiaría las reglas del juego en materia de seguridad energética y geopolítica mundial.
Si Irán, junto con Venezuela, pronto fuera gobernado por un régimen amigo o, al menos, no hostil hacia EEUU, eso neutralizaría a dos exportadores de petróleo que han sido causa habitual de interrupciones en el suministro en las últimas generaciones. Rusia seguiría siendo la única potencia petrolera adversaria con influencia significativa, y su poder se vería mermado. Se trata de una hipótesis, no de una previsión. En los próximos días o semanas pueden producirse diversos resultados, y la situación en Irán sigue siendo incierta. Dicho esto, hasta ahora todo ha ido bien para EEUU e Israel. El primer día mataron al líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, debilitaron significativamente la capacidad militar de Irán y sufrieron daños limitados como represalia.
Los ataques iraníes han dañado las instalaciones de gas de Qatar y una refinería de petróleo en Arabia Saudí. El tráfico de petroleros en el estrecho de Ormuz se ha detenido. Sin embargo, el estrecho sigue técnicamente abierto, y es probable que la capacidad de Irán para cerrarlo disminuya a medida que EEUU destruya su armada y sus baterías de misiles. La reacción del mercado el lunes sugiere que la interrupción ha sido menor de lo que se temía. El crudo brent subió un 7% hasta alcanzar los 77,74 dólares por barril el lunes, por debajo de los 80 dólares o más que muchos analistas habían previsto. Las acciones estadounidenses apenas variaron. Aunque el presidente Trump pidió inicialmente un cambio de régimen, es posible que acabe por no llegar a tanto. Tras destituir al presidente venezolano Nicolás Maduro, Trump dejó al frente a la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, a cambio del control de las exportaciones y la industria petroleras del país.
En los próximos días o semanas pueden producirse diversos resultados, y la situación en Irán sigue siendo incierta
Un consejo provisional gobierna ahora Irán mientras el país busca un sucesor para Jamenei. Es posible que Trump permita que el régimen se mantenga en el poder si cumple sus condiciones originales: el fin del enriquecimiento nuclear y el desarrollo de misiles balísticos, y el cese del apoyo a grupos afines como los hutíes en Yemen y Hezbolá en el Líbano. Cabe pensar que el régimen considere que esa es una opción menos mala que continuar con la guerra aérea y la amenaza de una revuelta interna. El acuerdo podría allanar el camino para el fin de las sanciones. Al igual que en Venezuela, el fin de las sanciones solo impulsaría gradualmente la producción iraní, debido a décadas de inversión insuficiente. Su producción pasaría de los 3,2 millones de barriles diarios actuales a 3,6 millones a finales del próximo año, justo por debajo de la capacidad actual de 3,8 millones, según Rystad Energy.
A largo plazo, el nuevo suministro podría ser significativo. Las reservas probadas de Irán eran las cuartas más altas del mundo en 2020, por detrás de Venezuela, Arabia Saudí y Canadá, según el Energy Institute. Antes de la revolución de 1979, producía entre 5 y 6 millones de barriles al día. Su producción combinada con la de Venezuela equivalía a la de Arabia Saudí. Tan importante como cualquier nuevo suministro procedente de Irán es la disminución de la amenaza de su retirada repentina. Irán ha sido una fuente casi continua de perturbaciones en los mercados petroleros, una historia que se remonta a su revolución de 1979, pasando por su guerra con Irak en la década de 1980 y los años de sanciones impuestas por su presunta búsqueda de un arma nuclear. Venezuela ha sido otra fuente habitual de perturbaciones en el suministro, desde la huelga petrolera de 2002 hasta la imposición de sanciones durante el primer mandato de Trump.
Sin esas amenazas al suministro, el mundo entero se beneficiará de una menor volatilidad y de una menor "prima geopolítica" incorporada al precio del petróleo. Es probable que el beneficio económico para EEUU sea escaso. El país ya es un exportador neto de petróleo y los minerales críticos y los semiconductores son una fuente de vulnerabilidad económica mayor para EEUU que el petróleo. No obstante, si Trump logra que Venezuela e Irán pasen de ser regímenes implacablemente hostiles a ser, como mínimo, neutrales o incluso amigos, el beneficio geopolítico será enorme. Con el lento acercamiento de las relaciones árabe-israelíes, a pesar de la tensión provocada por la guerra de Israel en Gaza, la normalización de las relaciones entre Irán y EEUU podría significar el fin del conflicto de Oriente Próximo como amenaza constante para la economía mundial. Los recursos militares dedicados a la región podrían dirigirse hacia el Indo-Pacífico.
Venezuela, al igual que Irán, llevaba mucho tiempo desestabilizando a sus vecinos, apoyando a regímenes hostiles y era una importante fuente de petróleo para China. Ambos han sido aliados fiables de Rusia en sus continuos esfuerzos por diluir la influencia estadounidense en todo el mundo. Rusia se enfrenta ahora a la pérdida de ambos, además de a la perspectiva de que su petróleo reduzca sus ventas. Por otro lado, podría beneficiarse de la pérdida de acceso de China al petróleo barato y sancionado, según Jorge León, jefe de análisis geopolítico de Rystad. Obviamente, este escenario pasa por alto riesgos extraordinarios más allá de los más obvios, como que el régimen sea sustituido por otro peor o que no haya ninguno —es decir, una guerra civil—.
Sin las amenazas al suministro, el mundo entero se beneficiará de una menor volatilidad y de una menor "prima geopolítica"
Incluso si el régimen solicita la paz, es posible que EEUU necesite un compromiso militar continuo para garantizar que cumpla con los términos. Del mismo modo, mantener la cooperación del nuevo líder de Venezuela requiere "una armada estacionada frente a su costa", señala Kevin Book, director de investigación de ClearView Energy Partners. Hay una dolorosa lección que aprender del pasado: EEUU expulsó a Irak de Kuwait en 1991, pero no llegó a cambiar el régimen. En su lugar, mantuvo las sanciones y las zonas de exclusión aérea antes de llegar a la conclusión de que solo un cambio de régimen pondría fin a la amenaza de Irak para la región, y lo invadió. Es precisamente el escenario que Trump ha jurado evitar.
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
El ataque de EEUU e Israel contra Irán podría salir mal por innumerables razones. De hecho, los analistas parecen haberse centrado casi exclusivamente en ello. En cambio, analicemos todo lo que podría salir bien, aunque solo sea porque eso cambiaría las reglas del juego en materia de seguridad energética y geopolítica mundial.