La caída en picado de las acciones del sector del software, que arrastró consigo a las grandes tecnológicas, el crédito privado e incluso el mercado de bonos corporativos la semana pasada, terminó con un notable repunte, lo que ha dejado a los inversores a la expectativa de más turbulencias en el futuro. Los días de caídas se debieron a la preocupación de los inversores por que la disrupción provocada por la inteligencia artificial pudiera ser más generalizada de lo que se pensaba y al temor de que las empresas que gastan cientos de miles de millones de dólares en el desarrollo de la IA no lograran obtener los beneficios astronómicos esperados.
Esas preocupaciones siguen vigentes. Sin embargo, el viernes, los inversores que han aprovechado los momentos de volatilidad para comprar en cada caída de esta tendencia alcista volvieron con fuerza. El Dow Jones Industrial Average se disparó más de 1.200 puntos, superando los 50.000 por primera vez. Por su parte, el S&P 500 recortó pérdidas y terminó la semana con pocos cambios. "El mercado alcista sigue intacto", afirma Angelo Kourkafas, estratega sénior de inversiones globales de Edward Jones. "Consideraríamos cualquier retroceso como una oportunidad para volver a participar".
Las tensiones persisten al inicio de la nueva semana bursátil. Incluso durante la subida del viernes, se observaron signos persistentes de escepticismo por parte de los inversores ante las enormes cantidades de dinero que se están destinando a gastos en inteligencia artificial. Las acciones de Amazon.com cayeron un 5,6 %, perdiendo alrededor de 133.000 millones de dólares en valor de mercado después de que la empresa anunciara que tiene previsto gastar 200.000 millones de dólares en costes relacionados con la inteligencia artificial este año. Las acciones de Alphabet cayeron un 2,5 %. Aunque el repunte del viernes sugiere que los inversores consideraron que la venta masiva fue excesiva, pocos discuten que las perspectivas a largo plazo para las empresas de software que desencadenaron la reciente venta, y otras empresas en la senda de los avances de la IA, son cada vez más inciertas . "La inteligencia artificial parece ser bastante inteligente para programar", afirma David Kelly, estratega jefe global de J.P. Morgan Asset Management. "Las empresas no van a deshacerse de la noche a la mañana del software que está integrado en todos sus sistemas. Pero, como reto a largo plazo, la IA parece una amenaza razonable para el sector".
Las tensiones persisten al inicio de la nueva semana bursátil
La semana que viene, los inversores podrán consultar el informe de empleo de enero, que se ha retrasado, y las nuevas cifras de inflación, datos que podrían influir en la política de tipos de interés y en los mercados en los próximos meses. La bajada de los tipos sería una buena noticia para los inversores tecnológicos, que aún se están lamiendo las heridas de la semana pasada. Los fondos de cobertura llevan mucho tiempo reduciendo su exposición a las acciones de software, según han comunicado recientemente los analistas de Jefferies a sus clientes. En su momento álgido, las ventas fueron "extremas" y "completamente insensibles al precio", escribieron los analistas. Para algunos, el golpe de la semana pasada ha reavivado los temores que se tenían desde hacía tiempo sobre el dominio de la IA en el mercado bursátil y la economía. A los inversores hace tiempo que les preocupa que las espectaculares ganancias de las acciones de IA en los últimos años hayan hecho que la recuperación bursátil dependa excesivamente de un puñado de gigantes tecnológicos, y que el enorme gasto en IA de algunas de las empresas más grandes del mundo esté ocultando una debilidad más generalizada de la economía.
La venta masiva de software y sus efectos secundarios han dejado a los inversores nerviosos, tratando de evaluar dónde podría caer el próximo golpe. Clark Bellin, director de inversiones de Bellwether Wealth, con sede en Nebraska, ha afirmado que su empresa tiene previsto reducir su exposición a la tecnología y utilizar ese efectivo para reforzar sus posiciones en acciones de empresas de los sectores industrial y de materiales. "Te hace preguntarte qué otros sectores se han visto impulsados por la pura especulación" ha declarado Bellin.
Los datos recientes no ofrecen mucho consuelo. El número de puestos de trabajo vacantes en Estados Unidos se redujo en casi un millón el año pasado, según un informe mensual del Departamento de Trabajo. El sector privado creó 22.000 puestos de trabajo en enero, según las estimaciones de la empresa de recursos humanos ADP, menos de la mitad de la cifra prevista por los analistas encuestados por The Wall Street Journal. El informe de empleo de enero se retrasó por el breve cierre del Gobierno, lo que enturbió la lectura de los inversores sobre la economía. "Los datos económicos son bastante mediocres", señala Kelly. "Tenemos una economía muy floja que sustenta un mercado bursátil sobresaliente, y creo que eso también es parte del problema". A medida que los inversores han huido de la tecnología, hay indicios de una rotación hacia sectores como los productos básicos de consumo, los que mejor rendimiento han tenido en el S&P 500 durante la última semana. Los inversores suelen considerar este sector como una apuesta defensiva, ya que la gente sigue comprando productos de primera necesidad cuando la economía se ralentiza.
El índice Russell 2000, que agrupa a las acciones de menor capitalización más sensibles a la economía, subió un 3,6 % el viernes. No obstante, algunos inversores apuestan ahora a que el respiro no durará. Una medida de opciones denominada "skew" (sesgo) para el fondo cotizado en bolsa iShares Russell 2000, que sigue un índice de empresas más pequeñas, alcanzó a principios de semana su nivel más alto desde noviembre, según datos de Cboe Global Markets. Un skew más alto suele indicar que los precios de las opciones de venta, que a menudo se utilizan para protegerse contra las caídas, son más caros en relación con las opciones de compra, que suelen representar apuestas alcistas. Algunos inversores esperan que los sólidos beneficios empresariales contribuyan a impulsar la recuperación bursátil.
Se prevé que las empresas del S&P 500 registren un aumento del 14 % en sus beneficios para 2026, según FactSet. Al mismo tiempo, muchos siguen esperando que continúen las oscilaciones que han caracterizado los primeros días de 2026. "No quiero pintar esto como el fin del mundo, pero creo que la volatilidad se mantendrá durante un tiempo", afirma Bellin.
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
La caída en picado de las acciones del sector del software, que arrastró consigo a las grandes tecnológicas, el crédito privado e incluso el mercado de bonos corporativos la semana pasada, terminó con un notable repunte, lo que ha dejado a los inversores a la expectativa de más turbulencias en el futuro. Los días de caídas se debieron a la preocupación de los inversores por que la disrupción provocada por la inteligencia artificial pudiera ser más generalizada de lo que se pensaba y al temor de que las empresas que gastan cientos de miles de millones de dólares en el desarrollo de la IA no lograran obtener los beneficios astronómicos esperados.