Lo que debería ocurrir cuando se destruye el orden mundial y se imponen impuestos a los aliados más cercanos es una mayor volatilidad e inflación, con retrocesos en la inversión empresarial, los precios de las acciones y el crecimiento. Durante el fin de semana, el presidente Trump amenazó con imponer aranceles al Reino Unido, Francia, Alemania y otros países europeos que se oponen a su exigencia de que Dinamarca ceda Groenlandia a EEUU.
Los futuros bursátiles cayeron, el rendimiento implícito de los futuros del Tesoro a 10 años subió y los precios del oro se dispararon, mientras que el dólar cayó frente al euro y la libra esterlina. Sin embargo, si los inversores están tratando de valorar un posible desastre, la probabilidad que le asignan es muy pequeña. En teoría financiera, los inversores deberían asignar una probabilidad al escenario más extremo. Trump afirma que la escalada de aranceles tiene como objetivo obligar a Dinamarca a vender Groenlandia, pero esto conlleva el riesgo de represalias comerciales por parte de Europa y de debilitar la OTAN. La perspectiva a largo plazo es que Rusia y China se aprovechen de un Occidente más débil y dividido o, incluso, con el rearme, el eventual ascenso de Europa como nueva tercera potencia mundial. Cualquiera de las dos opciones podría ser muy perjudicial para los inversores.
Los futuros del S&P 500 cayeron algo más de un 1% durante la noche, similar a la caída de las acciones europeas, y el oro subió menos de un 2%. Estos no son precisamente signos de que los inversores se estén preparando para un desastre: las acciones han registrado una media de 21 caídas de este tipo al año desde 1964, y los futuros del oro han subido esta cantidad una media de 15 veces al año desde 1979. Hay cuatro formas de justificar esto. En primer lugar, es posible que los inversores se hayan acostumbrado a Trump. La reacción del mercado fue mucho más fuerte cuando el presidente dio a conocer sus aranceles "recíprocos" el pasado mes de abril.
Si los inversores están tratando de valorar un posible desastre, la probabilidad que le asignan es muy pequeña
Al final, la economía salió bien parada, la inversión empresarial aumentó y, aunque la inflación fue un poco más alta de lo que podría haber sido, al final del año seguía siendo más baja que cuando Trump asumió el cargo. Las acciones han tenido un buen año y, al cierre del viernes, el índice de volatilidad del CBOE se situaba más o menos al mismo nivel que cuando Trump tomó posesión, mientras que los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años han bajado. En segundo lugar, tal vez se trate de un resurgimiento del llamado 'TACO trade', es decir, apostar a que Trump siempre se echa atrás. Si bien algunas de sus políticas se han mantenido, ¿qué probabilidades hay de que imponga los nuevos aranceles anunciados para el próximo mes? Nadie más que él puede saberlo, pero es muy difícil saber cuándo habla en serio y cuándo dará marcha atrás. Incluso si habla en serio, al Congreso no le gusta la idea y su enfoque de los aranceles podría ser declarado ilegal por el Tribunal Supremo en una decisión que probablemente se tomará pronto. Es fácil entender por qué los inversores podrían considerar esto como un hecho pasajero.
En tercer lugar, tal vez los inversores puedan verlo como algo positivo. Una Europa asustada gastará mucho más en su ejército, aunque seguirá siendo reacia a repercutir los costes íntegramente a los contribuyentes. Las acciones de defensa europeas subieron el lunes, mientras que las empresas de servicios públicos nacionales de Europa se beneficiaron de la huida hacia la seguridad. Si los gobiernos europeos responden gastando más, eso es bueno para los accionistas, aunque no para los tenedores de bonos. Y en cuarto lugar, es difícil imaginar un nuevo orden mundial, y es plausible que a los inversores les resulte tan difícil valorar esta perspectiva que simplemente la ignoren. Algo así ocurrió cuando el archiduque austriaco Francisco Fernando fue asesinado en 1914. Los inversores lo ignoraron durante casi un mes, pero cuando quedó claro que se avecinaba la guerra, cundió el pánico, lo que provocó una crisis financiera en Londres, entonces el pilar de las finanzas mundiales. Del mismo modo, el precio de los bonos rusos subió, en lugar de bajar, durante meses después de que el nuevo Gobierno comunista repudiara la deuda de Rusia en 1918, prácticamente eliminándola (los descendientes de los inversores finalmente obtuvieron una pequeña compensación).
El estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 afectó inicialmente a las acciones británicas, pero en marzo de 1940 alcanzaron su máximo en un año, según datos de la gestora de fondos Winton Group. Los inversores no vieron venir que los nazis invadirían Europa continental y destruirían gran parte de la industria británica en los bombardeos aéreos, y que el Reino Unido perdería su imperio. Los precios de las acciones se desplomaron cuando cayó Francia. El problema para los inversores es real. Si reaccionaran ante cada acontecimiento que pudiera amenazar el orden mundial, nunca asumirían ningún riesgo. Si aciertas en uno de estos grandes puntos de inflexión, te haces rico, pero si te equivocas en todos los demás, pierdes mucho.
Los primeros efectos de un nuevo orden mundial se manifestaron el año pasado en las acciones extranjeras, que superaron con creces a las estadounidenses, y en la fuerte caída del dólar. Me inclino a pensar que otros países intentarán poco a poco desvincular sus economías, finanzas y ejércitos de los EEUU, lo que implicaría más de lo mismo. Sin embargo, es perfectamente plausible que se produzca una ruptura repentina y catastrófica, tal vez cuando Rusia y China aprovechen las divisiones occidentales, o que no ocurra gran cosa y Europa ceda ante EEUU. Un nuevo orden mundial podría adoptar muchas formas, y los inversores que apuesten por él deben mantenerse flexibles.
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
Lo que debería ocurrir cuando se destruye el orden mundial y se imponen impuestos a los aliados más cercanos es una mayor volatilidad e inflación, con retrocesos en la inversión empresarial, los precios de las acciones y el crecimiento. Durante el fin de semana, el presidente Trump amenazó con imponer aranceles al Reino Unido, Francia, Alemania y otros países europeos que se oponen a su exigencia de que Dinamarca ceda Groenlandia a EEUU.