Del "listos y armados" a la llamada de Netanyahu: por qué paró Trump el inminente ataque a Irán
Altos cargos militares de EEUU se preparaban para un ataque el miércoles, pero al presidente le advirtieron de que podría llevar a un conflicto prolongado en Oriente Próximo
El martes, el presidente Trump dijo que había cancelado todas las reuniones con los líderes de Irán y pidió a los iraníes que protestan contra su Gobierno que derroquen al régimen. Aseguró: “La ayuda está en camino".
Solo tres días después, Trump da a entender que no habrá ataques inminentes contra Irán. El presidente de EEUU, que parecía haber llevado al país al borde de la guerra, se repliega de una intervención militar mientras Teherán no ejecute a más manifestantes.
La pausa culmina tras casi una semana de tensiones crecientes entre Washington y Teherán. Durante esos días, los aliados regionales de EEUU advierten a Trump de que una campaña de bombardeos podría derivar en un conflicto más amplio. En paralelo, también se empiezan a preparan altos mandos militares estadounidenses para una orden de ataque el miércoles que nunca llega.
La posibilidad de un ataque, menos de dos semanas después de que fuerzas de EEUU capturaran al líder venezolano Nicolás Maduro, sacude a dirigentes en capitales de todo el mundo. Temen que la inclinación de Trump por ataques aéreos rápidos provoque otro conflicto largo en Oriente Próximo y, aun así, no consiga desalojar al régimen iraní.
EEUU envió a la región un grupo de ataque de portaaviones, más cazas y defensas antimisiles. Es una señal de que las bombas todavía podrían caer poco después de su llegada. Pero el viernes, preguntado por los periodistas sobre si la ayuda estadounidense a los manifestantes seguía en camino como había prometido, Trump reconoció que él solo decide no dar la orden de ataque.
“Nadie me convenció. Me convencí yo”, reconoció. “No colgaron a nadie. Cancelaron los ahorcamientos. Eso tuvo un gran impacto”.
Las publicaciones repetidas de Trump en redes sociales en apoyo de los manifestantes desatan un juego de especulaciones sobre si volvería a plantearse atacar a Irán. El pasado junio, prometió dar a Irán hasta dos semanas para negociar sobre su programa nuclear, antes de atacar el país mucho antes de que venciera ese plazo. Ya había decidido enviar bombarderos B-2 y un submarino con misiles crucero para atacar tres instalaciones nucleares iraníes cuando fijó el ultimátum original, lo que lleva a algunos a sospechar que esta estrategia es una maniobra parecida a la de la otra vez.
Atacar las instalaciones nucleares iraníes en una operación de “entrar y salir” es una misión mucho menos difícil que usar la fuerza para obligar a un régimen autoritario a escuchar a una población agitada o incluso a ceder el poder.
A Trump le advierten de las perspectivas desalentadoras de un cambio de régimen, informa The Wall Street Journal, incluso después de decir en repetidas ocasiones que EEUU apoyaría lo que algunos llaman una nueva revolución iraní. Ahora, los críticos temen por el futuro de los manifestantes, que se habían venido arriba con el llamamiento de Trump.
“Ha puesto en juego la credibilidad de Estados Unidos”, dice Suzanne Maloney, experta en Irán y vicepresidenta de política exterior del ‘think tank’ Brookings Institution, en Washington. “Habrá, y ya hay, una sensación de traición y reacción en contra entre los iraníes que durará mucho más allá de esta presidencia”.
Aunque la Casa Blanca insistía en que Trump todavía no ha tomado una decisión final sobre si atacar Irán, la crítica de que el presidente estadounidense se había echado atrás parece reprochar las acciones de alguno de los predecesores de Trump. Entonces, el presidente George H. W. Bush animó a los iraquíes a levantarse contra Sadam Husein, pero luego optó por mantenerse al margen del conflicto interno cuando los chiíes se rebelaron contra el dictador tras la Guerra del Golfo de 1991.
Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, aseguró en un comunicado el viernes que nadie sabía qué decidiría el presidente salvo él mismo. “Mantiene abiertas todas las opciones y tomará las mejores decisiones para el interés de los Estados Unidos y del mundo".
Trump se reunió a finales de diciembre con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en Mar-a-Lago. El líder israelí le trasladó su preocupación por los intentos de Irán de reconstruir su fuerza de misiles, castigada por los ataques aéreos israelíes. En ese momento, las protestas en Irán iban en aumento y Netanyahu le adelantó que el régimen iraní probablemente sofocaría las protestas con violencia, según han asegurado altos cargos estadounidenses familiarizados con la conversación. Trump preguntó a sus asesores por los disturbios y por si había algo que EEUU pudiera hacer.
El 2 de enero, Trump amenazó con una acción militar estadounidense para intentar convencer a Teherán de que no disparase contra los manifestantes ni los matara. “Estamos listos, armados y preparados para actuar”, publicó. Mismo mensaje que ha repetido en varias ocasiones tanto en declaraciones a la prensa, como en su red social.
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A medida que crecen las protestas —alimentadas por una crisis económica, la represión y los mensajes de apoyo de EEUU— también crece la furia de Teherán. Activistas y organizaciones de derechos humanos sostienen que al menos 2.000 personas han muerto en solo unos días, aunque los observadores sospechan que el balance real es mucho mayor.
“Irán, bajó el puño de hierro con una rapidez y una ferocidad que no habíamos visto antes”, dice Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán del International Crisis Group. El régimen puede tener un “incentivo perverso” para aplastar el movimiento de forma aún más rápida y brutal antes de que EEUU se estuviera preparado para bombardear.
Durante la semana, diplomáticos iraníes intentaron convencer a EEUU de que no atacara el país y de que reanudara, en su lugar, las conversaciones nucleares. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, contactó con la administración estadounidense con la esperanza de organizar una reunión con el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, en la estación suiza de Davos antes del inicio del Foro Económico Mundial de la próxima semana, según informaron fuentes tanto árabes como europeas. La reunión nunca se llegó a cerrar.
Paralelamente, funcionarios de EEUU y otros mandos militares diseñaron diferentes opciones para que el presidente pudiera responder a la asfixia de la disidencia en Irán. También están recibiendo observaciones informales de altos cargos como el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio.
El martes, Trump tenía previsto reunirse con altos responsables, entre ellos el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, para revisar algunos de los planes. Pero se saltó la reunión y volvió a exponer su opinión en Truth Social: “Patriotas iraníes, SEGUID PROTESTANDO—¡TOMAD EL CONTROL DE VUESTRAS INSTITUCIONES!!!”, publicó. “LA AYUDA ESTÁ EN CAMINO”.
Esa noche, en una entrevista en CBS News, Trump reconoció que no estaba pudiendo conseguir cifras fiables sobre cuántas personas está matando el régimen iraní. Pero si Teherán ahorca a manifestantes, “tomaremos medidas muy contundentes”, aseguró.
Las declaraciones de Trump “sin duda amplifican la sensación de que existe una posibilidad para los iraníes”, dice Maloney, de Brookings, aunque el apoyo de EEUU puede no ser un factor clave para que los manifestantes mantengan las protestas, dada su larga desconfianza hacia Washington.
En ese momento, Trump se inclina por ordenar un ataque y ordena al Pentágono preparar un golpe contra Irán, según funcionarios de EEUU. Mandos militares se van a dormir esa noche esperando que el presidente diera la orden al día siguiente. A primera hora del miércoles, el Ejército de EEUU evacua a parte del personal de la base aérea de Al Udeid, en Catar, hogar de aviones estadounidenses y principal centro de mando de la guerra aérea en la región.
Sin embargo, Trump escucha a su equipo y EEUU no puede estar seguro de conseguir derrocar al régimen solo con una rápida oleada de ataques aéreos, dicen los funcionarios consultados. No está claro que bombardear objetivos militares y civiles iraníes ayude a la revuelta y debilite al Gobierno. Además, EEUU no tiene en la región los medios militares necesarios para lanzar un ataque a gran escala y sostenido en el tiempo, que pueda poner al régimen iraní contra las cuerdas. Al mismo tiempo, tampoco pueden asegurar protección a sus fuerzas armadas y a sus aliados en la zona, aseguraron sus asesores al presidente.
Responsables de Israel y de países árabes también transmiten a Washington que no es el momento de atacar, según cuentan los funcionarios de EEUU. La situación en Irán es demasiado volátil, dicen esos líderes, y las protestas ya han sido en gran medida sofocadas por la represión del régimen. Además, no está claro quién lideraría la oposición si el Gobierno de Teherán se derrumbara bajo el poder aéreo de EEUU.
Según fuentes árabes, el asesor de seguridad nacional de Irán, Ali Larijani, y otros responsables presionan a países de la región, incluidas las monarquías del Golfo, Irak y Turquía, para que empujen a Trump a dar marcha atrás el miércoles. En una serie de “puntos clave”, los responsables iraníes aseguran que los países del golfo Pérsico como Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí sufrirían represalias contra las bases estadounidenses que albergan en su territorio si Irán fuera atacado.
Para la tarde del miércoles, el mensaje de Trump sobre la necesidad de un ataque parece cambiar. Dice a los periodistas en la Casa Blanca que Irán ha comunicado a su Administración que han parado las muertes de manifestantes, aunque no revela quién transmite el mensaje. “No hay ningún plan de ejecuciones”, dice. “Me lo han dicho con buena información”. Trump repite además un argumento iraní: los manifestantes también disparan contra las autoridades del régimen.
Araghchi, el principal diplomático iraní, asegura esa noche en una entrevista en Fox News que el régimen dejará de matar y ahorcar a manifestantes.
Trump también habla por teléfono el miércoles por la noche con Netanyahu. El líder israelí reitera que EEUU no debería atacar Irán en este momento, porque hay dudas sobre si los bombardeos llegarían demasiado tarde para ayudar a los manifestantes. Israel, por su parte, necesitaría sin duda un despliegue militar estadounidense mejor posicionado para ayudar a defender el país ante una represalia iraní.
Aun así, el jueves EEUU sigue enviando más medios militares hacia Irán, una señal de que Trump podría reconsiderar su decisión y ordenar un ataque. Leavitt dice a los periodistas que la postura del presidente sigue siendo la misma: “Si continúan las muertes, habrá graves consecuencias”. Eso sí, afirma que están satisfechos de que Irán se comprometa a no ejecutar a 800 personas. Leavitt no dice de dónde sale esa cifra.
Para la mañana del viernes, Trump también se muestra satisfecho con el hecho de que no habrá más ahorcamientos y rebaja el tono. “Respeto enormemente el hecho de que todos los ahorcamientos previstos… hayan sido cancelados por el liderazgo de Irán. ¡Gracias!”.
El senador Lindsey Graham, aliado de Trump, también ajusta su tono tras pasar la semana defendiendo abiertamente un asalto a gran escala. El republicano de Carolina del Sur, que a principios de semana comparó el régimen de Irán con los nazis, pidió frenar la represión “por cualquier medio necesario”, escribe que evitar los 800 ahorcamientos que Trump dice que estaban previstos es un logro significativo. “Con suerte, la gente no tendrá que vivir bajo este régimen y esta amenaza para siempre”.
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal.
El martes, el presidente Trump dijo que había cancelado todas las reuniones con los líderes de Irán y pidió a los iraníes que protestan contra su Gobierno que derroquen al régimen. Aseguró: “La ayuda está en camino".