Es noticia
Trump quiere calentar la economía. Y puede que lo consiga
  1. Mercados
  2. The Wall Street Journal
consecuencias futuras

Trump quiere calentar la economía. Y puede que lo consiga

Aumentar los estímulos conlleva riesgos, pero estos se materializarían en el futuro

Foto: Donald Trump durante un mitin en Montana, Estados Unidos. (Getty/Michael Ciaglo)
Donald Trump durante un mitin en Montana, Estados Unidos. (Getty/Michael Ciaglo)
EC EXCLUSIVO

La mayor parte de las veces, los presidentes no tienen mucha influencia en la economía, ya que esta es demasiado grande y compleja. Sin embargo, este año no será como la mayoría. El presidente Trump está tomando medidas sin precedentes para reactivar la economía, y hay muchas posibilidades de que lo consiga.

Foto: latinoamerica-trump-peronismo-democracia-autoritarismo-1hms Opinión

Washington tiene tres grandes herramientas que influyen en el crecimiento: la política fiscal (impuestos y gasto), la política monetaria (tipos de interés) y la política crediticia (la facilidad para obtener préstamos). Tradicionalmente, estas herramientas no han estado coordinadas: la política fiscal seguía el ciclo del Congreso, la política monetaria la fijaba una Reserva Federal independiente y la política crediticia reflejaba a menudo decisiones aleatorias de los reguladores.

Este año, las tres están orientadas al estímulo, lo que refleja el enfoque decidido de Trump y los republicanos del Congreso en un crecimiento económico más rápido. Esperan que eso les dé la victoria en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. En el proceso, están comprometiendo otros objetivos: el control de la deuda, la independencia de la Reserva Federal y la estabilidad financiera a largo plazo. Las consecuencias de ello se verán más adelante.

Cambio fiscal

La primera razón para ser optimista con respecto a 2026 es que 2025 ha sido un año notablemente bueno (aunque muchos estadounidenses no estén de acuerdo). El producto interior bruto ajustado a la inflación probablemente ha crecido alrededor de un 2,5%, en línea con el sólido ritmo de los dos años anteriores. Los principales impulsores han sido la inversión en inteligencia artificial y centros de datos, además del gasto de los consumidores impulsado por un mercado bursátil fuerte. Esto no se ha conseguido agotando la capacidad excedentaria; de hecho, la tasa de desempleo ha aumentado ligeramente. Por lo tanto, la base de referencia para el crecimiento en 2026 debería estar muy por encima del 2%. Ahora bien, recordemos que los resultados del año pasado se obtuvieron a pesar de la política fiscal restrictiva. Los aranceles de Trump recaudaron aproximadamente 200.000 millones de dólares, la mayor parte de los cuales fueron pagados por empresas y hogares estadounidenses.

Este año, los aranceles medios no van a subir, y podrían bajar si el Tribunal Supremo dictamina que algunos se impusieron ilegalmente. Mientras tanto, la ley de impuestos y gastos que Trump promulgó en julio ofrece deducciones fiscales nuevas o ampliadas, en particular para los impuestos estatales y locales, las horas extras, las propinas y las personas mayores. Aunque esos recortes fiscales eran retroactivos al comienzo de 2025, las tablas de retención de impuestos no se ajustaron hasta principios de este año. Esto generará un doble estímulo. Muchos trabajadores verán tanto un aumento en su salario neto este mes como una devolución de los impuestos del año pasado cuando presenten sus declaraciones. Donald Schneider, analista de políticas de Piper Sandler, considera que esto inyectará casi 200.000 millones de dólares en la economía, lo suficiente para impulsar el crecimiento anualizado del primer semestre hasta medio punto porcentual. También prevé una mayor inversión gracias a las disposiciones del proyecto de ley que permiten a las empresas amortizar íntegramente los gastos de capital.

Impulso al crédito

La inversión está impulsada en gran medida por el apetito por el riesgo, que es tanto psicológico como racional. Sin embargo, el Gobierno puede frenar o avivar ese apetito. Una supervisión laxa permitió que las hipotecas de alto riesgo alimentaran la burbuja inmobiliaria a principios de la década de 2000. A raíz de la crisis, las nuevas normas exigían a los bancos mantener más capital para cubrir las pérdidas por préstamos y efectivo para hacer frente a las salidas de fondos, lo que limitó su capacidad de concesión de préstamos. Desde que Trump asumió el cargo, los reguladores han tomado medidas para eliminar esas restricciones. El año pasado se flexibilizó un conjunto de normas, lo que permitió a los grandes bancos mantener más bonos del Tesoro. Los requisitos de capital están en vías de flexibilizarse. Se están eliminando las barreras a las fusiones bancarias y se ha reducido la aplicación de las leyes de financiación al consumo. Todo ello debería impulsar los préstamos.

Hace dos décadas, Fannie Mae y Freddie Mac, que avalaban billones de dólares en hipotecas residenciales, se cargaron de valores hipotecarios de riesgo, lo que les acarreó pérdidas masivas cuando estalló la burbuja inmobiliaria. Estuvieron a punto de quebrar, lo que obligó al Tesoro a tomar el control efectivo de estas empresas cuasiprivadas en 2008. Trump acaba de ordenar a Fannie y Freddie que compren 200.000 millones de dólares en bonos hipotecarios, lo que podría reducir los tipos hipotecarios entre 0,1 y 0,25 puntos porcentuales, según UBS, impulsando la compra de viviendas.

La Fed se podría sumar a la fiesta

La función de la Fed, como dijo el famoso expresidente William McChesney Martin, es aguar la fiesta justo cuando esta está en pleno apogeo. Cuando el crecimiento era fuerte y la especulación financiera rampante, la Fed subía los tipos de interés para frenar la inflación. Trump odia eso. Cree que el presidente de la Fed debería reforzar sus otras políticas económicas, en lugar de oponerse a ellas. "Quiero a alguien que, cuando el mercado vaya bien, pueda bajar los tipos de interés porque nuestro país se hace más fuerte", dijo el martes en Detroit. Por esa razón, ha hecho todo lo posible por intentar controlar la Fed, tratando de despedir a una gobernadora por supuestas declaraciones falsas sobre hipotecas y permitiendo ahora que su Departamento de Justicia investigue penalmente al presidente de la Fed, Jerome Powell, por el coste de la renovación de la sede de la Fed.

Powell parece decidido a permanecer en el cargo hasta el final de su mandato como presidente, en mayo. Los responsables de la Fed prevén ahora que los tipos bajen desde su rango actual del 3,5% al 3,75% en un cuarto de punto este año, lo que dejaría los tipos aproximadamente en un nivel "neutral", sin restringir ni estimular el crecimiento. Trump no quiere neutralidad, quiere estímulo, y se mantiene firme en que el próximo presidente recorte los tipos considerablemente. Sus dos principales candidatos, el asesor Kevin Hassett y el exgobernador de la Fed Kevin Warsh, están de acuerdo. Quizás no recorten hasta el 1%, como quiere Trump, pero cabe esperar una postura moderada por parte de ambos. Es probable que tengan noticias favorables sobre la inflación este año como justificación. Los efectos de los aranceles se están desvaneciendo, los precios del petróleo están bajando y el exceso de alquileres está haciendo bajar la inflación de la vivienda. Con la débil creación de empleo, los salarios tampoco están creciendo tan rápido. Los costes laborales, ajustados por la productividad, solo aumentaron un 1,2% en el año hasta el tercer trimestre.

Consecuencias

El impacto a corto plazo de abrir las compuertas fiscales, monetarias y crediticias es fácil de predecir: un rápido crecimiento. Pero si estimular la economía es tan gratificante, ¿por qué no lo hacen más presidentes y congresos? Debido a las consecuencias a largo plazo. Trump no ha llevado la deuda a su nivel actual, que supera el 100% del PIB, pero tampoco la está frenando. El aumento constante de la deuda empobrece a las generaciones futuras y conlleva el riesgo de una crisis de deuda. La flexibilización del crédito y la reducción de las regulaciones, cuando las valoraciones ya están al límite, podrían acabar provocando un colapso del mercado. No obstante, con la flexibilización de la Reserva Federal, no cabe esperar que los vigilantes del mercado de bonos castiguen los déficits presupuestarios ni que los mercados se desplomen. En cuanto a que el banco central se subordine a los demás objetivos del presidente, lo cierto es que eso también suele acabar mal. Simplemente, no apuestes por que el desenlace llegue este año.

*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo

La mayor parte de las veces, los presidentes no tienen mucha influencia en la economía, ya que esta es demasiado grande y compleja. Sin embargo, este año no será como la mayoría. El presidente Trump está tomando medidas sin precedentes para reactivar la economía, y hay muchas posibilidades de que lo consiga.

Donald Trump Wall Street Journal Economía
El redactor recomienda