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Los nuevos titanes de Wall Street no tienen nada que ver con los antiguos
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Los nuevos titanes de Wall Street no tienen nada que ver con los antiguos

Cambio de paradigma en Wall Street: la hegemonía de los bancos tradicionales ha sido desplazada por las firmas de capital privado y gestión de activos alternativos

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Que el último banquero de la vieja escuela que quede en la sala cierre la puerta al salir, por favor.

El pasado lunes por la noche, en un salón de baile abarrotado de Times Square, unos 2.000 asistentes se levantaron de sus asientos para aplaudir al último león de Wall Street, Marc Rowan, director ejecutivo de Apollo Global Management. Se trataba de la 50.ª cena de la UJA-Federation Wall Street, un evento emblemático de recaudación de fondos en Nueva York, que este año ha obtenido unos 57 millones de dólares, y en el que Rowan fue elogiado por su "liderazgo visionario" en los ámbitos de la filantropía y los negocios.

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Asistieron decenas de financieros de renombre, entre ellos Lloyd Blankfein, antiguo director ejecutivo de Goldman Sachs Group, junto con figuras destacadas de JPMorgan Chase, Morgan Stanley y Bank of America, pero el público se inclinó más hacia la nueva faceta de Wall Street, con la presencia del director de operaciones de Blackstone, Jon Gray; Marc Lipschultz, codirector ejecutivo de Blue Owl Capital, y Michael Arougheti, director ejecutivo de Ares Management, así como los directores ejecutivos de fondos de cobertura Dan Loeb, de Third Point, y Paul Singer, de Elliott Investment Management. En cierta medida, la cena supuso un paso más en el cambio de guardia en Wall Street, de los bancos tradicionales a las nuevas instituciones del mercado privado. La otra ejecutiva homenajeada esa noche fue Julie Solomon, codirectora de bienes raíces de Ares. Se trata de un cambio continuo de poder e influencia que las principales organizaciones benéficas comprenden muy bien, pues se han sumado a la tendencia, al menos en parte porque, como habría observado Willie Sutton, ahí es donde está el dinero.

Durante muchas décadas, el máximo objetivo en Wall Street ha sido ocupar un puesto de alto nivel en uno de los bancos comerciales o de inversión más grandes del país, como el comité de gestión de JPMorgan o una sociedad en Goldman Sachs. Era el símbolo del éxito definitivo, la llave de acceso a las altas esferas de la sociedad neoyorquina (y más allá) y el camino hacia la gran riqueza. Siguió siendo así incluso después de dos cambios importantes en el sector. En primer lugar, las empresas salieron a bolsa, sobre todo en los años setenta y ochenta: Bank of America y JPMorgan en el ámbito comercial, y los bancos de inversión Merrill Lynch, Morgan Stanley y, por último, Goldman Sachs en 1999. Y, en segundo lugar, los dos negocios comenzaron a converger, empezando por la desregulación de la administración Reagan y culminando en la agitación de 2008, cuando Lehman Brothers quebró y otras empresas fueron compradas (Bear Stearns por JPMorgan y Merrill Lynch por Bank of America) u obligadas a convertirse en sociedades de cartera bancaria (Goldman y Morgan Stanley).

El máximo objetivo en Wall Street ha sido ocupar un puesto de alto nivel en uno de los bancos comerciales o de inversión más grandes del país

Al mismo tiempo, los emprendedores estaban creando un universo financiero paralelo: en el capital riesgo, con empresas como Greylock, Sequoia Capital y Kleiner Perkins, creadas a finales de los años sesenta y principios de los setenta; fondos de cobertura como Bridgewater Associates, Elliott y Tudor Investment; y empresas de capital privado como KKR, Blackstone y Carlyle Group, todas ellas creadas entre mediados de la década de 1970 y mediados de la de 1980. Aunque estas empresas comenzaron siendo pequeñas, muchos de sus fundadores —algunos de los cuales siguen ocupando puestos de liderazgo— tenían una gran ambición y convirtieron sus compañías en gigantes mundiales que rivalizan con las empresas tradicionales de Wall Street.

En particular, el capital privado y su encarnación posterior, las empresas de activos alternativos —que están mucho menos sujetas a la supervisión reguladora que los bancos— se han convertido en elementos fijos de lo que ahora llamamos el sistema bancario en la sombra, tal y como predijo en un influyente y profético artículo, "The Remaking of Wall Street" (La remodelación de Wall Street), Andrew Tuch, profesor de Derecho de la Universidad de Washington. Tuch escribió que, si bien las empresas de capital privado podrían ser menos vulnerables financieramente que los antiguos bancos de inversión, sus fondos de crédito y sus operaciones de corretaje podrían "plantear preocupaciones de riesgo sistémico". "Las empresas de capital privado han podido expandirse al negocio de la intermediación bursátil, al crédito y a los seguros, simplemente porque pueden hacerlo. Nadie se lo impide", afirma Arthur E. Wilmarth Jr., profesor emérito de Derecho de la Universidad George Washington y experto en Derecho bancario y regulación financiera. "Han sustituido a los antiguos bancos de inversión".

[Image of the shadow banking system]

Foto: esta-accion-es-el-canario-en-la-mina-de-carbon

Sí, las cuatro grandes —JPMorgan Chase, Goldman, Morgan Stanley y Bank of America— siguen siendo formidables, pero en muchos casos han sido eclipsadas, sobre todo como máquinas de generar compensaciones, por sus homólogas del mercado privado y sus estructuras de comisiones multigeneracionales que crean riqueza. Estas grandes fortunas no solo las están amasando los fundadores de las empresas del mercado privado —nombres conocidos como los directores generales de fondos de cobertura Ken Griffin y Steve Cohen; Peter Thiel y Marc Andreessen en el capital riesgo; y Steve Schwarzman y Henry Kravis en el capital privado—, sino también por toda una nueva generación de ejecutivos, muchos de los cuales han acumulado más de 500 millones de dólares o incluso varios miles de millones en remuneraciones.

Para ayudar a cuantificar este cambio de generación, Barron's pidió a la consultora de remuneraciones Equilar que comparara la remuneración total del antiguo Wall Street con la del nuevo Wall Street. Equilar midió la cantidad de dinero ganada por los ejecutivos nombrados, o NEO (ejecutivos de alto nivel de una empresa que cotiza en bolsa, normalmente el director ejecutivo, el director financiero y otros tres o cuatro, cuya remuneración debe divulgarse en los documentos reglamentarios) en los cuatro grandes bancos de Wall Street, así como en ocho empresas de capital privado/activos alternativos que cotizan en bolsa (Apollo, Ares, Blackstone, Blue Owl, Carlyle, Hamilton Lane, KKR y TPG). A diferencia de casi todos los fondos de capital riesgo y de cobertura, la mayoría de las grandes empresas de capital privado cotizan en bolsa, lo que facilita la comparación entre iguales.

JPMorgan Chase, Goldman, Morgan Stanley y Bank of America siguen siendo formidables, pero en muchos casos han sido eclipsadas

Los datos reflejan la remuneración acumulada de cada ejecutivo desde 2006 (cuando la Comisión de Bolsa y Valores cambió las normas de información) y el valor de las acciones vendidas desde 2003 (cuando la SEC exigió la presentación electrónica de esta información), más el valor de sus participaciones actuales, que en muchos casos se han revalorizado enormemente. Estos son los datos: el NEO medio del grupo de capital riesgo/alternativo ha cobrado unos 2.300 millones de dólares, mientras que el NEO medio de los bancos tradicionales ha ganado 331 millones de dólares. Incluso si se excluyen tres fundadores de capital privado con remuneraciones elevadas: Steve Schwarzman, director ejecutivo y cofundador de Blackstone (35.000 millones de dólares), y Henry Kravis y George Roberts, cofundadores de KKR (ambos con 11.000 millones de dólares), el NEO medio de capital privado siguió ganando algo más de 1.000 millones de dólares.

También podemos obtener otra perspectiva al observar la remuneración total media de los dos grupos, que para los ejecutivos de las empresas tradicionales es de 133 millones de dólares, frente a los 376 millones de dólares de los ejecutivos de capital riesgo/alternativo (o 324 millones de dólares si se excluye a Schwarzman, Kravis y Roberts). Sigue siendo una gran diferencia. De los ejecutivos de bancos tradicionales que figuran en la lista, solo Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan Chase y el más exitoso de ese grupo, ha ganado más de 1.000 millones de dólares. ¿Quiénes son algunos de estos reyes de Wall Street? Encabezando la lista, después de Schwarzman, Kravis y Roberts, hay dos nombres cada vez más conocidos: Gray, director de operaciones de Blackstone (y cada vez más director ejecutivo en todo menos en el título), que se ha llevado a casa 7.600 millones de dólares, y Rowan, de Apollo, un banquero de inversión de la vieja escuela conocido por encabezar la destitución del presidente y del presidente del consejo de administración de su alma máter, la Universidad de Pensilvania, con 5.000 millones de dólares.

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Más allá de ellos figuran algunos multimillonarios que quizá sean menos conocidos, a pesar de haber contribuido a convertir estas empresas en las potencias que son hoy, como Michael Chae, director financiero de Blackstone, que anteriormente dirigió varias empresas operativas de la compañía y ha ganado 1.200 millones de dólares. Los codirectores generales de KKR, Scott Nuttall y Joseph Bae, amigos desde que se incorporaron a la empresa como analistas junior en 1996, han cobrado unos 3.700 millones de dólares cada uno. También está Jim Coulter, presidente ejecutivo y socio fundador de TPG, que ahora ayuda a dirigir las prácticas de inversión medioambiental y de impacto de la empresa. El director ejecutivo de TPG, Jon Winkelried, que trabajó en Goldman durante más de tres décadas antes de incorporarse a TPG hace diez años, también aparece. Michael Rees y Doug Ostrover, de Blue Owl, han ganado más de mil millones cada uno, al igual que el dúo de Ares, el director ejecutivo Michael Arougheti y Bennett Rosenthal, así como Scott Kleinman, copresidente de Apollo Asset Management, que en su día trabajó en Smith Barney (¿los recuerdas?).

Los datos de Equilar no miden el patrimonio neto de estas personas, por lo que no tienen en cuenta, por ejemplo, la inversión de Arougheti en los Baltimore Orioles de la Major League Baseball, ni los ranchos de Winkelried en Colorado. La lista de Equilar tampoco incluye a varios multimillonarios de alto perfil del sector del capital riesgo, como David Rubenstein, copresidente de Carlyle, y Tony Ressler, presidente ejecutivo de Ares, que ya no son NEO. La disparidad salarial entre el antiguo y el nuevo Wall Street también es evidente a medida que se desciende en la cadena alimentaria salarial. La empresa de inteligencia patrimonial Altrata ha analizado a unos 2.000 estadounidenses con un patrimonio neto superior a 30 millones de dólares que se identifican como pertenecientes al sector bancario y financiero. El patrimonio neto medio de los pertenecientes a un grupo de empresas tradicionales (JPMorgan, Bank of America, Morgan Stanley, Goldman Sachs, Wells Fargo, Citigroup y Bank of New York Mellon) es de 118 millones de dólares, mientras que el de los que se identifican como trabajadores de fondos de cobertura es de 142 millones; el de los de capital riesgo, de 151 millones; y el de los de capital privado, de 161 millones.

La disparidad salarial entre el antiguo y el nuevo Wall Street también es evidente a medida que se desciende en la cadena alimentaria salarial

Hay innumerables formas de medir el impacto de estas empresas del mercado privado en los mercados financieros, empezando por las empresas de capital privado estadounidenses, que emplean a 13,3 millones de trabajadores, que ganaron 1,1 billones de dólares en salarios y prestaciones. Empresas como el gigante del crédito privado Apollo son propietarias de cientos de hospitales en Estados Unidos. Blackstone y KKR tienen importantes inversiones en centros de datos y son propietarias de cientos de miles de unidades residenciales. A propósito de bienes raíces, "hubo un tiempo en que los socios de Goldman Sachs lo compraban todo; ahora son los del capital privado", dice Paul Brennan, uno de los principales agentes inmobiliarios de Douglas Elliman en los Hamptons, que ha vendido este año un par de propiedades de ocho cifras. Además, hay que tener en cuenta estas cifras: la capitalización bursátil combinada de las ocho empresas de capital privado/alternativo del estudio de Equilar es de unos 492.000 millones de dólares. Los activos totales gestionados por esas empresas ascienden a 4,67 billones de dólares. Y el mercado de crédito privado, dominado por las empresas alternativas, supera ahora los 1,5 billones de dólares. Todo ese dinero representa, en cierta medida, un coste de oportunidad para los bancos tradicionales.

"Los grandes bancos siguen ganando en fusiones y adquisiciones, asesoramiento y cobertura. Realmente no tienen competencia en ese ámbito", afirma John Arnholz, abogado especializado en valores ahora jubilado de Morgan Lewis. "Pero basta con ver las noticias: todas las historias tratan sobre lo que están haciendo Blackstone, Apollo y Ares". Las implicaciones de este reordenamiento van mucho más allá del funcionamiento de Wall Street y ahora se extienden a nuestra sociedad en general, ya sea en la política, los deportes o el entretenimiento. De hecho, la influencia de los banqueros en la sombra podría decirse que iguala o incluso supera a la de los banqueros tradicionales.

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Consideremos tres implicaciones del poder de las empresas del mercado privado en la educación superior. En primer lugar, las dotaciones universitarias, en particular las de la Ivy League, se han cargado de inversiones en capital riesgo, lo que les ha venido muy bien hasta ahora, cuando ha dejado de ser así. En segundo lugar, Marc Rowan, inversores de capital riesgo como Peter Thiel y gestores de fondos de cobertura como Bill Ackman y Leon Cooperman han criticado duramente a estas escuelas, ya que trabajan para imponer cambios en el liderazgo y el plan de estudios. Y en tercer lugar, las grandes ganancias que se obtienen en el capital privado permiten cada vez más a estas empresas contratar a los mejores y más brillantes en los campus universitarios.

Luego está la política. Antes, tantos ejecutivos de Goldman Sachs iban a trabajar a Washington que se le llamaba "Government Sachs". Ya no es así. Jerome Powell trabajó en Carlyle Group y otras empresas de capital privado antes de convertirse en presidente de la Reserva Federal. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, era gestor de fondos de cobertura, y Stephen Feinberg, cofundador de Cerberus Capital Management, es ahora subsecretario de Guerra. En cuanto a los fondos de capital riesgo, David Sacks es el zar de la inteligencia artificial y las criptomonedas de Trump, y, por si fuera poco, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, era inversor de capital riesgo. Vance, como recordaréis, trabajó para el buen amigo de Sacks, Thiel, que se ha convertido en un importante financiador del Partido Republicano, siguiendo los pasos de magnates de los fondos de cobertura como George Soros, en la izquierda, y Robert Mercer, de Renaissance Capital, en la derecha. Mientras tanto, a nivel estatal, Glenn Youngkin fue codirector ejecutivo de Carlyle antes de convertirse en gobernador de Virginia, y David McCormick, antiguo director ejecutivo del fondo de cobertura Bridgewater, es senador de los Estados Unidos por Pensilvania.

Antes, tantos ejecutivos de Goldman Sachs iban a trabajar a Washington que se le llamaba "Government Sachs"

Las incursiones del capital privado en el mundo del deporte, que antes eran escasas, se han convertido en una avalancha, y PitchBook ha identificado 74 equipos deportivos importantes de Norteamérica, valorados en 258.400 millones de dólares, con conexiones con el capital privado. Las cifras de PitchBook ni siquiera incluyen deportes como el lacrosse, la monta de toros, la Fórmula 1, la liga menor de béisbol, el fútbol bandera, el rugby, el voleibol, el waterpolo o incluso los deportes juveniles en los que ha invertido el capital privado. Inversores de capital privado como RedBird Capital Partners y Ares también han invertido o son propietarios de equipos de fútbol de renombre en España, Inglaterra, Francia e Italia. Los banqueros de Wall Street solían ser los antagonistas perfectos en la cultura popular. Ahora, los ejecutivos de capital privado desempeñan el papel de villanos o antihéroes en series como Billions y Succession, esta última con diálogos como el siguiente: "¿Sabes que todo el mundo te odia?", pregunta Kendall Roy. "Bueno, no, eso no es algo de lo que sea consciente", responde Stewy Hosseini con picardía. "El capital privado", continúa Kendall, "metiendo sus garras, sacando sus ganancias como un maldito vampiro".

Esta pequeña anécdota se cita en Derivative Media: How Wall Street Devours Culture, de Andrew deWaard, profesor de medios de comunicación y cultura popular en la Universidad de California en San Diego, quien, como se puede suponer (quizás junto con el autor de ese diálogo), no está muy contento con la llegada de los chicos del capital privado a Tinseltown. El libro de DeWaard incluye una tabla con dos docenas de ejemplos de empresas como KKR (Skydance, de David Ellison), Apollo (Legendary Entertainment) y Blackstone (Hello Sunshine) que han comprado participaciones en el negocio del cine. Mientras tanto, todas las grandes agencias de talentos, fundamentales para el funcionamiento de Hollywood —William Morris Endeavor, Creative Artists Agency (que ahora es propietaria de ICM Partners) y United Talent Agency— son propiedad de capital privado o tienen o han tenido grandes participaciones en sus negocios.

Foto: warren-buffett-perdurara-por-encima-de-la-ia

¿Qué ha atraído al capital privado a Hollywood? "Quizás es porque no quedan muchos lugares donde invertir", comenta DeWaard. "El cine, la televisión y la música popular se resistieron durante mucho tiempo a la financiarización, en parte porque se trata de un negocio complicado. Hay gente que gana mucho dinero en otros negocios y se va a Hollywood porque es una forma estupenda de gastar el dinero y asistir a fiestas". (Shhh, no se lo digas a los "limited partners"). Los ejecutivos de capital privado que buscan un final feliz para sus inversiones en el negocio del entretenimiento y, de hecho, en todas sus carteras, tendrían que reconocer que toda esta creación de riqueza llega en un momento en el que se está cuestionando el modelo de capital privado/alternativo. Críticos como Wilmarth, de George Washington, afirman que el ritmo actual de negociación no puede sostener el número de salidas necesarias para devolver el capital a los socios limitados.

"Los fondos de capital privado tienen una enorme deuda que están tratando de ampliar y ocultar, con fondos de continuación, acuerdos de pago de intereses en especie y préstamos sobre el valor neto de los activos para intentar devolver algo de dinero a los inversores", afirma Wilmarth. "Ahora están tratando de recurrir a los inversores minoristas porque los inversores institucionales están diciendo: 'Un momento, ¿dónde están todos esos rendimientos que nos prometieron? Nos habría ido mejor con un fondo del S&P 500'".

"Los fondos de capital privado tienen una enorme deuda que están tratando de ocultar"

Charley Ellis, analista de los mercados desde hace mucho tiempo y autor de The Partnership: The Story of Goldman Sachs, ya ha visto esta película antes. "O bien los bancos en la sombra se verán obligados a aceptar una mayor regulación, o bien, tarde o temprano, uno o varios de ellos se verán envueltos en un lío que agitará los mercados", declaró Ellis a Barron's en un correo electrónico. "Tarde o temprano, de una forma u otra, las probabilidades aumentan y crecen hasta que surgen problemas graves que afectan a los mercados de forma similar a como lo hicieron Lehman y Bear Stearns. El momento, la magnitud y todos los detalles no se conocerán de antemano, pero las probabilidades están al alza", afirma. Parece que ha llegado el momento de que Ellis escriba un nuevo libro. O, al menos, algunos capítulos nuevos.

*Contenido con licencia de Barron's. Traducido por Federico Caraballo

Que el último banquero de la vieja escuela que quede en la sala cierre la puerta al salir, por favor.

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