Alemania está convencida de que Rusia atacará la OTAN y tiene un plan de guerra secreto
Un proyecto clasificado muestra por qué las armas o el número de tropas por sí solos pueden no decidir el resultado de un conflicto más amplio entre Moscú y Occidente
Soldados alemanes en un ejercicio militar, en septiembre de 2025. (EFE/Filip Singer)
Hace aproximadamente dos años y medio, una docena de altos mandos alemanes se reunieron en un complejo militar con forma de triángulo en Berlín para trabajar en un plan secreto destinado a una guerra con Rusia. Ahora se apresuran a ponerlo en práctica.
La invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022 puso fin a décadas de estabilidad en Europa. Desde entonces, la región se ha embarcado en su mayor rearme militar desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Pero el resultado de una futura guerra no dependerá solo del número de tropas y armas en el campo de batalla. También dependerá del éxito de la monumental operación logística que constituye el núcleo del Plan de Operaciones Alemania, un documento clasificado de 1.200 páginas redactado tras los anodinos muros del cuartel Julius Leber.
El plan detalla cómo hasta 800.000 soldados alemanes, estadounidenses y de otros países de la OTAN serían conducidos hacia el este, hasta la línea del frente. En él se indican los puertos, ríos, ferrocarriles y carreteras por los que viajarían, y cómo se les abastecería y protegería durante el trayecto. "Mire el mapa", dice Tim Stuchtey, director del Instituto Brandenburg para la Sociedad y la Seguridad, una organización no partidista.
Con los Alpes formando una barrera natural, las tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte tendrían que cruzar Alemania en caso de un enfrentamiento con Rusia, añade, "independientemente de dónde pudiera comenzar". A un nivel superior, el plan es la manifestación más clara hasta la fecha de lo que sus autores denominan un enfoque "de toda la sociedad" hacia la guerra. Esta difuminación de la línea entre los ámbitos civil y militar supone un retorno a la mentalidad de la Guerra Fría, pero actualizada para adaptarse a las nuevas amenazas y obstáculos —desde la infraestructura decrépita de Alemania hasta una legislación inadecuada y un ejército más reducido— que no existían en aquella época.
Las autoridades alemanas han declarado que esperan que Rusia esté lista y dispuesta a atacar a la OTAN en 2029. Sin embargo, una serie de incidentes de espionaje, ataques de sabotaje e intrusiones en el espacio aéreo europeo, muchos de ellos atribuidos a Moscú por los servicios de inteligencia occidentales, sugieren que podría estar preparándose para golpear antes.
Los analistas también creen que un posible armisticio en Ucrania, que Estados Unidos ha impulsado esta semana, podría liberar tiempo y recursos para que Rusia prepare una acción contra los miembros de la OTAN en Europa. Si logran aumentar la resiliencia de Europa, los estrategas creen que no solo podrán garantizar la victoria, sino también reducir la probabilidad de una guerra. "El objetivo es prevenir la guerra dejando claro a nuestros enemigos que, si nos atacan, no tendrán éxito", afirma un alto mando militar y uno de los primeros autores del plan, conocido en los círculos militares como OPLAN DEU.
Las autoridades alemanas han declarado que esperan que Rusia esté lista y dispuesta a atacar a la OTAN en 2029
La magnitud del cambio que ahora se requiere quedó patente este otoño, en algún lugar de la campiña del este de Alemania. Allí, el contratista de defensa Rheinmetall instaló un campamento de campaña para 500 soldados, con dormitorios, 48 cabinas de ducha, cinco gasolineras, una cocina de campaña, vigilancia con drones y guardias armados seleccionados para evitar la influencia rusa y china. Se construyó en 14 días y se desmanteló en siete. "Imagínense construir una pequeña ciudad de la nada y desmantelarla en solo unos días", comenta Marc Lemmermann, jefe de ventas del negocio de logística de Rheinmetall. La empresa ha firmado recientemente un acuerdo de 260 millones de euros para reabastecer a las tropas alemanas y de la OTAN, como parte de los esfuerzos del ejército por incorporar en mayor medida al sector privado en el plan.
La operación de otoño también sacó a la luz varios defectos: según Lemmermann, el terreno no podía albergar todos los vehículos y estaba formado por parcelas no contiguas, lo que obligó a Rheinmetall a transportar a los soldados en autobús de un lugar a otro. Un ensayo general previo también reveló la necesidad de instalar un nuevo semáforo en un lugar concreto para aliviar los atascos cuando los convoyes militares se desplazan por el país. Estas lecciones se incorporan continuamente al OPLAN y sus anexos. El documento, alojado en la blindada "red roja" del ejército, se encuentra ahora en su segunda versión. Algunos de los mayores obstáculos a los que se enfrentan los estrategas militares alemanes son intangibles: engorrosas normas de adquisición, onerosas leyes de protección de datos y otras regulaciones forjadas en una época más pacífica. La ejecución del plan requiere un cambio de mentalidad, borrar los hábitos de casi toda una generación. "Debemos volver a aprender lo que hemos desaprendido", afirma Nils Schmid, viceministro de Defensa. "Tenemos que sacar a la gente de su jubilación para que nos cuente cómo lo hacíamos entonces".
Un accidente preocupante
El tramo de carretera de la autopista federal A44 entre los pueblos de Steinhausen y Brenken, en el oeste de Alemania, ofrece una metáfora de cómo Europa ha bajado la guardia en las últimas cuatro décadas de paz, y de lo que se necesitaría para volver a subirla. A diferencia de otras partes de la autopista, la mediana de este tramo de cinco kilómetros no es de césped, sino de sólido asfalto. Las áreas de descanso son inusualmente grandes y tienen formas extrañas. No hay pasos elevados ni cables eléctricos a la vista. Durante la Guerra Fría se construyeron docenas de tramos de este tipo para utilizarlos como pistas de aterrizaje de emergencia. Bajo las zonas de aparcamiento se enterraron depósitos de queroseno y las barreras de seguridad se podían desmontar y se podía instalar una torre de control móvil en cuestión de minutos.
Las llamadas infraestructuras de doble uso eran la norma en Alemania durante este periodo. Al igual que el servicio militar obligatorio significaba que la vida civil y la militar estaban íntimamente conectadas, las autopistas, los puentes, las estaciones de tren y los puertos se diseñaron para servir como activos militares en caso de necesidad. Pero la Guerra Fría terminó, al igual que la necesidad de infraestructuras de doble uso. Los túneles y puentes construidos después a menudo son demasiado estrechos o endebles para transportar convoyes.
Además, en 2009, Berlín eliminó los requisitos de señalización que indicaban los vehículos militares que las carreteras podían soportar. Ni siquiera las infraestructuras de la época de la Guerra Fría son siempre aptas para su uso. Berlín estima que el 20 % de las autopistas y más de una cuarta parte de los puentes de autopistas necesitan reparaciones debido a la falta crónica de inversión. Los puertos alemanes del mar del Norte y del mar Báltico necesitan obras por valor de 15.000 millones de euros, incluidos 3.000 millones para mejoras de doble uso, como el refuerzo de los muelles, según la federación de puertos marítimos alemanes.
Esta irregularidad limitaría la libertad de movimiento del ejército en caso de guerra. Los puntos críticos en el mapa de movilidad militar se encuentran entre los secretos mejor guardados del plan. "Esto provoca desvíos, retrasos y pone en peligro vidas", afirma Jannik Hartmann, investigador asociado del Colegio de Defensa de la OTAN en Roma y experto en movilidad militar. Un incidente reciente, poco divulgado pero trascendental, subraya el problema. La noche del 25 de febrero de 2024, el "Rapida", un buque de carga con bandera holandesa, embistió un puente ferroviario sobre el río Hunte, en el noroeste de Alemania, interrumpiendo el tráfico ferroviario. La empresa ferroviaria Deutsche Bahn construyó un puente provisional que se inauguró dos meses después, pero que fue embestido por otro barco en julio, lo que interrumpió de nuevo el tráfico durante otro mes.
Aunque solo aparecieron en las noticias locales, los incidentes pusieron en alerta a la OTAN. La razón: el puente se encontraba en la única conexión ferroviaria que daba servicio al puerto de Nordenham, en el mar del Norte, la única terminal del norte de Europa con licencia en ese momento para gestionar todos los envíos de municiones a Ucrania. En ninguno de los dos casos los responsables de seguridad encontraron indicios de juego sucio. Aun así, el suministro de municiones se vio interrumpido durante semanas y parte de la carga tuvo que volver a subirse a los barcos. El alto mando militar estadounidense en Europa se vio obligado a trasladar los envíos a un puerto polaco, según un informe del Departamento de Defensa de EEUU al Congreso. "Muchos puertos solo tienen una ruta ferroviaria hacia el interior", afirma Holger Banik, director general de Niedersachsen Ports, empresa propietaria de varios puertos en Baja Sajonia. "Es un punto débil".
A corto plazo, mejorar la resiliencia significa aprovechar al máximo las redes de carreteras y ferrocarriles existentes. A largo plazo, Berlín pretende invertir 166.000 millones de euros hasta 2029 en infraestructuras, incluidos más de 100.000 millones de euros en las vías férreas, que llevan mucho tiempo abandonadas, y dar prioridad a las infraestructuras de doble uso.
Salidas de guion
El largo esfuerzo por volver a preparar a Alemania para la guerra comenzó días después de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022, cuando el canciller alemán Olaf Scholz anunció un fondo de rearme de 100.000 millones de euros y calificó la decisión como una "Zeitenwende", o cambio de época. Ese mismo año, el ejército alemán, conocido como la Bundeswehr, creó un mando territorial para dirigir todas las operaciones en territorio nacional y encargó a su comandante, el teniente general André Bodemann, veterano de Kosovo y Afganistán, la elaboración del OPLAN. En una guerra con Rusia, Alemania ya no sería un estado de primera línea, sino un campo de operaciones. Además de una infraestructura degradada, tendría que hacer frente a un ejército reducido y a nuevas amenazas, como los drones.
"Los refugiados y los refuerzos llegarían en masa desde direcciones opuestas. Sería necesario canalizar los flujos, algo que la Bundeswehr no puede hacer por sí sola, especialmente mientras está luchando", explica Claudia Major, directora de iniciativas de seguridad transatlántica del German Marshall Fund of the United States. Esto significa que el ejército tendría que colaborar con el sector privado y las organizaciones civiles a una escala sin precedentes.
En marzo del año pasado, basándose en las opiniones de un círculo cada vez más amplio de ministerios, organismos gubernamentales y autoridades locales, el equipo de Bodemann completó la primera versión del plan. Había llegado el momento de ponerlo en práctica. Mientras el nuevo Gobierno de Merz anunciaba a bombo y platillo un plan de gasto en defensa de 500.000 millones de euros y el retorno al servicio militar obligatorio este año, la Bundeswehr trabajaba discretamente, informando a hospitales, policía y agencias de ayuda en caso de catástrofes, llegando a acuerdos con los estados y el administrador de las autopistas y trazando rutas de tránsito para los convoyes militares.
En una guerra, Alemania ya no sería un estado de primera línea, sino un campo de operaciones
A finales de septiembre, se llevó a cabo un ejercicio militar denominado Red Storm Bravo en la ciudad-estado septentrional de Hamburgo para ensayar la cooperación entre el ejército alemán y la policía, los bomberos y las unidades de protección civil. El simulacro consistía en un OPLAN en miniatura puesto en práctica: 500 soldados de la OTAN desembarcarían en el puerto para formar un convoy de 65 vehículos que se dirigiría hacia el este a través de la ciudad. Tendrían que repeler los intentos de bloquear el puerto, los ataques con drones y las protestas. Desembarcando al atardecer, en medio del aroma de plátanos demasiado maduros que emanaba de un almacén de fruta cercano, los soldados camuflados se reunieron en silencio en el muelle, con helicópteros sobrevolando la zona. Poco antes de medianoche, el convoy partió hacia la ciudad. Entonces las cosas empezaron a salirse del guion.
Un convoy siempre se mueve como un bloque: una vez que cruza una intersección, no se detiene, sea cual sea el color del semáforo. Ningún vehículo civil debería poder colarse en él. Sin embargo, cuando la columna atravesó el puesto de control, los oficiales que se encontraban en los laterales se empezaron a poner nerviosos por los largos espacios entre los vehículos. Más tarde, un dron negro que zumbaba sobre sus cabezas causó una breve agitación antes de que alguien confirmara por radio que era del ejército alemán. Entonces, los manifestantes saltaron de los arbustos y se pegaron con pegamento a la carretera, delante de los vehículos. El incidente formaba parte del simulacro y los manifestantes eran reservistas. Los soldados no podían intervenir. La policía, que sí podía, no disponía de los disolventes necesarios para despegar a los manifestantes de pega. Los vehículos tardaron dos horas en volver a arrancar. Para entonces, ya era de madrugada y el convoy había recorrido un total de nueve kilómetros y medio.
Aumento de los sabotajes
Las deficiencias de la legislación en tiempos de paz también han dificultado que Alemania se proteja contra los sabotajes, una de las mayores amenazas a las que se enfrenta el OPLAN. Estos sabotajes ya se están produciendo. En los últimos años se han perpetrado decenas de ataques contra el sistema ferroviario, desde incendios provocados hasta vandalismo contra cables. En octubre, un tribunal de Múnich condenó a prisión a un hombre por planear sabotajes contra instalaciones militares e infraestructuras ferroviarias en nombre de Rusia. Esta semana, Polonia ha afirmado que Rusia está detrás de una explosión que ha dañado las vías férreas en el este del país. Las agencias de inteligencia nacionales alemanas han declarado que solo el año pasado realizaron casi 10.000 comprobaciones de antecedentes de empleados de operadores de infraestructuras críticas.
"Si Alemania va a ser el centro neurálgico de la OTAN, entonces, como enemigo, yo querría atacar ese objetivo: bloquear los puertos, cortar el suministro eléctrico, interrumpir el servicio ferroviario", afirma Paul Strobel, director de relaciones públicas de Quantum Systems, un fabricante de drones de vigilancia respaldado por Peter Thiel que está en conversaciones con el ejército alemán para proporcionar protección a los convoyes y las infraestructuras para el OPLAN. Quantum Systems, una de las startups de defensa más grandes y exitosas de Alemania, ha entregado cientos de drones a Moldavia y Rumanía y tiene miles volando en Ucrania todos los días, según Strobel. Sin embargo, hasta ahora solo ha vendido 14 al ejército alemán.
Uno de los principales culpables es la anticuada legislación. Los drones vendidos al ejército alemán no pueden volar sobre zonas urbanizadas y la ley también exige que tengan luces de posición. "Esto tiene sentido en el uso civil, pero frustra su propósito en un entorno militar", señala Strobel. El ejército alemán se muestra optimista sobre su progreso. "Teniendo en cuenta que empezamos de cero a principios de 2023, estamos muy contentos con el punto en el que nos encontramos hoy", afirma el oficial y coautor de OPLAN. "Se trata de un producto muy sofisticado". No obstante, como han demostrado las recientes pruebas de estrés, aún queda trabajo por hacer para que el plan y la realidad coincidan. La mayor incertidumbre a la que se enfrentan los responsables de la planificación es de cuánto tiempo disponen. Dado el fuerte aumento de los sabotajes, los ciberataques y las intrusiones en el espacio aéreo, la diferencia entre la paz y la guerra parece cada vez más difusa. "Las amenazas son reales", declaró el canciller Friedrich Merz a los líderes empresariales en septiembre. "No estamos en guerra, pero ya no vivimos en tiempos de paz".
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
Hace aproximadamente dos años y medio, una docena de altos mandos alemanes se reunieron en un complejo militar con forma de triángulo en Berlín para trabajar en un plan secreto destinado a una guerra con Rusia. Ahora se apresuran a ponerlo en práctica.