El modelo de las "startups" de Silicon Valley fomenta la estrategia de "fingir hasta conseguirlo": fingir tener éxito para atraer a los programadores, los inversores de capital riesgo y los clientes que aportan el éxito real. La inteligencia artificial ha llevado esta idea al extremo, y los inversores se están dando cuenta. El problema radica en un defecto básico del enfoque actual: proporcionar servicios de IA cuesta más de lo que pagan los clientes, por lo que cuantos más clientes atraen las empresas, más pierden.
La esperanza es que, al centrarse en el número de clientes, cada uno de ellos subvencionado por los accionistas, las empresas puedan crear un círculo virtuoso. El aumento del uso de la IA entusiasma a los inversores, que aportan más dinero y elevan la valoración de la empresa. Esto permite a las empresas contratar programadores, pagados en parte con acciones, para subvencionar a más clientes y, lo que es más importante, invertir mucho en la infraestructura que esperan que, con el tiempo, les permita desarrollar mejores productos por los que los clientes pagarán el precio completo. ¡Voilà! La simulación conduce al éxito, y todos los involucrados salen ganando. El problema es que los inversores ya se han dado cuenta de lo que está pasando. Es posible que lleguen a la conclusión de que no quieren pagar los elevados costes necesarios para llegar a un punto final profundamente incierto. La caída de las acciones de infraestructura de IA este mes muestra que la cautela se está imponiendo.
Dos acontecimientos de esta semana ilustran el empeoramiento del entorno para la IA. En primer lugar, Nvidia y Microsoft se han comprometido a invertir 15.000 millones de dólares entre ambas en Anthropic, el segundo mayor desarrollador de modelos de lenguaje. A cambio, esta última se ha comprometido a comprar 30.000 millones de dólares en capacidad informática a Microsoft, utilizando chips de Nvidia. Este tipo de acuerdo circular habría provocado un buen repunte en todas las acciones implicadas en el pasado, pero el miércoles, nada.
La caída de las acciones de infraestructura de IA este mes muestra que la cautela se está imponiendo
En segundo lugar, los resultados de Nvidia, mejores de lo esperado, fueron aclamados por muchos inversores y comentaristas como prueba de que no existe una burbuja de IA, y las acciones subieron más de un 5 % el jueves por la mañana, mientras que las acciones de menor tamaño relacionadas con la IA se dispararon. Solo hubo que esperar hasta esa tarde para que la gente se diera cuenta de que el argumento era absurdo. Es cierto que Nvidia está vendiendo muchos chips, pero eso es una parte esencial del gasto en infraestructura en la fase de simulación, y si hay una burbuja, eso es exactamente lo que cabría esperar. Las acciones cerraron a la baja, con una enorme oscilación de precios que no se veía desde la venta masiva de abril por los aranceles.
Nada de esto ayuda a la venta masiva paralela de acciones populares entre los operadores individuales, muchos de los cuales se están viendo afectados por las pérdidas en las criptomonedas o por las esperanzas cada vez más débiles de una bajada de tipos en diciembre por parte de la Reserva Federal. La psicología de los operadores cambió el jueves de "comprar en la caída" a "vender en la subida", lo que es perjudicial para los mercados, especialmente cuando el impulso alcista se convierte en bajista. Sin embargo, el núcleo del debate sobre la IA es si todo el gasto en chips e investigación acabará generando beneficios lo suficientemente grandes como para justificar los enormes desembolsos.
Los mercados están pasando de considerar la respuesta como un "sí" obvio a mostrarse un poco más cautelosos. No parece que hayan llegado a la conclusión de que la respuesta sea "no": las acciones de Nvidia siguen subiendo un tercio este año, las de Microsoft un 14 % y las de CoreWeave, empresa dedicada a la criptografía en la nube, casi un 80 % desde su salida a bolsa en marzo. El S&P 500 solo ha bajado un 4,6 % desde su máximo intradía del mes pasado, lo que no es nada inusual. Se trata más bien de un cambio en el calendario. Los inversores están menos dispuestos a realizar grandes inversiones ahora con la esperanza de que en un futuro lejano dispongamos de máquinas verdaderamente inteligentes capaces de superar a los humanos. Están más interesados en encontrar formas de ganar dinero con la IA a corto plazo. Esta es una de las razones por las que Alphabet, que se ha centrado en las ventas corporativas de productos existentes, ha sido prácticamente inmune a la venta masiva.
Los inversores quieren un poco menos de cuentos y algo más de cuentas, lo que supone una mala noticia para aquellos que se centran en grandes esperanzas para un futuro lejano, como Meta Platforms u OpenAI, y para aquellos que les venden centros de datos. No obstante, al menos hasta ahora, no se trata del estallido de la burbuja de la IA.
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
El modelo de las "startups" de Silicon Valley fomenta la estrategia de "fingir hasta conseguirlo": fingir tener éxito para atraer a los programadores, los inversores de capital riesgo y los clientes que aportan el éxito real. La inteligencia artificial ha llevado esta idea al extremo, y los inversores se están dando cuenta. El problema radica en un defecto básico del enfoque actual: proporcionar servicios de IA cuesta más de lo que pagan los clientes, por lo que cuantos más clientes atraen las empresas, más pierden.