Retrato a las burbujas financieras: menos comunes de lo que se cree y no necesariamente malas
Las burbujas y las caídas del mercado se prestan para grandes historias de terror, pero se ha demostrado que son muy poco frecuentes y que las consecuencias no son del todo negativas
La evolución de las bolsas a través de ordenadores. (WSJ)
Las burbujas ocupan un lugar importante en nuestra comprensión histórica de los mercados financieros. Son memorables. Son pintorescas. Dan miedo. Plantean preguntas sobre la psicología de los inversores y la locura de las masas. En los buenos tiempos, nos preocupa si nos veremos envueltos en la próxima gran burbuja. Sin embargo, si observamos las burbujas financieras desde 1790, vemos que son mucho menos frecuentes de lo que se cree y que no son necesariamente negativas.
En mi investigación sobre más de un siglo de rendimientos bursátiles mundiales, he buscado la frecuencia con la que se producen las burbujas. Las he definido como una rápida duplicación de los precios de las acciones seguida de una caída que devolvía todas o más de las ganancias durante el año siguiente o los cinco años siguientes. Al analizar todos esos posibles periodos de cinco años, las burbujas solo se produjeron en menos del 0,5 % de ellos. Pero la gente no percibe que las burbujas se produzcan con tan poca frecuencia. En la investigación que he realizado con Robert Shiller y Dasol Kim, hemos llevado a cabo encuestas mensuales a inversores de EEUU durante los últimos 25 años, preguntándoles sobre posibles caídas del mercado. Por lo general, estimaban que la probabilidad de una caída catastrófica en los siguientes seis meses era del 10 % al 20 %, mucho mayor de lo que sugiere la historia. (Es cierto que la crisis financiera de 2008-2009 se produjo durante nuestro periodo de muestra y, como es lógico, aterrorizó a la mayoría de los ahorradores).
Ha habido algunos días aparentemente catastróficos en los que el mercado cayó precipitadamente. Pero no tantos como se podría pensar. Desde 1887, solo ha habido cuatro casos en los que el Dow Jones Industrial Average ha caído más de un 10 % en un solo día, y dos de ellos fueron durante la gran crisis de 1929. La historia de las burbujas y las espectaculares caídas estadounidenses podría llevar a pensar que el mercado de valores es un lugar peligroso, que es mejor dejar en manos de expertos o de aquellos con estómagos de acero.
La gente no percibe que las burbujas se produzcan con tan poca frecuencia
Sin embargo, uno de los mayores errores que puede cometer un inversor es basarse en unos pocos episodios históricos llamativos e ignorar los largos intervalos que hay entre ellos: la secuencia de ganancias tranquilas que han obtenido los mercados bursátiles a lo largo de las décadas y siglos de su existencia. Un estadístico te dirá que cuanto menor sea tu muestra de datos, menos fiable será para hacer previsiones, sobre todo cuando la muestra se elige precisamente porque es interesante.
Y, de hecho, los investigadores han descubierto que, desde 1900, un inversor estadounidense a largo plazo que se mantuviera fiel a una cartera de acciones diversificada en los mercados mundiales obtendría una rentabilidad de alrededor del 9,5 % anual, a pesar de la crisis de 1929, la Gran Depresión, la caída de más del 20 % en un solo día del S&P en 1987, el estallido de la burbuja puntocom o la crisis del Covid.
Hacia un nuevo territorio
Si bien es cierto que la primera burbuja bursátil de la historia de EEUU se produjo mucho antes que cualquiera de esas famosas crisis, de hecho, ocurrió casi 200 años antes de la gran caída de 1929. Tuvo que ver con el territorio de Luisiana, que todavía estaba en manos francesas. La corona fundó una empresa, la Compagnie des Indes o Compañía del Misisipi, para desarrollar esa vasta extensión de tierra. En 1719, las acciones de la empresa comenzaron a dispararse, subiendo más del 1000 % en pocos meses. Inversores grandes y pequeños aprovecharon la oportunidad para comprar acciones en la prometedora economía del continente norteamericano. No solo fue la primera burbuja bursátil en EEUU, sino que también se convirtió en el primer fenómeno bursátil internacional. En toda Europa, los imitadores se apresuraron a ofrecer acciones de empresas similares, con el fin de crear sus propias modas. Sin embargo, los buenos tiempos no duraron mucho. A mediados de 1720, todas esas burbujas estallaron. La Compagnie des Indes sobrevivió, al igual que otras empresas emergentes, pero muchas otras no lo hicieron.
Evidentemente, fue una lección de advertencia: por primera vez, la gente se dio cuenta de que los mercados bursátiles podían acabar con gran parte de la riqueza que existía sobre el papel. No obstante, los inversores también aprendieron otra lección: a pesar de todos los riesgos, los mercados bursátiles podían hacer muy rico a cualquiera. El término "millonario" se acuñó durante esta crisis y, aunque terminó en desastre, la inversión en bolsa se hizo mucho más popular después de la burbuja de Misisipi.
El lunes negro de 1929
La caída bursátil más famosa de Estados Unidos se produjo el 28 de octubre de 1929, el "lunes negro". Aunque las acciones existían desde hacía mucho tiempo, la inversión en renta variable había estado en calma durante algún tiempo antes de los locos años veinte. Las consecuencias económicas de esa desastrosa burbuja son muy conocidas. Sin embargo, los mercados bursátiles de la década de 1920 tuvieron un efecto menos notorio, pero igualmente importante, en la sociedad estadounidense. Todo ese dinero de los inversores permitió grandes avances en los automóviles, los viajes aéreos, los electrodomésticos y mucho más.
Consideremos el caso de Radio Corp. of America, o RCA. En la década de 1920, la empresa lideró una revolución en las comunicaciones, creando redes de radiodifusión y trabajando para que las radios y los fonógrafos se convirtieran en los nuevos centros de los hogares estadounidenses. Al principio, su precio estaba a la altura de sus promesas. Las acciones de RCA, que en enero de 1926 cotizaban a 43 dólares, alcanzaron un máximo de 568 dólares en septiembre de 1929. Luego vino la caída y, en 1932, las acciones se habían desplomado hasta los 15 dólares.
Una caída en línea
Entre 1929 y finales del siglo XX se produjeron importantes auges y caídas. El más notable fue el peor día de la historia del mercado bursátil de EEUU, el 19 de octubre de 1987, cuando el S&P 500 cayó un 20,4 %. Pero una de esas crisis, relacionada con la burbuja de las puntocom de finales de la década de 1990, tuvo un paralelismo inquietante con la burbuja de la década de 1920. Al igual que aquel frenesí bursátil anterior, la burbuja puntocom se vio impulsada por cambios tecnológicos radicales que prometían transformar el mundo. De hecho, las acciones de las nuevas tecnologías tenían su propio mercado, el Nasdaq, una red de distribuidores moderna e independiente que atendía a las empresas emergentes. Atrajo a Apple, Microsoft, Oracle, Cisco Systems y Amazon.com, algunas de las empresas más influyentes de la revolución tecnológica.
Cuando la burbuja puntocom estalló en marzo de 2000, el Nasdaq cayó casi un 78 % desde su máximo. Muchas de las empresas más exitosas de la época se desplomaron más de un 90 % y desaparecieron gran parte de las puntocom. Sin embargo, las que sobrevivieron ayudaron a encabezar una revolución tecnológica radical que sigue cambiando nuestras vidas económicas, personales y sociales en la actualidad.
La revolución online incluso dio lugar a un nuevo tipo de dinero. El bitcoin fue una invención del desconocido Satoshi Nakamoto: una moneda digital comunitaria y descentralizada concebida como alternativa a un sistema financiero centralizado y aparentemente vulnerable. A finales de 2014, el bitcoin se había disparado desde valores de un solo dígito en dólares hasta un máximo superior a los 1.000 dólares, para luego desplomarse por debajo de los 170 dólares al año siguiente. En 2025, el bitcoin cotiza entre 74.000 y 124.000 dólares, aproximadamente entre 270 y 450 veces más que sus mínimos de 2014, aunque no llega a 125 veces su precio en el pico de 2014.
¿Es posible evitar las burbujas? Adivinar en tiempo real si el auge del mercado bursátil va a colapsar es muy difícil, pero tal vez podamos recurrir a la última moda en inversiones, una nueva tecnología revolucionaria que promete cambiar casi todo en la sociedad. Las IA se entrenan, en teoría, con la suma de todo el conocimiento de la web. Seguramente serán capaces de averiguar cuándo se producirá la próxima caída, siempre y cuando no se vuelvan lo suficientemente inteligentes y autónomas como para explotar el mercado en su propio beneficio.
*Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido por Federico Caraballo
Las burbujas ocupan un lugar importante en nuestra comprensión histórica de los mercados financieros. Son memorables. Son pintorescas. Dan miedo. Plantean preguntas sobre la psicología de los inversores y la locura de las masas. En los buenos tiempos, nos preocupa si nos veremos envueltos en la próxima gran burbuja. Sin embargo, si observamos las burbujas financieras desde 1790, vemos que son mucho menos frecuentes de lo que se cree y que no son necesariamente negativas.